«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
se agrava la crisis del campo

Las políticas «verdes» de Bruselas disparan el precio de la carne y empujan a la desaparición de la ganadería europea

Ursula von der Leyen. Europa Press.

El mercado europeo de la carne atraviesa una contradicción cada vez más evidente: los precios se disparan en los supermercados mientras el campo pierde explotaciones y reduce su cabaña ganadera a un ritmo sostenido. En la última década, la Unión Europea ha perdido cada año 1,7 millones de vacas y un millón de ovejas, según datos oficiales, en un proceso que amenaza la viabilidad de la ganadería extensiva.

Desde 2015, el retroceso es generalizado. La cabaña bovina ha caído un 9,7%, hasta los 71,5 millones de animales en 2025. Las vacas lecheras han descendido un 11,8%, las ovejas un 30,7% y las cabras un 19,8%. En España, el desplome es especialmente acusado en cabras (-31,2%), ovejas (-14,4%) y vacuno lechero (-9,8%), mientras el vacuno total apenas crece un 1,8%.

Este descenso de la oferta ya tiene reflejo directo en los precios. En 2025, el IPC de la carne de vacuno subió un 14,2% en la UE y un 17,2% en España. En el caso del ovino, el incremento fue del 8,2% en Europa y del 7,4% en el mercado nacional. El encarecimiento se produce sin un aumento equivalente del consumo, lo que evidencia un desequilibrio estructural.

El comisario europeo de Agricultura, Christophe Hansen, reconoció recientemente que «la gente no come más carne que hace diez años», situando el problema en la caída de la oferta. Sin embargo, los precios al alza no están atrayendo nuevas inversiones. Al contrario, según la patronal cárnica, muchos ganaderos optan por abandonar la actividad ante la falta de rentabilidad a largo plazo.

El impacto de las políticas verdes y la burocracia

El sector apunta directamente a Bruselas. La aplicación del Pacto Verde Europeo ha intensificado la presión regulatoria sobre el campo. A ello se suma la reducción de ayudas de la PAC, que en algunos casos alcanza el 70%, según la Asociación Española de Productores de Vacuno de Carne (Asoprovac).

Este endurecimiento normativo convive con decisiones como la del Gobierno de Países Bajos, que desde 2023 destina más de 1.700 millones de euros a pagar a ganaderos para que cierren sus explotaciones con el objetivo de reducir emisiones de nitrógeno. El resultado es un clima de desincentivo generalizado hacia la actividad ganadera.

Desde el sector advierten de que este proceso no sólo tiene consecuencias económicas. El abandono de la ganadería extensiva implica la degradación de ecosistemas y aumenta el riesgo de incendios forestales. Cabras y ovejas, esenciales para el mantenimiento del monte mediante el pastoreo, desaparecen mientras se reduce su función ambiental.

Del campo al modelo intensivo

Ante este escenario, el vacuno evoluciona hacia modelos intensivos, considerados los únicos rentables. También crecen los sistemas integrados, en los que la industria controla la producción y el ganadero aporta instalaciones y mano de obra a cambio de estabilidad económica, aunque pierde autonomía.

El ejemplo más claro se encuentra en el porcino. Mientras la cabaña de cerdos cae un 8,8% en la UE, en España ha aumentado un 18,6%, impulsada por este modelo industrial. Este sistema ha consolidado grandes grupos y ha convertido al país en potencia exportadora, pero también ha acelerado la desaparición de pequeñas explotaciones.

La presión exterior agrava el problema

A la crisis interna se suma la política comercial de Bruselas. El acuerdo con Mercosur permitirá la entrada de 99.000 toneladas anuales de carne de vacuno. A ello se añaden las cuotas ya pactadas con países como Australia, Nueva Zelanda y Canadá.

En conjunto, estas importaciones equivalen al 3% de la producción europea de vacuno y al 12% de la de ovino y caprino. Una apertura que, según el sector, incrementa la competencia exterior en un momento de debilidad estructural del campo europeo.

El resultado es una espiral difícil de revertir: menos ganaderos, menos producción, precios más altos y una creciente dependencia del exterior. Mientras tanto, la ganadería extensiva, clave para el equilibrio rural y ambiental, se acerca a un punto de no retorno en amplias zonas de Europa.

+ en
Fondo newsletter