«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Tomás de Anchorena 1783-1847. El gran argentino.

Prócer hispanoamericano de la Libertad, la Independencia y la Federación.

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“Eran los Anchorena solariegos de Berroeta, en el valle pirenaico de Baztan. Inmemorial reducto de hijodalgos”, distante 33 Km. al norte de Pamplona, en el Reino de Navarra. Tomás Manuel, nacido en Buenos Aires en 1783, era uno de los hijos de Juan Esteban de Anchorena, llegado al Río de la Plata en 1751. Comerciante de actuación destacada en el Virreynato, quien promovió la instalación del Consulado y Tribunal de Comercio, en Buenos Aires. Junta económica autorizada por la Real Cédula del 30/1/1794, de la que fue su Primer Cónsul

Tomás de Anchorena estudió en el Real Colegio de San Carlos, completando su formación en la Universidad de San Francisco Javier (Chuquisaca) en 1807. Doctor en teología y abogado. Figura descollante en la declaración de nuestra Independencia.

En Buenos Aires, era en 1810 Regidor de esta ciudad cuando «solicitó del Cabildo la aceptación de una declaración patriótica para que el cuerpo ejerciera el acto de soberanía popular, que habría de concretarse poco después». Denegada su petición, la iniciativa quedó asentada en Actas. De actuación decidida, Anchorena junto con el Sr. Manuel José de Ocampo le pidieron al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros que resignara el cargo. Anchorena se opuso terminantemente a que el Cabildo reconociera al Consejo de Regencia que se había instalado en España.

Dedicado por un tiempo a los negocios familiares en Potosí, pasó a ser secretario del Ejército del Norte en 1812, al cual financió con ingentes sumas de dinero. Electo diputado por Buenos Aires para el Congreso de Tucumán, fue uno de los ilustres firmantes del Acta de la Independencia el 9/7/1816.

Diputado electo de la Honorable Legislatura de Buenos Aires en 1820. Miembro de la Cámara de Apelaciones en 1830.  Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores (1830-1832). Durante el gran ministerio de Anchorena quedó sellada la hermandad entre las provincias con la firma del Tratado del 4 de enero de 1831 o Pacto Federal, que dio inicio a la Federación, y al que adhirieron finalmente todas las provincias argentinas.

Miembro de la Junta de Teólogos, Canonistas y Juristas (1833) y del Consejo de Beneficencia Pública. Casado con Dña. Clara García de Zúñiga, alejado de la vida política, falleció después de una larga enfermedad el 29/4/1847, a los 64 años.

El Bloqueo Francés al Río de la Plata (1838-1840) fue un conflicto de poco más de dos años y una ostentación de la fuerza francesa ante las jóvenes naciones hijas de España. La defensa del país en esa época, fue tan importante como la guerra por la Independencia. En una carta dirigida a su primo el Gobernador de Buenos Aires, Dn. Juan Manuel de Rosas, ha quedado indeleble el pensamiento del Dr. Anchorena. Consejero que algunos criollos recuerdan como el ‘Oráculo de la Federación’:

(13/10/1838). «Esta cuestión, primo, en que estamos con los tales franceses, es muy vital para nuestro país, y defendiendo todos, todos y cada uno de los principios que ha vertido el gobierno en sus comunicaciones oficiales y particulares con el Cónsul y Contralmirante, hasta con el último aliento de la vida de todos y cada uno de los argentinos jamás podrá perder tanto como perdería cediendo en lo más mínimo de nuestros principios y haciéndoles el gusto a los franceses de celebrar tratado de comercio y navegación con ellos».
En la misma carta, Anchorena se refiere a los ingleses: «Ellos es verdad que gustarían, como todos los demás extranjeros, de que cediéramos a las pretensiones de los franceses, porque entrando entonces, como deberían entrar a la par  de éstos, sería lo mismo que entregarles todo el territorio de la República, y entregarnos todos los argentinos a su disposición para que cada uno de ellos, es decir de los estados extranjeros, hiciese de nosotros lo que quisiese y pudiese hacer. Pero emperrándonos nosotros en sostener, como debemos hacerlo, nuestros derechos todos, sin ceder ninguno, aunque sea quedando el país convertido en un desierto de cadáveres y cenizas de sus habitantes, fuera del espíritu nacional que ésto ha de producir entre nosotros, y del crédito y respetabilidad exterior que nos ha de dar, hemos de ver que los ingleses y angloamericanos, más tarde o más temprano por su propio interés han de oponerse activamente a las pretensiones francesas. Para esto no se necesita más que fortaleza y constancia de nuestra parte, cosa que ellos nada tengan que temer ni esperar de nuestra debilidad». (*)

Bibliografía. Nobiliario del Antiguo Virreynato del Río de la Plata. Primera Parte. Carlos Calvo. Buenos Aires, 1924 – Diccionario Biográfico Argentino. Enrique Udaondo. Bs. Aires, 1938 – Nuevo Diccionario Biográfico Argentino (1750-1930). Vicente Cutolo. Editorial Elche. Bs. Aires, 1985 – Tomás Manuel de Anchorena. Julio Irazusta. Ed. Huemul. Bs. Aires, 1962 – Los Antepasados, a lo largo y más allá de la Historia Argentina. Juan Esteban de Anchorena y Zundueta. Biografía Histórica. Carlos F. Ibarguren. Bs. Aires, 1983.  (*) Fragmentos de la extensa carta de Tomás Manuel de Anchorena a Juan Manuel de Rosas. Octubre 13 de 1838. Vida Política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia. J. Irazusta. Ed. Andes. Bs. Aires, 1975. T3. Pags. 176-179. 

Publicado en Intereconomía el 12/10/2012. Blog El Chimango del Sur por Mariano García Barace. Buenos Aires, Argentina.

 

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