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Récord de amenazas y agresiones en los centros de inmigración suecos

Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Las autoridades suecas presumen de contar con «mecanismos de integración efectivos», pero la realidad es bien diferente.


Suecia ha batido un nuevo récord. En los primeros nueve meses de 2017, la junta sueca de migración ha tratado 2.875 incidentes graves contra su personal, incluyendo amenazas de violación, agresiones y varias alertas por fuego en sus centros de acogida.
Las autoridades suecas, que durante su disputa con Donald Trump presumieron de contar con «mecanismos de integración efectivos», se muestra ahora incapaces de controlar la situación. El temor entre las trabajadoras de la junta es evidente, pues ya han existido quince casos de acoso sexual.
Según Breitbart, que recoge el testimonio de una de las empleadas de la administración sueca, este tipo de sucesos se repiten con asiduidad: «Es un problema que nos preocupa, es muy grave». Las amenazas llegan a menudo a través del teléfono: «¿Qué estás haciendo, puta?», le espetó un solicitante de asilo a Maria Johansson.
En Södermanland, un inmigrante persiguió a la trabajadora del centro y trató de besarla en repetidas ocasiones hasta que logró apartarle. En Norrland, otro recién llegado se personó en las instalaciones de acogida y amenazó con «matar» a todos los hombres y violar a todas las mujeres.
Las amenazas contra los empleados de este tipo de centros son habituales, a pesar de que las autoridades se esfuercen en hacer creer lo contrario. El caso más conocido en Suecia es el de Alexandra Mezher, que fue asesinada por un hombre somalí que había sido registrado con una identidad falsa.
En Alemania, la refugiada María Ladenburger fue violada y asesinada por un inmigrante afgano que también admitió haber mentido sobre su edad.

Falsedad documental

Un pediatra sueco desmontó en el mes de septiembre del año pasado las cifras que las autoridades ofrecían a diario acerca de la crisis de refugiados. Este hombre, encargado de tratar a alguno de los miles de recién llegados, aseguró haber visto a muchas personas catalogadas como niños que en realidad eran mayores de edad e incluso algunos de ellos superaban los cuarenta años.
“Son muchos los casos de supuestos niños que tienen barba y bigote”, aseguró Josef Milerad, cuyas palabras crearon conmoción en todo el país. Suecia ha acogido durante el último año a 31.000 solicitantes de asilo, unas cifras muy elevadas teniendo en cuenta su población. Sin embargo, sorprendía que el número de menores no acompañados en la Agencia de Inmigración fuera tan elevado.
Milerad aseguró que estas cifras están adulteradas y mostró para ello el caso de varios adultos que trataron de hacerse pasar por niños. Las condiciones para los menores no acompañados son mucho más beneficiosas -es más complicado que sean deportados-, por lo que muchos refugiados tratan de lograr este estatus.
Las pruebas llevadas a cabo por las autoridades suecas para verificar la edad real de los niños eran “ingenuas e insuficientes”. Según aseguró Milerad, es el “momento” de que el Gobierno cree un plan para agilizar y mejorar este proceso que incluya pruebas médicas más fiables. En su lugar de trabajo, este pediatra trató a “muchos refugiados” clasificados como niños cuando “al menos el 40% eran mayores de edad”.
Milerad también denunció la persecución mediática a todos aquellos que se atrevían a cuestionar las políticas migratorias del país. “Propones mayor seguridad y te tachan de xenófobo”, sentenció. “Mucha gente no tiene el valor de hablar, pero somos bastantes los que opinamos igual. Es el momento de poner freno a este atropello”, explicó.
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