Orbán, contundente: 'No debemos ceder ni una pulgada de nuestra soberanía'

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ha comparado determinados aspectos de la burocracia bruselense con el deshumanizador despotismo soviético


El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ha denunciado en ingentes ocasiones a la deriva tiránica de la Unión Europa, que en los últimos tiempos se afana en someter a los Estados-Nación a sus designios. Por eso, no debería desconcertarnos que lo haya hecho otra vez en la reciente inauguración de un monumento edificado para recordar a las víctimas de la ocupación soviética en Hungría.
En este contexto, Orbán ha comparado determinados aspectos de la burocracia bruselense con el deshumanizador despotismo soviético: ‘Cada cierto tiempo, el espíritu de Marx, Lenin y los campos de reeducación emerge en Europa. Las elecciones italianas no reflejaron las preferencias de Bruselas, y, en respuesta, algunos dijeron que los mercados enseñarían a los italianos a votar’.
Recordemos, en este sentido, que el comisario europeo Gunter Oettinger, consternado por la victoria del Movimiento 5 Estrellas en los comicios transalpinos, pronunció unas difícilmente tolerables declaraciones en las que insinuaba la necesidad de tutelar a los italianos: ‘Los mercados enseñarán a los italianos a no votar en las próximas elecciones a partidos populistas’.
De este modo, el primer ministro magiar se ha referido a la persecución a la que el organismo comunitario somete a todo discrepante, a todo aquél que no comulgue con los principios fundamentales de la posmodernidad: ‘Hay personas que quieren iniciar contra nosotros todo tipo de procedimientos sólo porque vemos el mundo de forma diferente a ellos o porque no queremos convertirnos en un país de inmigrantes’.

La ocupación soviética como enseñanza

Durante el transcurso de su lúcida alocución, el mandatario húngaro ha mentado las enseñanzas que los hombres de hoy pueden aprehender de la ocupación soviética. Entre ellas, por supuesto, la necesidad de la soberanía: ‘Tras la II Guerra Mundial, aprendimos que nuestro más precioso activo es la soberanía. Pagamos el precio de nuestra debilidad, de nuestra falta de independencia, con la abducción, la deportación, y el desplazamiento de cientos de miles de personas’.
Tal y como ha aseverado Orbán, la experiencia del yugo soviético conmina a los húngaros a no claudicar ante las acometidas de la burocracia bruselense: ‘No debemos ceder ni una pulgada de la soberanía húngara, pues sabemos bien que, si les entregamos una pulgada, tomarán una milla. Este memorial nos obliga a crear una Hungría en la que no puedan ocurrir eventos semejantes. Así, todas las ideas irracionales, los pensamientos confusos y los planes que sirven a intereses extranjeros deben ser mantenidos fuera de nuestras fronteras.

La izquierda posmoderna y el comunismo

En su discurso, el primer ministro húngaro ha criticado la costumbre de la izquierda contemporánea de obviar los crímenes perpetrados por los líderes comunistas a lo largo del S.XX: ‘En Europa occidental, la izquierda ha exaltado el comunismo incluso después de que millones hubiesen muerto en el seno de las dictaduras rojas’.
En esta línea, Orbán se ha jactado de que en Hungría nunca hayan llegado a florecer esas deletéreas ideologías que emponzoñaron de sangre el S.XX europeo. Ni el nacional-socialismo ni el comunismo ni el imperalismo colonialista han gozado nunca de demasiado predicamento en Hungría, tal y como ha recordado el primer ministro.

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