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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Berlusconi, de nuevo ante la Justicia… para pedir ayuda

El líder de Forza Italia, Silvio Berlusconi

Silvio Berlusconi vuelve a ser noticia una vez más por su comparecencia ante un tribunal de justicia pero esta vez por motivos exactamente contrarios a los tradicionales en él…

El exprimer ministro italiano no comparece ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos para intentar evitar que le condenen, sino precisamente para lo contrario: es decir, que le levanten la condena ante la cercanía de las elecciones generales en Italia, ya que dicha condena le impide ejercer cargo público hasta finales de 2019.
En efecto, debe recordarse que Silvio Berlusconi, aunque nunca ha dejado de ser el líder del partido que él mismo fundó (Forza Italia), desde noviembre de 2013 no puede desempeñar función pública alguna como consecuencia de dos hechos fundamentales: en primer lugar, la condena a dos años de prisión en sentencia firme por el llamado caso Mediaset; y segundo, la aplicación de la conocida como Ley Severino, que impide ejercer cargo público a todo aquel ciudadano italiano que se encuentre condenado en sentencia firme, lo que sucedió en el citado caso Mediaset. Esta es la razón por la que en la histórica jornada del 27 de noviembre de 2013 Berlusconi fue expulsado del Senado italiano, donde ocupaba un escaño en su condición de exprimer ministro, y de que, al mismo tiempo, perdiera su título de Cavaliere del Estado italiano, una condecoración que había recibido en el año 1977 por su conocida y exitosa trayectoria laboral como empresario de los medios de comunicación.

En aquel momento todo parecía haberse acabado para Berlusconi, pero este, una vez más, volvió a resurgir de sus cenizas. Prueba de ello es que su apoyo acabaría siendo decisivo para el sostenimiento del Gobierno Renzi durante todo el año 2014 (en virtud del Pacto del Nazareno), y también lo ha sido, por ejemplo, la reciente aprobación de la ley electoral con la que van a concurrir los italianos en las elecciones generales de febrero o marzo del año que viene (la llamada Rosattellum bis).
Berlusconi, que en septiembre pasado cumplió ochenta y un años y que ya ha sido operado dos veces a corazón abierto (la primera en 2006 y la segunda diez años después, en 2016), quiere volver a ser cabeza de cartel en esas elecciones generales a pesar de que la condena que pesa sobre sus hombres prohíbe la posibilidad de que esto le lleve a ocupar de nuevo un cargo público. Pero él, como en tantas otras ocasiones, ya ha previsto esta posibilidad, y prueba de ello es que la citada Rosattellum bis le permite liderar su partido en las elecciones aunque luego no pueda ocupar cargo público.
Además, ha recurrido, una vez más, a los mejores abogados y tendrá razones para esgrimir en su defensa ante los miembros que componen el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. Así, según los letrados que defienden al político y empresario lombardo, con su inhabilitación política se habría vulnerado el artículo 7 de la Convención Europea de Derechos humanos, que sostiene que “no hay pena sin ley”, y que, por tanto, las leyes no pueden aplicarse con carácter retroactivo: de esta manera, dicen esos mismos letrados, Berlusconi habría sido privado injustamente de sus derechos por el delito de fraude fiscal cometido anteriormente a la entrada en vigor de la Ley Severino, que tuvo lugar en enero de 2013. No piensa lo mismo, sin embargo, el Gobierno italiano, representado por la jueza María Giuliana Civinini, quien ha afirmado que con la aplicación de la Ley Severino no se violaron los derechos del exPrimer Ministro, al tiempo que recordó que los artículos 6 y 7 de la Convención europea para los derechos humanos, invocados por los abogados del magnate, no se pueden aplicar a las leyes electorales.

El problema de todo ello es que Berlusconi, en algo en lo que él se mueve con suma habilidad, ha vuelto generar un amplio debate en Italia. Porque, según los procedimientos de este tribunal, esta sentencia podría tardar alrededor de seis meses en darse a conocer, cuando en este momento las elecciones generales, a la espera de que se aprueben los Presupuestos Generales del Estado, está previsto que tengan lugar el 4 de marzo. Ello ha llevado a que una parte de la opinión pública transalpina pida que se acorten los plazos, ya que consideran que si el tribunal acaba dando la razón a Berlusconi, entonces éste podría sumar muchos más votos al quedar libre de dicha condena.
Es posible que eso sea así, pero también conviene recordar que Berlusconi tiene más condenas y juicios pendientes: condenas, por ejemplo, como la de varios años de cárcel por haber sobornado en 2008 a un grupo de senadores para hacer caer el Gobierno Prodi; y juicios, como el que tiene en relación a los presuntos sobornos realizados a las prostitutas que testificaron en el caso Ruby y que afirmaron que Berlusconi desconocía que la famosa prostituta marroquí (llamada en realidad Karima el Marough) era menor de edad en las fechas en que mantuvo sus encuentros con Berlusconi en Villa Arcore (hablamos de los llamados “bunga-bunga”).
Pase lo que pase, Berlusconi, que acaba de pasar por un duro tratamiento de rejuvenecimiento, se encuentra más animado que nunca a ir a la contienda electoral después de que la coalición de centroderecha que él lideró hace unas semanas en las elecciones regionales de Sicilia ganara los comicios. Unos comicios que supusieron la derrota tanto del Movimiento populista Cinco Estrellas de Grillo y Di Maio, como de Matteo Renzi, candidato del Partido Democrático (PD), que en este momento se encuentra a la espera de poder cerrar la también coalición de centroizquierda con la que piensa concurrir a unas las elecciones generales que parecen van a ser muy competidas.
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