Sectores de la oposición nicaragüense hacen frente a Ortega: ‘El pueblo no quiere diálogos, sino la salida del dictador’

abogan por un escenario de más sanciones de EEUU y Europa
El dictador nicaragüense Daniel Ortega, junto al tirano venezolano Nicolás Maduro. Europa Press

A partir del 10 de enero Nicaragua tendrá un gobierno ilegítimo, desconocido por más de 50 países y enfrentándose a un escenario de aislamiento internacional ante la decisión del dictador sandinista Daniel Ortega de permanecer en el poder ilegalmente e iniciar el proceso para desvincular a Nicaragua del seno de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Diálogo” propiciado por el régimen con sectores de la oposición y la empresa privada, nuevas elecciones y la búsqueda de unidad dentro de la propia oposición, son algunas de las propuestas de las que ya se habla en el ambiente político en Nicaragua.

La oposición no ha logrado unirse, ni antes de la última ola de arrestos que inició el régimen en mayo en el marco de las elecciones, ni después de que Ortega descabezó a sus adversarios a través de represión y encarcelamientos. Las razones de la falta de unidad han sido ideológicas y derivaron en linchamientos mediáticos promovidos por la izquierda y por intereses personales de ciertos  candidatos.

Benjamín Lugo, del Movimiento por el Cambio, una agrupación creada en el exilio, cree que ese escenario en la oposición puede cambiar. Dijo que trabajan en función de la unidad alrededor de los grupos que define como el “grito de abril”, que aglutinaría a distintos sectores que se sumaron a las protestas de abril de 2018, cuya demanda primordial ha sido la salida del poder del tirano sandinista y su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo.

“Manejamos una posición clara respecto a la necesidad de pasar de la dictadura a la democracia, es un cambio urgente y estamos clamando por la unidad de todos los que somos abril y que demandamos que se vaya [Ortega] porque el pueblo nunca pidió elecciones, lo que pidió es la salida del dictador”, puntualizó.

Lugo asegura buscan la unidad “sin distingos de ideología”, pese a la desconfianza de una mayoría de nicaragüenses a sectores del sandinismo que gobernaron con Ortega durante la primera etapa de la dictadura sandinista, que buscan el poder, la continuidad de un sandinismo sin Ortega. Sin embargo, a más de tres años de las protestas no logran posicionarse en el liderazgo opositor.

¿Diálogo y nuevas elecciones?

En torno al diálogo anunciado por Ortega y que algunos sectores ven con “buenos ojos”, Lugo afirmó que dialogar con el dictador es legitimar el nuevo mandato que iniciará el próximo 10 de enero.

“La posición es clara: No diálogos, no negociación y no nuevas elecciones con la dictadura criminal de lesa humanidad Ortega-Murillo, porque es un régimen desconocido en su legitimidad, legalidad y en su autoridad por el pueblo nicaragüense el pasado 7 de noviembre, que fue un día histórico por el acto de rebeldía de todo un pueblo que se quedó en sus casas. Las calles estaban vacías. Fue la reiteración del ‘grito de abril en noviembre’, que exige que se vayan del poder”, afirmó Lugo.

No se puede traicionar la voluntad de un pueblo que decidió quedarse en su casa yendo a un diálogo, la verdadera solución es la salida de la dictadura. Con criminales de lesa humanidad no se dialoga y no se va a elecciones”, apuntó.

Algunos grupos promueven la realización de nuevas elecciones presidenciales. La propuesta es respaldada por el secretario general de la OEA, Luis Almagro.

“La celebración de nuevas elecciones con garantías, observación electoral calificada y verdadera competencia electoral en el marco de un Estado respetuoso de los derechos humanos”, es la solución a la crisis que enfrenta Nicaragua, de acuerdo con Almagro.

Lugo estima que la solución no es concurrir a nuevas elecciones. Apuesta, en cambio, por la presión internacional y la interna, pero Ortega ha instaurado una vigilancia permanente para neutralizar cualquier intento de levantamiento popular.

¿Propuesta de diálogo de Daniel Ortega?

Daniel Ortega propuso el diálogo para después de los comicios en los que se adjudicó el triunfo, para legitimar el nuevo mandato presidencial (el cuarto consecutivo y el quinto desde la llegada del sandinismo al poder en 1979).

Hasta ahora se desconoce cuáles son sus propuestas, pero algunos analistas creen que propondrá a la empresa privada abogar ante Estados Unidos y la Unión Europea el retiro de sanciones y el retorno a la alianza que sostenía con el sector privado antes del estallido de abril de 2018.

El futuro de los presos políticos es una incógnita debido a que los procesos judiciales permanecen paralizados, mientras algunos de los reos de conciencia tienen más de seis meses de estar encarcelados. Se cree que los presos políticos podrían ser utilizados como fichas de canje por Ortega en el llamado diálogo.

No debe ser ni podemos aceptar que los presos políticos sean fichas de negociación del régimen, exigimos libertad para los presos políticos y le pedimos a la comunidad internacional que haga todo lo que pueda para poder liberarlos porque están injustamente, son presos de conciencia por pensar diferente”, acotó Lugo.

El dirigente político adelantó además que sectores de la oposición realizarán un congreso nacional que persigue “la salida inmediata de la dictadura del poder, la aprobación de un programa de transición democrático, la selección de un grupo ciudadanos para que conduzcan la incidencia internacional y la lucha interna en Nicaragua a través del Consejo Nacional de la Transición”, indicó.

La fecha del congreso esta por definir, pero se realizará en Costa Rica, donde se concentra la mayor cantidad de exiliados nicaragüenses.

Vamos a promover la desobediencia civil a partir del 10 de enero, un mayor aislamiento internacional, incluyendo que Estados Unidos suspenda a Nicaragua del DR-Cafta [tratado de libre comercio entre EEUU, países de Centroamérica y República Dominicana] a partir del 10 de enero, porque es un gobierno ilegitimo, criminal de lesa de humanidad, corrupto y que es producto de una farsa electoral”, afirmó Lugo.

El gran reto es la unidad en una oposición que se debate entre los intereses y la desconfianza.

Pero mientras las cúpulas intentan unirse, miles de nicaragüenses abandonan el país. Unos 50 mil nicaragüenses fueron detenidos en la frontera estadounidense durante los tres primeros trimestres del año, según cifras de la patrulla fronteriza de Estados Unidos. Mientras en México, cerca de 11 mil nicaragüenses fueron arrestados entre enero y octubre, según datos proporcionados por la Unidad de Política Migratoria de México.

El aumento de la migración es producto de la represión, el Estado policial instaurado por el régimen y a la crisis económica que atraviesa Nicaragua.

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