Las autoridades de Colombia y de varios países europeos, con el apoyo de Europol, han logrado desarticular una red internacional de explotación sexual que sometía a mujeres migrantes procedentes de Colombia en varios países europeos. La operación culminó con el rescate de más de 45 víctimas en Alemania, Austria, España y Suiza, así como la captura de siete de los implicados.
La red, descrita por la policía como un sistema de «esclavitud moderna», reclutaba a mujeres jóvenes en Bogotá, Medellín y Cartagena mediante ofertas falsas de trabajo difundidas en redes sociales y a través de conocidos. Una vez en Europa, eran forzadas a ejercer la prostitución bajo amenazas y deudas impagables.
El coronel Carlos Triana, director de la policía colombiana, explicó que a las mujeres se les imponía una deuda de 47.000 dólares, que debían saldar con trabajo sexual forzado. «A muchas de ellas las obligaban a consumir sustancias psicoactivas para controlar su voluntad y someterlas a esta esclavitud moderna», denunció.
El entramado criminal estaba compuesto por siete colombianos, dos austríacos, un rumano, un uruguayo y un ciudadano turco identificado como el líder, actualmente prófugo de la justicia internacional. En el operativo fueron capturados cinco miembros en Colombia y dos en España, mientras que se gestionan posibles extradiciones a Europa.
La investigación comenzó en 2024 en Austria, cuando dos mujeres colombianas fueron interceptadas por la policía local y una de ellas denunció haber sido víctima de explotación sexual. A partir de ahí se desplegó una investigación internacional que ha permitido identificar la estructura completa de la red.
La delegada de Europol, Cristina Checchinato, confirmó que las mujeres rescatadas fueron localizadas en prostíbulos y pisos controlados por la organización en Alemania, Austria y Suiza. El fenómeno, además de ser un drama humano, se ha convertido en un negocio millonario del crimen transnacional, con conexiones en Iberoamérica y en distintos países europeos.
Las autoridades colombianas han advertido de que continuarán reforzando los controles y colaborando con Europa para perseguir a estas redes que, bajo promesas falsas, arrastran a jóvenes a una espiral de violencia, drogas y prostitución forzada.