Una operación internacional liderada por Suecia junto a Europol ha permitido detener a 280 personas vinculadas a redes de «violencia por encargo», un modelo criminal en expansión que utiliza redes sociales, aplicaciones de mensajería y plataformas digitales para reclutar a jóvenes —en muchos casos menores— y convertirlos en ejecutores de ataques violentos.
La operación, denominada Grimm, fue lanzada en abril de 2025 y cuenta con la participación de once países europeos: Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Islandia, Países Bajos, Noruega, España, Suecia y Reino Unido. En su primer año, las autoridades han identificado a más de 1.400 personas relacionadas con estas redes criminales, según Europol.
El fenómeno investigado por las fuerzas de seguridad ha sido definido como «violencia como servicio»: bandas organizadas que ofrecen o contratan agresiones, tiroteos, atentados con explosivos o asesinatos a través de intermediarios digitales, en una suerte de economía criminal bajo demanda. Europol advierte de que este modelo permite a los cabecillas mantener distancia operativa mientras utilizan a jóvenes reclutados en internet como mano de obra desechable.
Suecia aparece en el centro de esta amenaza. Según medios suecos, casi la mitad de los detenidos tienen vínculos con redes criminales suecas, y entre los arrestados hay incluso niños de entre 10 y 12 años, lo que evidencia el grado de penetración de estas mafias en entornos juveniles.
Las autoridades señalan que los grupos criminales se aprovechan de menores por su vulnerabilidad y, en algunos países, por los límites legales para procesarlos penalmente. En Suecia, los menores de 15 años no pueden ser perseguidos penalmente, un factor que las bandas han explotado para encargar delitos de extrema gravedad con menor riesgo judicial para sus estructuras.
La dimensión transnacional del fenómeno ya ha quedado acreditada en varios casos. Europol ha señalado investigaciones relacionadas con menores desplazados entre países para participar en ataques, así como sospechosos vinculados a tiroteos, explosiones, asesinatos y tráfico de drogas. La agencia también ha incluido a objetivos de alto valor en la lista europea de los más buscados por su presunta participación en estas redes.
La cooperación con empresas tecnológicas ha sido otro de los ejes de la operación. Los investigadores han detectado que las redes criminales utilizan aplicaciones cifradas, redes sociales e incluso plataformas frecuentadas por adolescentes para contactar, captar y dirigir a los ejecutores. En Países Bajos, responsables policiales han advertido de que el fenómeno se está extendiendo «como la pólvora» por Europa y que ya se observan menores de 13 o 14 años implicados en este tipo de dinámicas.