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«Tengo problemas reales con los que lidiar aquí en Florida»

DeSantis, sobre la detención de Trump: «Los fiscales de Soros son una amenaza para la sociedad»

El expresidente de EEUU Donald Trump y el gobernador de Florida, Ron DeSantis, en 2020. Europa Press

El más que creíble anuncio de Trump de que sería detenido esta semana por orden de un fiscal de distrito neoyorquino (supuestamente hoy martes, pero más probablemente algún otro día de esta semana) ha planteado en Estados Unidos cuestiones cruciales sobre la continuidad del Estado de Derecho y la utilización de magistrados progresistas para reprimir a los opositores al régimen. Pero entre quienes tienen ya la vista puesta en las presidenciales de 2024 también flotaba otro interrogante de interés: ¿por qué no dice nada Ron DeSantis?

Sobre el papel, lo que opine el gobernador de un estado sobre una actuación judicial no debería ser lo más relevante del mundo, pero en la práctica todos sabían que DeSantis estaba ante un dilema endiablado.

Veamos: desde que Trump anunció su intención de concurrir a la primarias republicanas para postularse como el candidato del partido a las presidenciales del año que viene, no ha hecho otra cosa, fuera de los obligados ataques a la administración demócrata, que disparar munición gruesa contra el gobernador de Florida.

Es evidente que el neoyorquino ve en DeSantis a su rival más peligroso en las primarias, así que sus andanadas han sido de lo más viciosas, en el sentido americano del término: golpes bajos, insinuaciones, burlas y medias verdades. Trump tiene pegada, eso es indudable.

Pero lo curioso del caso es que DeSantis no se ha postulado. El gobernador de Florida, que en su día mereció el apoyo de Trump para llegar a su puesto, puede hacer una tranquila ostentación de sus poderes, no en promesas, sino en realidades. Su batalla victoriosa y denodada contra Washington ―sobre las restricciones de pandemia, sobre las vacunas, el wokismo de Disney o de las escuelas, la teoría de género, las inmigración ilegal y la Teoría Racial Crítica― le valió en las pasadas elecciones de medio mandato convertirse en el republicano con una victoria más aplastante sobre sus rivales demócratas, demostrando que ya no es meramente un antiguo protegé del Gran Donald.

La respuesta de DeSantis a la lluvia de descalificaciones por parte de Trump ha sido un digno silencio, para desesperación del equipo del expresidente. No tiene que responder, solo gobernar Florida.

Pero ahora, con el anuncio de la detención de Trump por orden del fiscal de distrito demócrata de Manhattan, Alvin Bragg, acusándole de malversación de fondos de campaña para comprar el silencio de una actriz porno con la que sostuvo presuntamente un affair, llega el dilema.

Por una parte, guardar silencio ante una instrumentalización tan evidente de la justicia para impedir que Trump vuelva a presentarse, el gobernador no puede mantener su silencio. Por otra, lanzarse a una defensa incondicional y lacayuna de Trump le haría pasar por la humillación pública de salir en apoyo de quien está arrastrando su nombre por el fango un día sí y otro también.

Al final, ha hablado, y lo ha hecho con habilidad: ha insistido mucho más en el fuero (la acción indecentemente partidista del fiscal y el riesgo para el estado de derecho) que en el huevo (el supuesto delito cometido por Trump).

«Ha oído una tormenta de rumores», declaró DeSantis. «Todavía no he visto ningún hecho, así que no sé qué va a pasar. Pero sí sé esto: sé que el fiscal de distrito de Manhattan está financiado por Soros. Y que, al igual que otros fiscales financiados por Soros, instrumentalizan su cargo para imponer una agenda política en la sociedad a expensas del estado de derecho y la seguridad pública».

Los fiscales de Soros no son ninguna broma. El multimillonario financia las campañas de estos magistrados, dedicados a minimizar los cargos presentados contra los más violentos criminales. Y no deja de ser curioso que su papel sea presentar los delitos como faltas, cuando en el caso de Trump ha hecho lo contrario: elevar lo que, en el mejor de los casos, sería una falta, al grado de delito. Lo denunciaba así DeSantis en su declaración: «Ha reducido más del 50% de los delitos a meras faltas. Dice que su intención es que la mayor parte de los delincuentes ni siquiera tengan que pasar un día en la cárcel. Y hemos visto cómo en Manhattan se ha disparado la tasa de criminalidad y cómo crece la inseguridad entre los ciudadanos».

«Los fiscales de Soros son una amenaza para la sociedad, y me alegro de ser el único gobernador del país que de hecho ha destituido a uno de ellos durante mi mandato», señaló.

DeSantis también dijo que su oficina no se verá involucrada en una «crisis fabricada» por el fiscal de distrito de Soros.

«No nos involucraremos en esto», agregó. «No tengo ningún interés en involucrarme en algún tipo de circo fabricado por algún fiscal de distrito de Soros… Está tratando de hacer un espectáculo político. Está tratando de hacer postureo para su base. Tengo problemas reales con los que lidiar aquí en Florida».

Y un poco de veneno para su rival: «En realidad no sé qué implica pagarle dinero a una estrella porno para asegurar el silencio sobre algún tipo de supuesta aventura», agregó. «Simplemente, no puedo hablar de eso, pero de lo que sí puedo hablar es de que si tienes un fiscal que ignora los delitos que ocurren todos los días en su jurisdicción, y elige reducir los cargos en muchos de ellos, enjuiciar un caso viejo de pagos para comprar el silencio de estrellas porno, bueno, eso es un caso claro de uso político e instrumentalización del cargo».

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