Apenas unos días después de la detención del hermano menor del rapero de origen marroquí Morad, identificado como R.M., por apuñalar a cuatro jóvenes en la fiesta mayor de Molins de Rey (Barcelona), fuentes exclusivas de los Mossos han proporcionado a LA GACETA detalles adicionales sobre su perfil criminal. Este menor, que acumula un extenso historial delictivo pese a su edad, representa un caso de reincidencia violenta, con alianzas en su barrio que amplifican su peligrosidad y una actitud que ignora por completo las medidas judiciales impuestas. A continuación, profundizamos en su trayectoria, sus métodos de actuación y el ecosistema delictivo que lo rodea, basado en información exclusiva de las fuerzas de seguridad.
Un historial delictivo alarmante: 11 antecedentes, mayoritariamente por robos con violencia
R.M., el hermano de Morad, no es un delincuente novato. Según las fuentes consultadas, cuenta con 11 expedientes abiertos en la Fiscalía de Menores, de los cuales al menos 10 están relacionados con robos con violencia, peleas y agresiones. «No es un chaval que se dedica a hacer gamberradas, es un chaval que se dedica a usar la violencia como método de ataque», explican los agentes de los Mossos, que destacan su patrón de comportamiento agresivo y reincidente.
De estos 11 antecedentes, tres ya han sido juzgados con sentencia firme. En uno de ellos, R.M. comenzó con una medida de libertad vigilada, pero no la cumplió, lo que derivó en su ingreso en un centro de reforma cerrado, donde pasó cuatro meses entre enero y finales de abril de este año. Tras su salida, volvió a incumplir las condiciones de la libertad vigilada: «No hay informes de que la esté cumpliendo ni nada por el estilo», afirman las fuentes. Para reclamar su estancia en libertad, su abogado presentó un contrato formal de trabajo con su hermano Morad, supuestamente durante una gira en agosto, aunque los investigadores dudan de su veracidad real más allá de un mero trámite administrativo.
Esta reincidencia no es casual. Las fuentes subrayan que R.M. «va en la misma línea» que su hermano mayor, Morad, quien también tiene antecedentes por peleas y robos. Pese a ser menor de edad, R.M. actúa con una impunidad que alarma a las autoridades; no muestra intención de corregir su actitud y continúa involucrándose en actos violentos, como el reciente apuñalamiento en Molins de Rey.
El grado de peligrosidad: agresiones gratuitas y ausencia de remordimiento
El incidente del pasado sábado en la Plaça de l’Estació ilustra perfectamente el nivel de riesgo que representa R.M. Actuando en un grupo de tres o cuatro personas, atacó a cuatro jóvenes «normales» —sin antecedentes ni incidencias previas— que disfrutaban de las fiestas del municipio. No hubo motivación previa, robo o disputa: «Fueron hacia ellos buscando bronca, y buscando pelea para pegarles y rajarles», relatan las fuentes. Las víctimas, todas de familias locales e integradas, sufrieron heridas en la cara y el cuello con una navaja mariposa de casi 25 centímetros, que R.M. portaba encima cuando fue localizado y detenido.
Una de las víctimas, un joven de origen extranjero, optó por no denunciar por miedo a represalias. «Le habrían contado un poco que es el hermano de Morad, que puede hacer represalias, que fuera con cuidado», explican los Mossos. Este temor no es infundado, durante el interrogatorio, R.M. se mostró tranquilo y correcto, pero sin «un ápice de arrepentimiento». Los agentes lo describen como un perfil que «te da mala espina, porque no ve problema en lo que ha hecho».
Su peligrosidad se agrava por su incumplimiento sistemático de las medidas cautelares. En este caso, la juez de guardia impuso seis meses de internamiento cautelar, una decisión firme ante la evidencia —incluida la navaja encontrada en su posesión—. Sin embargo, las fuentes advierten que, dependiendo del juez, podría salir antes mediante recursos, especialmente si se alega integración familiar o estudios, algo que ya ha ocurrido en el pasado.
Alianzas en el barrio y un ecosistema delictivo: la influencia de Morad y La Florida
R.M. no opera en solitario. Su perfil criminal se enmarca en un entorno influenciado por su hermano Morad, quien, según las fuentes, «mueve bastante gente» en la zona, como si se tratara de una «mafia». Morad, con su fama como rapero de origen marroquí que ha triunfado en España, explota su renombre para mantener a un grupo de jóvenes —mayoritariamente de origen marroquí, algunos con nacionalidad española— «comiendo de su mano».
El hermano detenido emplea el mismo modus operandi, «no es que sea el jefe de una banda de delincuentes o de una organización criminal, sino que se aprovecha del renombre de su hermano, de su fama y de la imagen que vende de chaval de origen marroquí que triunfa aquí con el rap», detallan los Mossos. R.M. suelta «50 o 100 euros cada uno» para que estos jóvenes líen revueltas, apedreen coches o generen contenido violento en redes. Todos del barrio de La Florida en Hospitalet de Llobregat, un área que «cada vez va peor» y se asemeja a una periferia conflictiva de París (Francia).
Este ecosistema amplifica la peligrosidad de R.M., ya que genera un clima de intimidación. Las víctimas temen represalias porque saben que Morad «mueve dinero» y tiene a jóvenes «a sueldo suyo». Aunque R.M. es menor, su conexión con este entorno lo convierte en una figura temida, capaz de actuar con violencia impulsiva y respaldada por un grupo leal.
Un menor que actúa como un adulto delincuente: implicaciones judiciales y sociales
Pese a su minoría de edad, R.M. opera con la sofisticación de un delincuente habitual: porta armas, ataca sin motivo y evade responsabilidades. Las fuentes lamentan la dependencia del «juez de guardia que toque», ya que algunos son «garantistas» o «miedosos» a la hora de imponer medidas estrictas, optando por libertad vigilada en lugar de internamiento. En este caso, la decisión fue contundente, pero el historial de incumplimientos sugiere que el sistema no siempre logra contener perfiles como el suyo.
Este caso pone de relieve las problemáticas asociadas a menores reincidentes en entornos de inmigración no integrada, donde la lealtad a orígenes culturales choca con las normas españolas. Como destacan las fuentes, estos jóvenes «tienen un carné de un país que administrativamente les da beneficios, pero si les preguntas, en caso de conflicto entre Marruecos y España, no tengas dudas que los tendrás enfrente». R.M. encarna este desafío, un menor peligroso que, respaldado por alianzas con las que comparte origen y familiares, representa una amenaza real para la convivencia.
Los Mossos continúan la investigación, buscando a otros implicados en el ataque. Mientras, R.M. permanece en internamiento cautelar, pero su historial sugiere que, sin una intervención firme, podría reincidir pronto.