«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La iniciativa costará a los contribuyentes 3.619 euros

La ministra Mónica García gasta dinero público en cursos ideológicos sobre «género» para científicos del Instituto de Salud Carlos III

La ministra de Sanidad, Mónica García - Europa Press

El Ministerio de Sanidad de Mónica García ha contratado una nueva ronda de cursos ideológicos para el Instituto de Salud Carlos III, centrados en aplicar la llamada «perspectiva de género» a las investigaciones científicas. Los funcionarios de este prestigioso centro deberán recibir 40 horas de formación para aprender a incorporar planteamientos ideológicos a sus análisis sobre salud, dejando en segundo plano el rigor empírico o la evidencia científica.

La iniciativa costará a los contribuyentes 3.619 euros y forma parte del plan interno de formación del Instituto, con sesiones previstas entre octubre y noviembre de este año. Las clases se impartirán tanto de manera virtual como presencial, con un cupo limitado de 25 plazas.

Según los documentos oficiales, el objetivo de esta «acción formativa» es enseñar a identificar desigualdades de género en salud, incorporar el enfoque de género en el diseño y desarrollo de las investigaciones y utilizar herramientas teóricas de género para aplicar esta perspectiva a los estudios científicos.

Entre los planteamientos ideológicos que se impartirán se incluye considerar el género como un «determinante social de la salud», además de abordar la «brecha de género» en la representación científica. También se constituirán comisiones evaluadoras que tengan en cuenta la perspectiva de género en los criterios de calidad de los proyectos investigativos.

La deriva ideológica del Ministerio de Mónica García no se detiene ahí. En un reciente foro sobre salud y masculinidad, promovido por Sanidad, se afirmó que la llamada «masculinidad hegemónica» podría ser un factor de riesgo para la salud, en especial por fomentar la autosuficiencia y la resistencia a pedir ayuda médica.

Durante el evento se sostuvo que los modelos tradicionales de masculinidad —vinculados a la fortaleza, el silencio ante el dolor o el rechazo a mostrarse vulnerable— tendrían efectos nocivos sobre la salud de los varones, especialmente en cuestiones como adicciones o enfermedades mentales. El Ministerio se comprometió a estudiar si la masculinidad, en estos términos, es un «determinante de enfermedad» o puede reconducirse hacia «masculinidades saludables».

La conclusión del foro, avalada por altos cargos del Ministerio, fue que el sistema sanitario debe promover nuevos modelos masculinos desde la atención primaria, cuestionando los roles tradicionales de los hombres y fomentando comportamientos que encajen con las directrices de género que impulsa el Gobierno.

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