Pan, circo y mota

LA "OPOSICIÓN" SIGUE CUMPLIENDO LOS DESEOS DE AMLO

Foto: Chase Fade – Unsplash

México es un país con 12 millones de desempleados, una seria crisis económica, un récord histórico de homicidios a causa de la inseguridad y más de 100 mil muertos por Covid-19. A pesar de todo ello y después de un prolongado receso del Congreso Federal debido a la contingencia sanitaria, la prioridad es la marihuana.

El Senado de la República aprobó la semana pasada la Ley Federal para la Regulación del Cannabis, así como la reforma y adición a diversas disposiciones de la Ley General de Salud y del Código Penal Federal. Todo esto para despenalizar y regular el consumo lúdico de la marihuana, así como su comercialización, importación y exportación.

Aún falta que el proyecto sea aprobado por la Cámara de Diputados para posteriormente ser sancionado por el Presidente de la República.

Andrés Manuel López Obrador defendió la propuesta y se dijo confiado en la capacidad de las personas para “autorregularse” y ser responsables en el consumo del cannabis.

Aunque en las repercusiones económicas –producción y comercialización– no se confía tanto en los ciudadanos para que se auto determinen. Según grupos a favor de la legalización, dichas condiciones están hechas a la medida para grandes empresas canadienses del cannabis y perjudican a comunidades cultivadoras.

El gobierno mexicano ha sido constantemente acusado de “demagogo”, de “populista” (este último en un aspecto mal entendido o quizá como sinónimo del primero).

Ello se debe a algunas formas de apelar al pueblo y a sus sentimientos. Por ejemplo, las promesas populares pero imposibles de cumplir y algunas caras del “pan y circo” que resultan evidentes para los críticos.

Dádivas, apoyos sociales, becas, rifas, la falsa austeridad y obras faraónicas –entre otras–, son inconfundibles.  

Pero la nueva demagogia: la demagogia progresista, no solo pasa de noche para los críticos, sino que discursivamente la adoptan.

¿Qué es el progresismo sino la implementación de soluciones simples a situaciones complejas? Algo muy parecido a la definición de demagogia.  

La moda del progresismo le pone las cosas fáciles a los gobiernos ineptos y autoritarios. Mientras se cumplan ciertas agendas de cajón y se utilice el simbolismo adecuado, la opinión pública estará relativamente tranquila.

Sin mayor esfuerzo y sin necesidad de que el gobierno obradorista haya tenido que emprender una campaña estratégica de comunicación fue la misma oposición la encargada de venderle a la población la regulación de la hierba como la solución mágica a los problemas de inseguridad en el país.

Según ellos, era la puerta de entrada de México hacia el primer mundo. La plantearon casi como la liquidación de una deuda histórica hacia los grupos más vulnerables.

Una vez más, la elevada clase política nos demuestra que vive en una realidad alterna y que solo está donde está para replicar mensajes vacíos y de molde.

Solo para tener en cuenta, la marihuana representa menos del 10% de los ingresos del crimen organizado. De entrada.  

La regulación puede ser sostenible teóricamente desde algunos ideales de la libertad, pero en un país donde las adicciones son un drama personal, familiar y social debe pensarse más allá de las cómodas realidades de unos cuantos.

Por ejemplo, los jóvenes de escasos recursos que caen en las garras de las drogas no tienen la posibilidad de ser internados por sus padres en un lujoso centro de rehabilitación en alguna playa del Caribe; y teniendo en cuenta que la salud pública poco o nada carga con los adictos, se tiene que recurrir a los llamados “anexos” –que son centros calamitosos que operan en la mayoría de los casos con riesgos, precariedad y al margen de la ley–.

Un círculo interminable de violencia, sufrimiento y desesperanza para las familias mexicanas, principalmente las familias pobres.

Ahora es cuando conviene reflexionar si vamos por el camino correcto.

Algún foco de alerta se nos debería encender cuando, más allá de atender el evidente problema de salud pública que representan las adicciones, la oposición decide adoptar de manera dichosa las prioridades del gobierno que están encaminadas a destinar cuantiosos recursos a la creación de burocracias –como el Instituto Mexicano para la Regulación y Control del Cannabis– y políticas públicas transversales para “normalizar” su utilización recreativa.

Por otro lado, están estas cosas que no se entienden de los tiempos modernos.  Por ejemplo, en días recientes la Suprema Corte de Justicia de la Nación –por mayoría de votos– reiteró la prohibición a la comercialización de los cigarrillos electrónicos a base de aceites (vapeadores), por los supuestos daños que pueden causar a la salud.

De igual forma, la comida chatarra cada día tiene más restricciones en cuanto a su promoción. En entidades federativas como Oaxaca se prohíbe la venta de bebidas azucaradas y alimentos con alto contenido calórico a menores de edad.

Pero a la marihuana se plantean promoverla y romantizarla. Toda una estrategia global bien pensada para enterrar bajo la alfombra sus efectos nocivos y exaltar sus supuestos beneficios.

Envueltos en la retórica melosa de la libertad, la tolerancia, la eliminación de prejuicios y estigmas, estamos entrando en un juego perverso de banalización de las adicciones.

El problema es que nadie lo cuestiona, nadie se opone. Las élites mediáticas, empresariales, intelectuales y políticas navegan hacia un mismo rumbo y ahí vamos todos.

@liatrueba

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