«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Aunque no es seguro que puedan dar los números

Una coalición con los socialistas, la opción «preferida» por la CDU para mantener el cordón antidemocrático a AfD

Carteles electorales en Alemania. Europa Press

Los números no dan, la aritmética parlamentaria no sale y las coaliciones teóricamente posibles son políticamente imposibles. El Bundestag que salga de las elecciones de este domingo lo va a tener endiabladamente difícil para formar un gobierno, como en el acertijo del granjero con la col, la cabra y el lobo.

El panorama es el siguiente: hay un partido que no puede tocar poder, de ninguna manera; un partido que sube como la espuma (es ya el número dos), pero plantea soluciones para Alemania que son inaceptables, impensables para los partidos del sistema: los soberanistas de Alternativa para Alemania (AfD).

El problema es que AfD responde a las demandas de una mayoría de los alemanes, aunque estos no se atrevan a votarles mayoritariamente, asustados por la propaganda oficial. AfD propone acabar con la riada migratoria y deportar a los ilegales, y reindustrializar el país tirando a la basura la «agenda verde», ambos puntos absolutamente ‘verboten’ para el sistema. Así que todos los demás partidos se han conjurado para aislarles.

Pero todas las demás combinaciones parecen vetadas. El partido que tiene todas las papeletas para lograr una mayoría relativa, el binomio democristiano CDU/CSU, con Friedrich Merz como candidato a canciller, no logra pasar del 30% de intención de voto.

En cualquier combinación imaginable, la CDU va a gobernar. Pero, ¿con quién? Lo que pide el «establishment» es volver a una tradición muy alemana para situaciones desesperadas como esta: la ‘Grosse Koalition’, la gran coalición contra natura entre democristianos y socialistas del SPD. Sólo que, para empezar, no es seguro que den los números por la debacle socialista.

Aunque el CDP acusó a la CDU de haber «abandonado el centro», que es el único espacio del espectro político que se puede ocupar en la política alemana, tras el pecado imperdonable de aceptar los votos de AfD en el Parlamento el mes pasado. La ofensiva llegó tan lejos como para que un alto dirigente de los socialistas se refiriera al «Führer Merz», algo que en Alemania no es ninguna broma.

Para llegar a una coalición, ambos partidos tendrían que retractarse de demasiadas cosas, pagarían sus concesiones con una sangría de votos para futuras elecciones.

Merz, consciente de esto, se ha planteado votar con los Verdes. Primer problema: los Verdes no van a conseguir escaños suficientes para darle a Merz la mayoría. Esto podría salvarse incorporando al SPD, pero ya hemos visto que no está el horno para bollos. O con los liberales del FDP, pero estaríamos en las mismas, y eso si los liberales logran el 5% necesario para volver al Bundestag, que está por ver. Sin contar con que el FDP ha descartado solemnemente volver a pactar con los Verdes.

Segundo: los Verdes se oponen al plan migratorio de Merz con tanto o mayor ardor que el SPD. Eso, por no hablar de la estrategia alcanzada en el congreso de la CDU para cargarse todas las leyes propuestas por los Verdes. Y sin contar con que el votante de la CSU no traga al ministro «verde» Robert Habeck, a cuyas ordenanzas medioambientales acusan de la desindustrialización creciente de Alemania.

Sólo queda lo prohibido, lo impensable: acercarse a AfD. Muchos observadores creen que todas las rimbombantes declaraciones contra los soberanistas se disolverán como un azucarillo en café caliente cuando este domingo se imponga la dura realidad aritmética, que todo es postureo, en fin.

Pero es demasiado. Merz ya volvió a descartar cualquier cooperación con AfD. «No habrá cooperación, ni tolerancia, ni gobierno minoritario, absolutamente nada», declaró, añadiendo que la CDU quiere «hacer todo lo posible para que este partido vuelva a ser lo más pequeño posible».

Queda una última opción, difícil, pero tal vez la más probable: un gobierno en minoría de la CDU, con el «permiso» de AfD. Los soberanistas no entrarán en el gobierno, pero permitirán que exista. Esto salvaría la cara de Merz ante las acusaciones de romper el cordón sanitario en torno a Alternativa para Alemania que, como poco, ganaría legitimidad en el panorama político. Al estar en minoría, el hipotético Gobierno de Merz tendría que negociar una mayoría para cada iniciativa legislativa que presente ante el Parlamento.

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