Todos contra Morena, hagan lo que tengan que hacer

PAN, PRI Y PRD IRÁN JUNTOS A LAS ELECCIONES PARLAMENTARIAS

Los partidos de oposición en México están recogiendo bien el sentir del ciudadano en las calles.

Recogen, por ejemplo, el sentimiento que generó el desabastecimiento de principios de 2019, cuando no había gasolina en ningún lado y había que hacer filas de 8 horas para conseguir una poca porque el presidente decía que estaba combatiendo el robo de combustibles.

El sentimiento de las familias de los periodistas que siguen siendo asesinados. De los ataques a los opositores todos los días, en las ruedas de prensa de López Obrador.

Es notorio que este gobierno de izquierda se interesa en sí mismo, como Narciso ante el espejo. Anhela mirar pronto su hermosura y gallardía en los libros de historia, pero no mejora en nada la realidad.

Hay agobio por la inseguridad, por el desempleo, la delirante gestión del covid-19, y por los no pocos escándalos de corrupción cercanos a la Cuarta Transformación.

El mensaje que reciben los partidos opositores es: hagan todo lo que tengan que hacer para impedir que México se convierta en una dictadura de izquierda, como Venezuela. Porque muchas señales nos advierten que para allá nos conduce la 4T.

La gente rechaza el presidencialismo despótico, que ya somete al Poder legislativo y al Poder judicial, que a diario habla con tono amenazante de empresarios y activistas no afines. Que pone de rodillas la autonomía de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, y recorta fondos al Instituto Nacional Electoral. Que denosta al Instituto Nacional de Acceso a la Información.

Ése es el verdadero mensaje que recibieron de la ciudadanía los partidos opositores que en estos días han resuelto unirse en una alianza electoral para vencer en 2021 a Morena, afiliado al ponzoñoso Foro de São Paulo y miembro del Grupo de Puebla.

Como era de esperarse, una alianza de partidos tan disímbolos causó escozor en algunos. Pero en mi país no tenemos tiempo para purismos ideológicos -por ahora-. Si la casa se incendia, todos a echar agua.

Vencer a la tiranía de Morena es una prioridad que obliga al pragmatismo. Si caemos más en esta barranca del socialismo, nadie sabe si un día podremos salir de ahí.

Por eso las elecciones intermedias de 2021 son tan relevantes. Se renueva la Cámara de diputados, y 15 gubernaturas. Si Morena gana la mayoría de lo que se juega, el autoritarismo no tendrá límites ni contrapesos serios.

En México la desesperación por el camino hacia donde nos conduce el gobierno de López Obrador es tal, que alianzas antes impensables, están cuajando ahora. No nos importa quiénes nos liberen, sino que sea antes que se agote el oxígeno.

Partidos contrarios en ideología, como el PAN, que profesa la democracia cristiana; el PRI, heredero de los revolucionarios nacionalistas; y el PRD, la izquierda moderada, irán juntos para intentar acabar con la mayoría en la Cámara de diputados que hoy ostenta Morena.

También algunas gubernaturas podrían tener candidatos del PAN-PRI-PRD. Todavía no se sabe cuáles con exactitud.

Pero siempre hay un aguafiestas. Hay otro partido “opositor”, Movimiento Ciudadano, cuya figura más destacada a nivel nacional es Enrique Alfaro, el gobernador de Jalisco –entidad con alta productividad, y cuna del mariachi y el tequila-.

Es un tipo echado para adelante, de carácter firme. Tiene aspiraciones presidenciales para 2024, pero las niega diciendo que se va a dedicar a entrenar futbolistas. Ni quién le crea.

Movimiento Ciudadano no quiso formar parte de la alianza de partidos de oposición para 2021. Quizá no tan extrañamente. En las elecciones presidenciales de 2006 y 2012, jugaron del lado de AMLO. Tal vez ya estén de regreso en los brazos de su añejo amigo tabasqueño.

Y acaso calculen que ya tienen con Alfaro en la bolsa un perfil fuerte y propio para candidato presidencial en 2024.

Entonces esperarían quizá que la alianza PAN-PRI-PRD se les una en 2024 apoyando a un Alfaro que rebase a todos en las encuestas, ya que en ninguno de estos tres partidos despunta por ahora un perfil contundente.

AMLO usó como estrategia en su campaña a la presidencia en 2018 agrupar a sus adversarios políticos, diciendo que eran todos lo mismo: “la mafia del poder”.

Este lunes 7 de diciembre, en su conferencia mañanera, ni tardo ni perezoso se dijo satisfecho por haber tenido -según él- siempre la razón, en que todos sus opositores son lo mismo, trabajan juntos, y son corruptos, neoliberales y entreguistas. Sin embargo, AMLO sabe que cada uno de esos partidos son muy diferentes.

Hay que entender que la situación política y social en México es tan grave, que hoy hay razones de peso para que los institutos pongan por un momento de lado sus diferencias ideológicas y luchen juntos.

El PAN es hoy el partido más grande de la oposición. 78 diputados de 500. 9 gobernadores de 32. AMLO ganó en 2018 con 30 millones de votos, seguido por Anaya Cortés, con 12 millones, y por José Antonio Meade Kuribreña, del PRI, con 9 millones.

Por esto cabría esperar que el  candidato panista en las presidenciales de 2024 se convierta en el de una posible coalición opositora, como lo fue Ricardo Anaya en 2018, apoyado por el PRD, y MC.

Pero para ello necesita el nuevo candidato del PAN superar a Alfaro en las encuestas. No será tan sencillo.

Que Movimiento Ciudadano divida a la oposición y sólo vea por su propio crecimiento, significa que en realidad no son adversarios, sino amigos de AMLO.

Se definen como “progresistas”. Supongo que esto debe interpretarse como pro aborto y pro adopción homosexual. En los hechos ya están apoyando a AMLO, al fragmentar a la oposición y sus esfuerzos por encima de las ideologías, y las diferencias. Acabarán negociando por debajo de la mesa con Morena.

En contraparte, se había registrado la salida de un grupo político del PAN encabezado por el ex presidente Felipe Calderón y Margarita Zavala. Se fueron e intentaron formar un nuevo partido, México Libre.

No les fue posible concretarlo, por extrañas posturas de las autoridades electorales, que parecían estar al servicio de AMLO, al cerrarle la puerta a un nuevo instituto de oposición.

Está bien que Margarita Zavala y Felipe estén en ánimo de regresar. Sólo que han puesto áridas condiciones para reintegrarse al PAN, junto con sus seguidores.

Su retorno, deseable para nutrir la diversidad y engrosar filas, podría ser complicado de procesar para la dirigencia actual, en un momento crucial en el que se necesita unidad. No es momento para pelear en casa. Las partes deben ser flexibles y generosas, y sobre todo, buscar abonar realmente para sacar a Morena del poder. Eso es lo principal.

@raultortolero1

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