En 2025, las exportaciones españolas a Marruecos disminuyeron un 4,1% hasta situarse en 12.330 millones de euros, mientras las importaciones procedentes del país magrebí crecieron un 6% y alcanzaron los 10.426 millones, según datos oficiales del Gobierno recogidos por Okdiario. El saldo comercial bilateral se redujo a algo más de 1.900 millones a favor de España, una cifra inferior a la registrada en los años previos al cambio de posición de Pedro Sánchez sobre el Sáhara Occidental y a la ruptura diplomática y comercial de Argelia con España.
Los distintos planes comerciales impulsados por el Ejecutivo tras alinearse con Rabat en el conflicto saharaui no han logrado consolidar un aumento de las ventas españolas. Lejos de ese objetivo, el pasado ejercicio cerró con retroceso exportador y con un incremento de las compras de productos marroquíes, que superaron por primera vez la barrera de los 10.000 millones de euros.
La comparación con ejercicios anteriores resulta significativa. En 2021, antes de la ruptura con Argelia, la diferencia entre exportaciones e importaciones rozó los 2.300 millones a favor de España. En 2022, antes de que el Gobierno reforzara su apuesta comercial por Marruecos, el superávit alcanzó los 3.055 millones. Tanto en 2023 como en 2024 el saldo superó los 3.000 millones. Sin embargo, en 2025 se produce un descenso notable, con caída de ventas y reducción del superávit hasta los citados 1.900 millones.
Tras la crisis con Argel en junio de 2022, el Ejecutivo intensificó su aproximación económica a Marruecos. A comienzos de 2023 firmó un protocolo financiero por valor de hasta 800 millones de euros destinado a respaldar proyectos ejecutados por empresas españolas en territorio marroquí. En febrero de ese mismo año, Sánchez viajó a Rabat para escenificar el lanzamiento de esta nueva etapa comercial.
A ese respaldo financiero se suma el papel energético de España. Después de que Argelia clausurara en 2021 el gasoducto del Magreb —que transportaba gas argelino a España a través de Marruecos—, el flujo se invirtió. España comenzó a enviar gas a Marruecos por esa misma infraestructura. Se trata de gas natural licuado que el reino alauí adquiere en los mercados internacionales, incluida Rusia, y que se regasifica en plantas españolas antes de su reexportación. En 2025 se alcanzó el mayor volumen de envíos registrado hasta la fecha.
El apoyo económico no se limita a ese ámbito. El Gobierno ha concedido más de 1.000 millones de euros en ayudas y préstamos a Marruecos, entre créditos para la adquisición de bienes, financiación de desaladoras o apoyo para la compra de vehículos todoterreno.
Todo ello se produce en el contexto del giro histórico de Sánchez respecto al Sáhara Occidental, al respaldar la propuesta marroquí y abandonar la posición tradicional de España sobre el territorio. Una decisión que desencadenó la ruptura comercial con Argelia y que continúa rodeada de controversia política.
Sobre ese cambio estratégico planea además el episodio del espionaje con Pegasus al teléfono móvil del presidente. Diversas formaciones políticas han planteado interrogantes sobre el contenido de ese dispositivo y sobre el alcance de la información en manos de Rabat, en paralelo a la transformación de la política exterior española hacia Marruecos.