El Partido Popular vuelve a rendirse ante el PSOE. En esta ocasión, tal y como ha confirmado uno de los organizadores del evento, el exdiputado del Parlamento Europeo y exministro de Exteriores con Mariano Rajoy, José Manuel García-Margallo, participará en un acto promovido y financiado por el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática con motivo del 50º aniversario de la muerte de Francisco Franco.
El encuentro, que tendrá lugar este sábado 22 de noviembre en la Sala Changó de Madrid, forma parte del llamado Año Franco, una iniciativa impulsada por el Gobierno de Pedro Sánchez para reinterpretar —bajo su óptica— el medio siglo transcurrido desde el final del régimen franquista. El evento, presentado como un «maratón de 12 horas sobre cambio y libertad», cuenta con el sello institucional del Ejecutivo y la participación de perfiles próximos al PSOE.
Lo llamativo, sin embargo, es la presencia destacada de García-Margallo, figura histórica del PP y antiguo ministro durante la presidencia de Mariano Rajoy. Su asistencia se ha interpretado como un nuevo gesto de acercamiento hacia el discurso socialista, que vuelve a evidenciar el cómodo funcionamiento del bipartidismo clásico: cuando el PSOE marca la agenda, el PP acaba plegándose sin demasiada resistencia.
Mientras el Gobierno aprovecha la efeméride para reforzar su narrativa sobre la memoria histórica, la incorporación de un exministro popular al acto sirve en bandeja el mensaje de normalización y consenso que busca Moncloa.
Ni el contenido del programa ni la orientación ideológica del acto parecen haber sido impedimento para la participación de García-Margallo, quien suma así otro capítulo a la larga lista de gestos de cordialidad entre PP y PSOE. Una confirmación más de que, en los momentos clave, la oposición vuelve a mostrarse dócil y perfectamente integrada en la arquitectura bipartidista que tantos años ha sostenido la política española. De hecho, tampoco tuvo problema en reivindicar la Agenda 2030 de la que ahora algunos líderes autonómicos tratan de desmarcarse, llegando a compararla con el «evangelio».