Isabel Díaz Ayuso pasó el pasado fin de semana junto a parte de su familia en un chalé con piscina en Rascafría que no pertenece a su patrimonio personal, sino a la Comunidad de Madrid. La finca, adquirida por su propio Ejecutivo en octubre de 2023 por 4,3 millones de euros para ampliar el Parque Nacional de Guadarrama, estaba destinada a fines públicos y a la conservación de su alto valor ecológico, según anunció en su día la Consejería de Medio Ambiente.
El uso privado de la vivienda por parte de la presidenta no fue comunicado por su gabinete y sólo se ha conocido por el testimonio de vecinos recogido por El País. Fuentes del Gobierno regional confirman que fue la primera vez que Ayuso se alojó allí y aseguran que es un uso permitido, «muy austero, no digamos nada con La Mareta o Quintos de Mora», en alusión a las residencias donde se aloja Pedro Sánchez. También han querido matizar que la presidenta no utilizó personal público, ni camareros ni cocineros, y que llevó su propia comida.
Sin embargo, su escapada choca con los reproches que ella misma dirigió a Sánchez en abril del año pasado, acusándole en la Asamblea de Madrid de vivir «en cuatro palacios pagados por todos los españoles»: Las Marismillas, La Mareta, La Moncloa y Doñana. Aquella vez incurrió además en un error, porque Las Marismillas y Doñana son el mismo edificio, y se olvidó de citar Quintos de Mora.
El chalé donde se alojó Ayuso fue adquirido mediante derecho de tanteo al empresario textil Juan Luis Hinojosa, conocido por su vinculación a la familia propietaria de Cortefiel y por su afición a los cotos de caza. La finca, de 453 hectáreas, fue destacada por su flora y fauna protegidas y por su interés para la ampliación del parque nacional, aunque esta ampliación todavía no es oficial porque requiere la aprobación de varios órganos institucionales.
En 2024 la presidenta convocó a la prensa en el mismo paraje para anunciar la apertura al público de un área de descanso junto a una ermita. Ahora, la vivienda principal —de 138 metros cuadrados más piscina y almacenes— ya no luce abandonada: un cartel con la bandera regional la identifica como Estación biológica El Paular.
A diferencia de otras comunidades, Madrid carece de una residencia oficial para su presidente. Hasta ahora, los jefes del Ejecutivo regional han usado ocasionalmente la Residencia Santillana para reuniones de trabajo, no para uso familiar privado. Según el Gobierno madrileño, la finca de Rascafría también se ha empleado para encuentros del Canal de Isabel II.
Aunque la presidenta se escuda en la austeridad y en el hecho de que no ha cargado gastos a las arcas públicas, su pernocta en un bien adquirido para fines ambientales y públicos abre un nuevo frente en su propia narrativa de ejemplaridad frente al dispendio de La Moncloa.