El valor intangible del vídeo marketing

Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

El vídeo marketing se está consolidado como una herramienta de extraordinario valor a la hora de promocionar productos o servicios. Hoy cada consumidor lleva una televisión en el bolsillo y YouTube es una videoteca infinita, gratuita y sin horarios. La televisión, al contrario de las predicciones de algunos agoreros, vive una segunda juventud. Internet la ha rejuvenecido y puesto al día. Hoy se consume más televisión que antes del estallido cibernético. A través de pantallas tradicionales, de 40 pulgadas y presidiendo el salón, pero también y sobre todo a trávés de un teléfono móvil, una tableta o un ordenador. 

Estrella Damm y la sublimación del verano

Pero es que, además de la cuestión cuantitativa, el formato televisión, es decir, imágenes en movimiento con audio, ofrece una dimensión cualitativa que no está al alcance de ningún otro formato o plataforma. Un vídeo bien hecho es capaz de conferir al producto o servicio que promociona un valor intangible cuyo límite sólo es la imaginación humana. Los buenos anuncios apenas hablan ya del producto, hablan de las sensaciones que quieren vincular a ese producto. Sensaciones, vivencias, recuerdos o emociones. La combinación de la imagen en movimiento y la música lo hace posible. Sólo este formato lo hace posible. La publicidad empieza a ignorar la frontera entre su territorio tradicional y la cinematografía. Muchas piezas son ya directamente cortos de cine. Mas no es el metraje lo único que ha tomado la publicidad del séptimo arte, también se ha apropiado del formato historia y de la inmensa mayoría de recursos técnicos. Ejemplos de publicidad sublime que cuenta historias evocadoras hay a centenares, a mi me fascinan las piezas de Estrella Damm y su sublimación del verano y de la juventud.

La magia que contiene dos minutos de vídeo

La pieza de El Portal, un restaurante de moda en Alicante, demuestra que las producciones audiovisuiales de gran factura técnica y con capacidad de despertar sensaciones ya están al alcance de todo el mundo. El Portal se presenta como “Taberna & Wines”, un nombre que combina una palabra castellana de sabor añejo y otra anglosajona. Una apelación a la tradición y a la modernidad al mismo tiempo, a lo local y a lo global. Y así es el lugar por dentro, con aspecto de pub neoyorkino y gastronomía alicantina. 

El vídeo de El Portal, como vienen haciendo las piezas de Estrella Damm cada verano, trata de vincularse con el mediterráneo, con la ciudad de Alicante en particular. Aparece La Explanada, icono de la ciudad, o la conocida “cara del moro”, que no es otra cosa que perfil de la montaña que sostiene el Castillo de Santa Bárbara. Y todo imbuido de una retórica audiovisual muy luminosa y estival. Los alimentos –el producto, que dicen los cocineros- son tratados con mimo estraordinario y merecen primerísimos primeros planos y también originales planos cenitales. La música, una suerte de jazz con reminiscencias neoyorkinas, está extraordinariamente bien elegida y las imágenes se deslizan sobre las notas con alegría. El sitio es de los de ir por la noche y de hecho el relato es nocturno, lo que añade un extra de glamour y estatus. Los camareros agitan las cocteleras y sirven copas de colores en vasos de diseño. La pieza concluye con un mensaje sobreimpreso, en el que recurren de nuevo, a mi juicio innecesariamente, al inglés: “The Perfect Place”. Con lo bonito que hubiera quedado “El lugar perfecto”. 
Sea como fuere, el vídeo es un ejemplo para otras pequeñas empresas de de la magia que puede albergar dos minutos de vídeo. 

Es este: 

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