Perú: el año de la crisis interminable

2020: LA IBEROSFERA BAJO ATAQUE

El 2020 quedará grabado en el recuerdo de millones de peruanos como el año de la crisis interminable: tres presidentes en menos de una semana -entre destituciones y renuncias-, con una de las tasas de mortalidad por covid-19 más altas del mundo, un retroceso del 11,5% en su economía -de acuerdo al Banco Central de Reserva- y la pérdida de más de 2 millones de empleos.

Perú, que arrastraba una crisis política desde 2016 y un letargo en la economía tras dos décadas de crecimiento, recibió un golpe de gracia por las restricciones que paralizaron la economía como consecuencia de la inmovilización social obligatoria impuesta en marzo para detener el avance del coronavirus. Aunque se priorizó la salud, la economía entró en recesión: el PIB cayó -40.5% en abril.

Crisis sanitaria: no se aprovechó la cuarentena

La cuarentena peruana fue una de las más estrictas del mundo, siendo el Perú uno de los primeros países hispanoamericanos en poner a sus ciudadanos en confinamiento para intentar contener la propagación del coronavirus. El 16 de marzo, el gobierno presidido por Martín Vizcarra decretó un estado de emergencia que incluía toques de queda, el cierre de las fronteras y la orden de que los ciudadanos solo salieran para comprar alimentos y medicamentos.

Pero la economía informal (71% de la población activa) pesó sobre las restricciones del gobierno, pues muchos peruanos tuvieron que salir de sus casas para trabajar y generar ingresos, muy a pesar de que la titular del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), María Antonieta Alva, impulsara medidas de apoyo al sector empresarial y bonos para las familias más vulnerables.

A un mes de la cuarentena, un estudio del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) arrojó que un 51% de la población tenía más miedo a quedarse sin recursos para alimentos que al coronavirus. En mayo, un 14% de la población no pudo comprar alimentos con proteínas como carne, pescado y huevos por falta de dinero, según una encuesta del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).

Para Ernesto Bustamante, exjefe del Instituto Nacional de Salud y PhD en bioquímica y biología celular y molecular por la Escuela de Medicina de la Universidad John Hopkins, “la cuarentena funcionó, pero no se aprovechó para reducir el número de contagios”.

“Suponemos que la cuarentena funciona porque hay menos gente que se infecta debido a las restricciones de movilidad. La gente se queda en sus casas y no se exponen. La pregunta que debemos hacernos es si la cuarentena se aprovechó para realmente reducir el número de contagios a un nivel manejable, porque recordemos que después de los cien días de cuarentena que hubo en el Perú, el número de casos siguió aumentando y hubo muchos decesos, lo que significaría que la cuarentena no se aprovechó para detener la transmisión”, afirma.

Bustamante ha sido un crítico asiduo desde su cuenta de Twitter y en entrevistas en medios de comunicación sobre el uso de pruebas rápidas en lugar de pruebas moleculares para contabilizar el número de infectados por covid-19 en el Perú.

“Yo creo que el principal error en la estrategia contra la pandemia en el Perú fue que se hizo un enfoque exclusivo en el lado del cuidado hospitalario descuidando el aspecto de la transmisión. ¿Cómo impides que haya transmisión descontrolada? Identificando tempranamente a los infectados para poderlos aislar e impedir que estos a su vez contagien a otros y con esto evitar que colapse el sistema hospitalario. Y para eso se requería una prueba que fuera capaz de detectar tempranamente al infectado, y esa prueba es la molecular, no es la rápida. La molecular es la prueba que detecta el genoma del virus y esa prueba se compró en cantidades muy reducidas en comparación a las rápidas. Como consecuencia de comprar la prueba incorrecta, no se detectaron a los infectados, que probablemente no se enfermen y por lo tanto no necesitan hospitalización, pero si transmiten el virus. Ese fue el error primigenio de la estrategia sanitaria en el Perú”.

El Perú, uno de los epicentros de la pandemia del covid-19, llegó hace unos días a más de 1 millón de contagios y reporta 37 474 muertos al 27 de diciembre según cifras del Ministerio de Salud (Minsa). Desde hace unas semanas, el Colegio Médico ha advertido de una inminente segunda ola de contagios debido a la flexibilización de las medidas de distanciamiento físico y las aglomeraciones en centros y galerías comerciales por fiestas de fin de año.

Pilar Mazzetti, ministra de Salud, sostuvo en una entrevista a Radio Programas del Perú (RPP) que por ahora no ve la posibilidad de una segunda ola, no obstante, recomendó a los peruanos seguir cuidándose y respetar las medidas de seguridad.

Foto: Minsa

Ante los señalamientos de que hubo un “sesgo ideológico” en el Minsa durante la gestión del exministro Víctor Zamora -ligado a la izquierda- que habría impedido una articulación entre la empresa privada y el Estado frente a la pandemia, Bustamante “se resiste” a pensar que esto haya ocurrido, sin embargo, considera posible que lo haya habido cuando las autoridades no tomaron en consideración la donación de plantas de oxígeno de parte de empresas mineras en el sur del país.

“Yo no tengo ninguna evidencia para afirmar que hubo un sesgo ideológico, aunque hay mucho que apuntaría a ello, dadas las posiciones políticas de algunos miembros del Ejecutivo y en especial del Ministerio de Salud en aquel momento”, señala.

La vacuna sin fecha y los antivacunas

Bustamante cree que el equipo negociador peruano para conseguir la vacuna ha estado fracturado, que hubo “demasiadas cabezas” y no la decisión de un líder que pudiera cerrar la compra de suficientes dosis para inmunizar a la población. Además, descarta que haya habido incompetencia profesional de parte de las autoridades.

“Se ha hablado de incompetencia profesional en la demora para la compra de vacunas, yo no creo que esto sea así. La actual ministra, Pilar Mazzetti, es una profesional de primer nivel, al igual que muchos otros profesionales del Minsa. Lo que yo creo es que se han formado demasiadas comisiones, comandos y grupos de trabajo. Hubo muchas cabezas, todos esperaban el visto bueno del otro. El Perú es un país donde lamentablemente se usa mucho el llamado consenso, que todos deben estar de acuerdo. Perder el tiempo discutiendo hasta llegar a un consenso, en una crisis como esta, es una estupidez. Por esperar a alcanzar consenso, no se toman decisiones”, cuestiona el experto.

Ante la encuesta de Ipsos Perú de que un 40% de peruanos no se vacunarían si el Minsa contara con una vacuna aprobada y de acceso gratuito, Bustamante cree que se trata de grupos reducidos y que se debería comprobar la consistencia de estas encuestas. Además, considera que conforme la vacunación vaya progresando, “la gente se irá poniendo en la cola”.

La vacunación debe ser voluntaria, no obligatoria. Cuando se den cuenta que a las personas vacunadas no les pasa nada, la gente se va a ir convenciendo de que hay que vacunarse. La vacunación en el Perú tomará muchos meses, y en ese período se convencerá. Al final, quienes no quieran vacunarse, se verán forzados por otras razones, viajes al extranjero que requieren de un certificado de vacunación, por ejemplo”, apunta.

Para Bustamante, el Perú no está preparado para enfrentar una segunda ola, ni como país ni como Estado. “No estamos preparados porque no se ha puesto énfasis en la prevención de la transmisión, aun no se ha resulto el asunto de las pruebas moleculares. 75% de las pruebas aplicadas, ahora en diciembre, son rápidas. La detección temprana es el pilar básico en el control de la transmisión del virus. En el lado hospitalario también estamos deficientes, no se está dando mantenimiento preventivo ni correctivo a los respiradores. No se han comprado concentradores de oxígeno. Lo bueno es que los médicos de cuidados intensivos, a diferencia de marzo, si saben que hacer ahora. No obstante, a nivel general, no estamos preparados”, afirma.

Ernesto Bustamante, exjefe del Instituto Nacional de Salud. Foto: Grupo La República

‘Generación del bicentenario’: engaño y manipulación

La crisis política, que había tenido su pico más alto con la disolución del parlamento en septiembre de 2019, se desbordó cuando en noviembre de este año el nuevo Congreso -elegido en enero- destituyó por incapacidad moral al expresidente Martín Vizcarra, asediado por acusaciones de presuntos actos de corrupción.

Aunque la situación de Vizcarra no era favorable de acuerdo a las acusaciones fiscales, su enorme popularidad desencadenó una ola de indignación cuando el Congreso votó por destituirlo: según una encuesta del IEP, un 91% de peruanos rechazaban la vacancia, siendo este rechazo aun mayor entre los jóvenes: 94%.

El pésimo cálculo de los parlamentarios al subestimar a Vizcarra y su círculo de aliados, sumado a su enorme impopularidad como institución-solo un 9% de la población aprobaba al Congreso y 56% creía que era “peor que el anterior”-, selló el fracaso de su jugada política.

El 17 de noviembre, luego que las violentas manifestaciones contra el sucesor de Vizcarra, Manuel Merino -al que un amplio sector de la población consideraba un usurpador-, dejaran dos jóvenes muertos, el congresista Francisco Sagasti (Partido Morado) asumió la presidencia transitoria hasta julio de 2021 después que el Congreso -acorralado por la crisis política que había desatado- aprobara con 97 votos a favor su candidatura para presidir la Mesa Directiva de ese organismo.

Dante Bobadilla, doctor en psicología por la Universidad de San Martín de Porres (USMP), considera que las movilizaciones contra el exmandatario Manuel Merino fueron azuzadas por grupos de izquierda y progresistas que aprovecharon la situación para manipular a los más jóvenes mediante “un relato que suplanta la realidad”.

“La farsa que vive el Perú se sostiene en una serie de relatos impuestos por grupos de activistas en la prensa y redes sociales. Se trata de un relato que suplanta la realidad, y que es capaz de convertir a un presidente inepto como Vizcarra en una suerte de ídolo popular; y a Merino, un modesto congresista, en un usurpador, un dictador y asesino. Lo cierto es que Merino nunca fue parte de la gentita, de la argolla de oenegés de izquierda que están insertadas en el Estado desde el gobierno de Ollanta Humala y continuaron cobrando sueldos y asesorías con Kuczynski y Vizcarra. Por eso sacaron a Merino, el resto es cuento. Hoy nos gobiernan quienes nunca ganaron elecciones y representan a una minoría”.

Para Bobadilla, que además es docente universitario y columnista en el portal El Montonero, la llamada “generación del bicentenario” -bautizada así por la prensa subvencionada con publicidad estatal-, es una de las más “engañadas y manipuladas de la historia”.

“En el Perú se endiosa a cualquiera y se miente todos los días en la gran prensa y las redes sociales, donde también hay periodistas activistas de izquierda. Es patético todos los elogios que se le hacen a los jóvenes que salieron a protestar por la vacancia de Vizcarra. Estamos hablando de una de las generaciones más engañadas y manipuladas de la historia, una generación con los mayores reportes de problemas de conducta y dificultades de aprendizaje, además de graves problemas de comprensión lectora”, asegura.

Aunque considera que “no hay nada particular con esta generación respecto a las anteriores”, pues cree que los jóvenes de cualquier época son susceptibles a los movimientos de izquierda o de protesta, Bobadilla destaca que en la actualidad existe un intento por acallar al otro, “al disidente”, sobre todo desde las tribunas digitales.

“En los años 70, antes de que la izquierda se lanzara a la guerra popular como ellos la llamaban, había fuertes debates políticos en la universidad, entre los distintos partidos, pero no había ese intento de acallar. Había un debate abierto, incluso en las revistas había posturas de debate. Ha desaparecido el debate. Hoy los chicos, sobre todo de izquierda, intentan callar a quienes no piensan como ellos. Son muy hábiles para controlar las redes sociales, pues tienen muchas páginas de Facebook y cuentas de Twitter, además de periódicos digitales. Sabemos bien quien controla la internet en el Perú, la Red Científica Peruana, que está manejada por gente de izquierda y son los dueños del dominio punto pe. Ellos han montado aparatos como la Mula o Útero. Desde fines de los 90, la izquierda se posicionó muy bien en el control de la internet. Marco Sifuentes, a quienes algunos consideran un tonto o un nerd y lo subestiman, es un pionero del periodismo peruano en internet y ha tenido mucho éxito con ello. La izquierda, a través de sus productos digitales, controlan la opinión pública, sobre todo la de los jóvenes. Cancelan al oponente, los privan de sus capacidades para opinar, los tachan y les cierran sus cuentas”, afirma.

Dante Bobadilla, doctor en psicología por la Universidad de San Martín de Porres (USMP). Foto: Archivo Personal

‘Vizcarra era el virus, Sagasti la nueva cepa’

Según Jorge Villena, exasesor del Congreso de la República, “Vizcarra era el virus y Sagasti la nueva cepa”, en referencia a la nueva cepa de covid-19 que se volvió noticia tras la alerta del gobierno británico antes de la Navidad.

“Vizcarra encarnó la forma en como se ha manejado la política peruana en los últimos veinte años, que es la vía de la confrontación y la antipolítica. En el Perú no se combaten ideas, sino a personas. Es una especie de guerra de pandillas por controlar el poder, pero una vez que lo capturan no pueden traducirlo en una gestión que genere bienestar para los ciudadanos, simplemente quieren el poder por el poder. Vizcarra no tiene ningún logro en su presidencia, solo es recordado por salir airoso en su enfrentamiento contra el fujimorismo y el aprismo, sus rivales. Vizcarra es un líder de las grandes intenciones y de los cero resultados”, señala.

Sobre el presidente interino Francisco Sagasti, considera que, a diferencia de Vizcarra, se trata de una persona con más favor de parte de las oenegés, que son las que tienen mayor influencia política, mediática y cultural en el Perú.

“Si Vizcarra era el virus, Sagasti es la nueva cepa. Si bien este último tiene otros modales y otras formas de expresarse y presentarse ante el público, su partido, el Partido Morado, ha sido la bancada de Vizcarra en el Congreso, vienen a ser lo mismo, buscando generar confrontación entre peruanos, convirtiendo en monstruos a sus rivales para echarles la culpa de todo. Estamos viviendo un circo sin pan, porque enfrentamos además una crisis económica gravísima debido a las restricciones por la pandemia y la pésima gestión de la extitular del MEF”, sostiene.

Sobre las elecciones presidenciales del 2021, asegura que el Perú verá “más de lo mismo”, y que la izquierda buscará crear un nuevo monstruo que vender a la opinión pública y así polarizar al país.

“La derecha empresarial de Kuczynski y la derecha popular de Fujimori se enfrentaron todos estos años y terminó ganando la izquierda. Cuando se pelea la derecha, gana la izquierda, y ahora está en el poder, aupados por Vizcarra, su aliado. Operan impunemente en los ministerios como funcionarios o consultores y reciben subvención estatal para sus medios de comunicación”, apunta.

Jorge Villena, exasesor del Congreso de la República. Foto: Archivo Personal

La pandemia de la corrupción

A la pandemia del coronavirus se le sumó la de la corrupción. Para junio de este año, el coordinador nacional de las Fiscalía Anticorrupción informó que se habían registrado 653 casos vinculados con presuntos actos de corrupción en diversas instituciones del país.

Entre ellos figuraban la sobrevaloración de la compra de canastas, productos adulterados, compra de mascarillas y guantes, entre otros. El caso más escandaloso ocurrió en la Policía Nacional del Perú (PNP), donde varios oficiales habrían adquirido materiales de protección defectuosos para los agentes que operaban en las calles haciendo controles durante los meses de confinamiento total. Las compras habrían sido irregulares, y a empresas con vínculos personales con los oficiales encargados de adquirir los productos.

Esta situación provocó que el lunes 28 de diciembre, el titular de la Defensoría del Pueblo, Walter Gutiérrez, exigiera una “rendición de cuentas a todo el Estado” peruano, apuntando a la falta de camas UCI, oxígeno, mascarillas y no haber podido concretar la compra de la vacuna contra el covid-19 para inmunizar a la población.

“Advertimos diversas recomendaciones relacionadas a las camas UCI, oxígeno, a la necesidad de prevenir conflictos sociales, el acceso a las vacunas, y muchas de ellas han sido completamente desatendidas”, dijo Gutiérrez.

El defensor del pueblo también criticó que el Estado no haya sido capaz de articular al sector privado durante la emergencia sanitaria, y que esto explica porqué el Perú todavía no tiene vacunas, a diferencia de otros vecinos de la región como Chile o Colombia, ni fecha certera de cuándo podría adquirirla o distribuirla.

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