«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
a través de actuaciones materiales sobre el litoral

Gibraltar agranda su territorio un 15% sobre el mar fuera de lo pactado en Utrecht

Gibraltar PSOE
Peñón de Gibraltar. Europa Press

Gibraltar ocupa hoy más superficie que la que España cedió al Reino Unido en 1713. El enclave británico ha incrementado su extensión en torno a un 15% tras cinco décadas de rellenos sobre el mar que han añadido cerca de un millón de metros cuadrados inexistentes cuando se firmó el Tratado de Utrecht. El resultado es un Peñón que ha pasado de los 5,8 kilómetros cuadrados históricos a superar los 6,7 actuales, tras incorporar un espacio equivalente a todo el Parque del Retiro de Madrid.

El crecimiento no ha sido fruto de una modificación formal del tratado internacional, sino de actuaciones materiales sobre el litoral. Allí donde antes había agua, hoy se levantan infraestructuras, explanadas portuarias y desarrollos urbanos. Según el análisis publicado por The Objective, la transformación se ha llevado a cabo mediante vertidos controlados de roca y materiales de construcción que han permitido crear suelo firme y urbanizable.

El núcleo de la controversia se encuentra en el alcance exacto de la cesión acordada en Utrecht. El texto recogía la entrega «de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas», sin mención alguna al istmo, a las aguas circundantes ni a futuras ampliaciones. Tampoco contemplaba la ocupación de terrenos adyacentes ni la generación de nuevas superficies ganadas al mar. Desde entonces, España mantiene que la soberanía británica se limita al perímetro original y que todo terreno creado con posterioridad queda fuera de lo estipulado en 1713. Reino Unido, por el contrario, considera que esas áreas forman parte integrante del enclave.

La expansión comenzó de forma sistemática en los años setenta, con un objetivo prioritario: reforzar la capacidad portuaria en la bahía de Algeciras. Encajado entre el mar y la roca, Gibraltar carecía de suelo suficiente para sostener su desarrollo económico. La solución consistió en avanzar sobre el litoral mediante rellenos sucesivos que habilitaron muelles, depósitos y servicios logísticos ligados al tráfico marítimo.

En las décadas siguientes, esa dinámica se extendió al ámbito residencial y comercial. Urbanizaciones completas como Ocean Village o Marina Bay se levantaron sobre terreno artificial, incorporando viviendas, puertos deportivos y zonas de ocio. Barrios enteros que no existían en la segunda mitad del siglo XX forman hoy parte del paisaje urbano del Peñón.

El aeropuerto constituye otro ejemplo significativo. Parte de su pista descansa sobre rellenos realizados en el istmo que une Gibraltar con el continente, un espacio especialmente sensible desde la perspectiva territorial. Esa ampliación reforzó la operatividad de una infraestructura estratégica para el enclave.

Ya en el siglo XXI, el recurso al mar como vía de crecimiento físico se ha mantenido. Sectores como los servicios financieros, el juego online y la actividad portuaria han incrementado la presión sobre un territorio con una de las mayores densidades de población de Europa. El proyecto Eastside, actualmente en ejecución en la fachada mediterránea, prevé nuevas superficies destinadas a viviendas, hoteles y un puerto deportivo, lo que seguirá modificando el contorno original del Peñón.

Las imágenes aéreas comparativas muestran con claridad esa transformación: tramos de litoral que en décadas pasadas formaban parte del mar aparecen hoy integrados en la trama urbana y portuaria. Son terrenos que no existían en 1713 y que, sin embargo, sostienen buena parte de la actividad económica actual de Gibraltar.

Esta realidad territorial se produce en paralelo al acuerdo alcanzado entre la Unión Europea y el Reino Unido tras el Brexit, conocido este jueves, que redefine la relación del enclave con el espacio comunitario. El pacto suprime la verja que separaba el Peñón de La Línea de la Concepción y traslada los controles al puerto y al aeropuerto, lo que integra de facto a Gibraltar en el espacio Schengen en materia de circulación de personas.

El nuevo marco no altera la soberanía británica ni la posición histórica de España sobre el territorio. La discrepancia sobre el alcance de Utrecht permanece intacta. Lo que sí cambia es el funcionamiento práctico de la frontera, en un contexto en el que Gibraltar, medio siglo después de iniciar su expansión sobre el mar, ocupa ya más espacio del que figuraba en el tratado que selló su cesión.

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