La ciudad de Leipzig (Alemania) vive desde hace meses bajo la presión de una oleada de delincuencia protagonizada por un grupo de inmigrantes menores de edad que tiene desbordadas a las fuerzas de seguridad. La banda juvenil integrada por niños y adolescentes acumula ya más de 150 delitos constatados en distintos distritos de la ciudad, una cifra que, según reconocen fuentes policiales, sólo refleja una parte de una actividad criminal mucho más amplia.
El núcleo del grupo lo forman dos hermanos gemelos de apenas once años. Según la policía, ambos son originarios de Sudán del Sur y cuentan con la ciudadanía alemana, al igual que sus padres, por lo que a todos los efectos son considerados ciudadanos alemanes. Otros miembros de la pandilla tienen raíces chechenas. Esta situación se produce en un contexto en el que Leipzig ha multiplicado por cinco el número de nacionalizaciones, según datos de Junge Freiheit.
Los investigadores creen que la banda puede estar compuesta por hasta 14 menores, con una estructura cambiante y miembros que entran y salen. Su punto habitual de encuentro se sitúa en un parque infantil del barrio de Grünau. Todos los implicados presentan un patrón común: apenas acuden a la escuela o directamente no lo hacen.
La gravedad de los hechos ha obligado a crear un equipo especial de investigación. «Ya no se trata sólo de puñetazos en la cara, sino también del uso de cuchillos, pistolas de fogueo y gas pimienta», detalla un funcionario al medio alemán Leipziger Volkszeitung.
Los testimonios de comerciantes y vecinos dibujan un escenario de inseguridad constante. El propietario de una tienda relató a Welt-TV que los menores roban de forma reiterada en un centro comercial de Leipzig-Grünau y no dudan en emplear la violencia, incluso contra personas mayores, a las que empujan por las escaleras mecánicas. Las prohibiciones impuestas carecen de efecto los jóvenes, que regresan una y otra vez a delinquir.
La situación ha alcanzado también al entorno escolar. Alumnos de una escuela Montessori privada del barrio han sufrido amenazas y robos a la ida y a la vuelta de clase. Ante el riesgo, el director del centro ha ordenado que los menores no regresen solos a sus casas.
Pese a la magnitud de los hechos, la respuesta del Estado es limitada. En Alemania, la edad de responsabilidad penal se fija en los 14 años, lo que deja a la Policía sin margen de actuación. El único detenido hasta la fecha es un joven de 15 años, que ingresó en prisión preventiva el pasado 10 de diciembre. Mientras tanto, Leipzig permanece atrapada en una espiral de violencia juvenil ante la impotencia de un sistema incapaz de poner freno a la reincidencia.