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Los científicos sospechaban desde hace un año que el virus era artificial y mintieron para echar a Trump

'La corrección política, entre paréntesis, mata'
El expresidente de Estados Unidos Donald Trump.

Esto va de mal en peor. Estamos ante la pandemia más dañina -en vidas humanas, en calidad de vida, en ruina económica y en pérdida de libertades- y los científicos que podían haber paliado el desastre si se hubieran centrado en la hipótesis de que se trataba de un virus de diseño escapado de un laboratorio chino mintieron o callaron para perjudicar a Trump. Con la complicidad entusiasta de los grandes medios y las tecnológicas. ¿No hay castigo para esto, no es un crimen contra la humanidad?

Un año. Un año perdido, un año en el que podrían haberse evitado quién sabe cuántas muertes, cuántas quiebras y cierres, cuánto dolor y cuánto abuso de poder. Y todo para quitar un presidente y poner a otro.

Lo cuenta NBC News, no la hoja del barrio ni un oscuro blog. Y cuenta la cadena que varios de esos científicos del más alto nivel, incluyendo a la genetista del MIT y Harvard, Alina Chan, admiten que ella y sus colegas rechazaban la hipótesis de una fuga de laboratorio porque no querían que se les relacionara con el entonces presidente Trump. Demos gracias de que el cuadragésimo quinto presidente no desaconsejó desayunar plutonio a cucharadas, porque probablemente lo recomendarían.

Chan declaró que había habido cierta desazón entre algunos científicos a plantear públicamente la hipótesis de la fuga de laborarorio por miedo a que sus palabras pudieran ser interpretadas o usadas para apoyar una retórica racista sobre el origen del virus. Trump salió a la palestra en su momento para acusar al Instituto de Virología de Wuhan, donde se produjo el primer brote significativo de la enfermedad, de estar asociado al origen de la epidemia, y en numerosas ocasiones llamó al patógeno “virus de Wuhan” o (este es bueno) «kung flu.»

La corrección política, entre paréntesis, mata. Oh, no importan cuántos mueran, pero que nadie pueda llamarnos xenófobos o trumpistas. Bien. Se nos pidió encarecidamente -no: se nos ordenó- que “hiciéramos caso a la Ciencia”, pero la “Ciencia”, es decir, los científicos, estaban haciendo caso a las necesidades de la política, para nuestra desgracia.

Afortunadamente, se hizo lo necesario para que Biden fuera elegido presidente, y ahora ya se puede hablar libremente sin temor a favorecer al ‘Hombre Naranja’. No es casualidad que esta tesis haya pasado de ser una ‘conspiranoia’ racista que conllevaba ridiculización, censura y cierre de sitios en Internet a convertirse poco a poco en la opinión oficial.

“En su día, daba más miedo que te asociaran con Trump y convertirte en una coartada para los racistas, así que la gente no quería exigir públicamente una investigación sobre el posible origen en un laboratorio”, añade Chan.

Desde el principio existían tres posibilidades lógicas: o el virus había surgido naturalmente, pasando de algún animal (pangolín o murciélago) a un humano; o había surgido de forma natural pero se guardaba en el laboratorio y escapó; o era una muestra diseñada que logró salir de la instalación accidental o deliberadamente. Piensen cuál es la más lógica.

En realidad, se le ocurre a cualquiera, y hubiera sido prácticamente la única hipótesis manejada por los expertos y creída por el público si no hubiera habido una campaña monstruosa (en ambos sentidos del término) para suprimirla. Como comentaba Andrea Reed, profesor de Biología en Penn State, “si hubiera estallado una epidemia con un brote en torno a un laboratorio de estas características en Estados Unidos, lo primero que se hubiera hecho sería preguntarse si estaban trabajando con ese mismo patógeno en el laboratorio en cuestión».

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