La Comisión Europea prepara un nuevo golpe contra los agricultores y ganaderos europeos. Apenas semanas después de impulsar el polémico acuerdo con Mercosur, Bruselas ha retomado con fuerza las negociaciones para un acuerdo comercial con Australia que abriría aún más el mercado europeo a carne importada producida bajo estándares muy inferiores a los exigidos dentro de la Unión.
La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, tiene previsto viajar a Australia a mediados de febrero para relanzar unas negociaciones iniciadas en 2018 y bloqueadas hasta ahora por el rechazo frontal del sector agrícola europeo. Previamente, el comisario de Comercio, Maroš Šefčovič, se reunirá en Bruselas con su homólogo australiano, Don Farrell, para allanar el camino.
El principal punto de fricción vuelve a ser la agricultura y la ganadería. Australia exige una mayor apertura del mercado europeo a su carne de vacuno, con cuotas que inicialmente alcanzaban las 80.000 toneladas y que, tras sucesivas rebajas, se sitúan ahora en torno a 24.000 toneladas anuales. Para los productores europeos, la cifra sigue siendo inasumible.
«Estas cuotas deben analizarse junto a todos los demás acuerdos comerciales, incluido Mercosur», advirtió Jacek Zarzecki, vicepresidente de la Plataforma Polaca de Carne Sostenible. «Eso significaría otra avalancha de carne con aranceles reducidos —o incluso nulos— entrando en el mercado europeo, lo que es devastador para nuestros ganaderos».
Polonia, quinto productor de carne de vacuno de la UE y segundo exportador tras Irlanda, sería uno de los países más afectados. Australia, además, es uno de los mayores productores mundiales de cordero y ovino. El precedente del Reino Unido, donde los agricultores han denunciado la entrada masiva de carne australiana tras el Brexit, refuerza los temores del sector.
Las críticas no se limitan al impacto económico. Agricultores, ganaderos y expertos denuncian el colapso del relato climático de Bruselas, que mientras impone restricciones asfixiantes al campo europeo, promueve acuerdos que fomentan la importación de alimentos desde el otro extremo del planeta.
En el caso de Mercosur, estudios citados por organizaciones críticas estiman que el acuerdo podría incrementar la deforestación en Sudamérica en al menos un 5% anual durante varios años, con hasta 700.000 hectáreas de bosque destruidas en un sólo año para ampliar la producción ganadera. Aunque el impacto del acuerdo con Australia sería menor, el principio es el mismo: importar carne tras recorrer miles de kilómetros, aumentando las emisiones y socavando la soberanía alimentaria europea.
«La producción de carne en Europa cae año tras año y cada vez cierran más explotaciones», explicó Zarzecki. «Si desaparece la producción local, será sustituida por carne importada. El mayor problema que afrontamos hoy es la falta de estabilidad jurídica y política».
El nuevo acuerdo con Australia se suma así a una larga lista de pactos impulsados por Bruselas que sacrifican al agricultor europeo, debilitan la seguridad alimentaria y exponen la hipocresía climática de una UE que castiga al campo mientras abre las puertas a importaciones masivas desde fuera.