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La ‘misión técnica’ y la ‘miopía endémica’ que Borrell impone para evaluar a Venezuela

La oposición falsaria de Capriles, López y Guaidó debe dejarse morir
El Alto Representante de la Unión Europea para Política Exterior, Josep Borrell.

Podría resultar cansón para algunos, pero debo repetirlo, hasta el cansancio: es imposible evaluar la situación en Venezuela si se considera al chavismo una fuerza política y no una organización criminal. Es imposible, en consecuencia, esperar soluciones al caso venezolano a través de acciones políticas y no policiales y militares. Y por consiguiente, quien evalúe la situación y aún así se empeñe en vender como posible una solución política, es reo de complicidad.

Sobre Borrell entonces poco habría que decir, si se leen sus declaraciones anunciando una visita técnica a Venezuela para constatar lo que desde cualquier parte del mundo un ciudadano bien informado conoce: que en el país caribeño una casta criminal se mantiene en el poder gracias al control militar del país, al secuestro de las instituciones y al fraude electoral sistemático. Porque es bueno recordar que el “Socialismo del siglo XXI” es inviable sin fraude electoral y sin violencia, donde quiera que se desarrolle. 

Véase a Nicaragua o a Perú en este momento y entiéndase la estafa que pretende colar el socialista Borrell hablando de una “posible apertura política” en la Venezuela destruido y sojuzgada por el chavismo.

¿Apertura política o imposición del sistema?

Fue un poeta y músico como Juan Luis Guerra y no un político o teórico quien definió a Hispanoamérica, a partir de la definición de su país República Dominicana: “Somos un agujero en medio del mar y el cielo, quinientos años después”.  

Y eso quizás pueda completarse con una que otra teoría sobre nuestros países. Sinceramente, soy de los que creen que nuestro problema radica en el hecho de que nunca dejamos de ser súbditos de un sistema colonial autocrático. Anclados en 1810, no hicimos el tránsito obligatorio de súbditos a ciudadanos y todavía estamos constituyendo la Junta Conservadora de los derechos de Fernando VII, gritando contra Napoleón y exigiendo nuestro monopolio de exportación. Así, ante la ausencia, ante el abandono del monarca, intentamos seguir siendo súbditos pero de un caudillo, de un taita, de un benemérito, de un tiranuelo, capitán de montonera, coronel de guerrillas, etc. 

El caudillismo entonces termina convirtiéndose en la base de los principales movimientos políticos de arraigo profundo en la región. Desde el peronismo argentino hasta el aprismo peruano, pasando por la “revolución mexicana” de Pancho Villa convertida en “dictadura perfecta” con el PRI, pasando por el sandinismo, el castrismo, el gomecismo en Venezuela o el alfarismo en Ecuador. Así, hasta llegar a las expresiones más recientes del mismo m al, donde brillan el chavismo, el fujimorismo y hasta el uribismo, donde se impone la palabra santa de un caudillo que, queriéndolo o no, pretende imponerse sobre el sistema poniendo sus propias reglas.

El chavismo es la degeneración del modelo o simplemente el caudillismo iberoamericano clásico en fase de descomposición. O simplemente un caudillismo criminalizado. Y con esteroides.

Pero Borrell se hace el que no lo sabe. Y vende además, de forma fraudulenta, una supuesta apertura que en realidad solo es oportunidad para algunos. ¿De cuál apertura política habla Borrell cuando hay más de trescientos presos políticos, el último de ellos un activista defensor de los derechos humanos que denunció las matanzas que las FARC realizan en el territorio venezolano, con la venia del régimen? ¿De cuál apertura habla Borrell, en un país donde cinco años después el fiscal general de la República se desdice y acepta que, en efecto, el concejal opositor Fernando Albán no se suicidó lanzándose desde el piso diez del edificio del infame SEBIN sino que fue lanzado por sus verdugos, hasta el día de hoy impunes?

¿Soportaría el señor Borrell hacer política en un sistema en el que por oponerse, podrían molerlo a palos y torturas hasta presentarlo moribundo ante el juez, como hizo el chavismo con el oficial insurgente Rafael Acosta Arévalo, mártir patriota? 

¿Puede hablar de apertura Borrell conociendo los detalles del asesinato de quince combatientes contra el régimen dirigidos por el oficial policial Oscar Pérez, quienes fueron asesinados a cañonazos dentro de una vivienda, después de rendirse?

No. Borrell no es cándido. No es un despistado. Es un cómplice del régimen criminal chavista y como tal debe ser tratado.

La coartada falsaria

Pero por supuesto que Borrell contestará que a él solo lo mueven las buenas intenciones, después de conocer la opinión de “la oposición” y sobre todo, de uno de sus principales líderes falsarios, Henrique Capriles. 

Pero volvemos a los conceptos iniciales. Ya hemos dicho que si alguien plantea jugar contra el chavismo políticamente y de paso dentro de sus reglas, es cualquier cosa menos opositor. En el caso particular de Capriles, estamos hablando de un reo de falsía política con suficientes demostraciones en su contra.

En principio, es uno de los padres de la capitulación ante la imposición de la usurpación que arrancó en 1999 con la sentencia de la Corte Suprema de Justicia que permitía el proceso constituyente que Chávez enarbolaba. Dicha sentencia es absolutamente inconstitucional, pero la Corte estaba entregada a la traición y a la sedición. Y al permitir la usurpación vía Asamblea Constituyente, de forma irregular clausuraron el Parlamento. Quien presidía la Cámara de Diputados era Capriles, quien en vez de defender la institución, se fue a su casa a preparar su candidatura a la alcaldía de un rico municipio capitalino.

Ese punto en su prontuario falsario debería ser suficiente, pero no. Luego fue uno de los operadores de la imbecilidad política que perdió el proceso de transición del 11 de abril de 2002, cuando la ciudadanía se volcó a la calle y obligó a Chávez a dimitir. Lo que logró la gente, lo echaron por tierra los politiqueros del partido Primero Justicia de Capriles. Y Chávez regresó. 

Luego, cuando el chavismo le permitió ganar la gobernación del estado Miranda con el sistema electoral fraudulento hecho a la medida del régimen y sus intereses, el señor se dedicó a financiar a la oposición que lo haría su candidato, dos veces, a la presidencia. En las dos ocasiones fue financiado por la brasileña Odebrecht, financiamiento ventilado en el juicio en Brasil y donde el presidente de la empresa en Venezuela Euzenando Azevedo indicó que en las elecciones contra Maduro, la empresa le dio a Capriles quince millones de dólares. Obviamente, ese financiamiento logró por un lado, que Capriles indicara que él era socialista pero no como Chávez sino como Lula. 

Por el otro lado, logró que su reclamo por el fraude electoral que Maduro cometió, durara solo dos días. Al tercer día, llamo a la ciudadanía a irse a casa y “bailar salsa” mientras Maduro se juramentaba. Sus palabras están grabadas y no es necesario mentir al respecto.

Después de ese desgraciado papel, el señor Capriles fue como si nada a “dialogar” un año después con Maduro en el palacio de gobierno. Hasta la mano se dieron. Todo para acallar las protestas de calle que en año 2014 iniciaron el ciclo de presos políticos, exiliados y perseguidos que hasta el día de hoy no acaba, a pesar de las declaraciones de Borrell.

Hoy, Capriles propone volver al redil electoral de cuyo carácter fraudulento el conoce muy bien. Esto no solo lo hace cómplice, sino lo convierte en perpetrador directo del crimen de lesa patria que significa permitirle al régimen vender al mundo que hay una apertura a la democracia o una democracia plena porque se hacen elecciones donde una supuesta oposición participa.

Y no es Capriles actuando para desmontar el plan de Guaidó, como pretende esa misma oposición falsaria vender en redes sociales y matrices de opinión. Es que se trata de lo mismo. La oposición falsaria, al igual que el chavismo, no se divide. Solo trasmutan posiciones en función del interés del propio sistema, que es lo verdaderamente perdurable en el tiempo para ellos. El sistema chavista perdura con el régimen en el poder y con una oposición construida a la medida de ese régimen para garantizar su permanencia en el poder, a través del financiamiento que llega gracias a las actividades ilícitas de empresas como Odebrecht.

Obviamente, el fundamento de las acciones de ese liderazgo opositor no es la maldad pura de quien quiere hacer daño. En realidad es eso y un poco más: es un negocio que genera ingentes recursos. Un negocio que ahora incluso ha llegado al financiamiento de la fulana “ayuda humanitaria” que es necesaria, pero que se intenta hacer llegar a los afectados en el país a través de un entramado de organizaciones no gubernamentales que son controladas también por esa oposición a través de interpuestas y no tan interpuestas personas. Ejemplo de lleo, el caso de la ONG Rescate Venezuela, cuya máxima directora es nada más y nada menos que la esposa del exiliado en España Leopoldo López.

¿Es que no se salva nadie en ese liderazgo opositor? En ese, no. Pero paralelo a ese, hay personalidades y organizaciones que intentan romper el cerco. Aún débiles. Pero ahí están. Y la mejor forma de ayudarlos es entendiendo que la oposición falsaria y prostibularia que encabezan gente como Capriles, López y Guaidó, debe dejarse morir de mengua para poder ver emerger a los liderazgos genuinos que sí estarán dispuestos, como lo han demostrado, a derribar al régimen y reventar el sistema chavista en mil pedazos.

Lo veremos. A pesar de Borrell y sus misiones miopes, astigmáticas y asmáticas con halitosis comunista e intenciones de complicidad.

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