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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Orbán habla claro: Si Schengen no funciona… adiós a Schengen

«Yo no critico a Bruselas, sino a los políticos y burócratas de Bruselas, que actúan como si fueran el centro de un imperio», ha declarado el primer ministro húngaro, Viktor Orbán.

Lo ha vuelto a hacer. En una entrevista concedida al dominical del diario alemán Die Welt, la ‘bestia negra’ de los globalistas comunitarios se ha despachado a gusto exponiendo con su habitual lenguaje directo esa ‘Europa alternativa’ que el Grupo de Visegrado, Austria y cada vez más europeos de a pie quieren mantener.
El proyecto es, en realidad, sencillo, porque equivale a lo que fue en su día la Unión Europea, lo que se firmó al entrar: un club de Estados, no un nuevo Estado. Sin embargo, los eurócratas son cada día más explícitos en sus planes para avanzar hacia lo segundo, y más impacientes con los disidentes liderados por Orbán.
Lo que quiere, en fin, es una UE con un parlamento con poderes limitados, con «un consejo fuerte» de jefes de Gobierno, y con una «comisión que, en vez de elaborar políticas, sirva de guardiana de los tratados».
La Europa que están preparando ahora mismo desde Bruselas, alerta Orbán, es una que pretende hacer ‘tabula rasa’ con la ineludible herencia cristiana del continente y con las peculiaridades culturales de sus naciones. «Queremos nuestra identidad nacional y cristiana», insiste.
Es como si el Este de Europa, tras medio siglo mantenido en ‘suspensión cultural’ bajo el yugo soviético, volviera a la libertad y a reunirse con sus viejos vecinos para darse cuenta de que es ya imposible entenderse con ellos.
Como, por ejemplo, la espinosa cuestión de la crisis migratoria. Para Orbán, es evidente que se trata de un asunto interno de cada país decidir a quién deja entrar y a quién no, no puede imponerse desde fuera. «No dejaremos que sea Bruselas la que nos diga a quién debemos admitir», asegura. Por lo demás, comenta Orbán, la libertad de movimientos entre fronteras dentro de la UE que proporciona el mercado único y el Tratado de Schengen solo puede mantenerse si el propio club europeo se toma en serio el control de sus fronteras exteriores. En caso contrario, advierte, «deberemos cerrar nuestras fronteras», Schengen o no Schengen.
Hungría lo tiene peor que otros países en este aspecto, porque es tierra de paso, en los bordes de la Unión, mientras que Alemania no tiene ese problema, al menos.
Lejos de aceptar el cargo de insolidario, el húngaro recuerda que su país se ha gastado ya mil millones de euros en contribuir al control de las fronteras de la UE y que, en lugar de una compensación, solo ha recibido críticas a cambio.
Por el contrario, la prueba de que Bruselas no es seria con la inmigración masiva, ilegal y descontrolada es que permite a un entramado de ONGs saltarse todos los controles descarada y abiertamente. En este sentido, la nueva legislación húngara sobre organizaciones sin ánimo de lucro pretende evitar situaciones como esta, una legislación que se enfrenta a la rabiosa oposición de lo que Orbán llama «la red Soros», porque ahora se ven obligadas legalmente a reconocer su vinculación operativa y financiera con el magnate internacional.
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