Sophia Kuby, ADF Internacional: ‘La UE no tiene competencia legal para decidir sobre el derecho a la vida’

una organización legal en defensa de la vida y la libertad religiosa

Sophia Kuby es la directora de relaciones estratégicas y capacitación de ADF Internacional, una organización de defensa legal basada en la fe que protege las libertades fundamentales y promueve la dignidad inherente de todas las personas. Su organización defiende el derecho inherente a la vida y contrarresta la persecución global que sufren actualmente los cristianos abogando por el derecho de todas las personas a vivir libremente su fe.

– ¿Qué es ADF Internacional y a qué se dedica?

ADF Internacional es una organización legal, centrada en la abogacía legal. Somos una organización cristiana que trabaja en todo el espectro cristiano, en todas las nominaciones. Trabajamos con los significados legales que están disponibles, que son: litigación, dar voz a casos que sienten un precedente en la jurisprudencia y en cómo interpretamos la ley nacional e internacional hoy en cuestiones que afectan realmente a la cultura como la libertad religiosa, la libertad de conciencia, la libertad de expresión, la libertad de asamblea… qué son estas libertades y cómo debemos interpretarlas. Vemos un montón de debate alrededor de estos asuntos en la cultura occidental que a menudo se originan y, de hecho, están articulados en cuestiones legales.

Actualmente, vivimos en un mundo en el que las convicciones religiosas y conservadoras son perseguidas. ¿Cuándo cree que comenzó esta persecución?

Cuando escuchamos la palabra persecución pensamos, y probablemente deberíamos pensar, en países donde existe una persecución física, bien por sus creencias religiosas o porque su voz, su opinión, está en contra del Gobierno, porque usan su derecho para expresarse libremente y están físicamente en prisión, son perseguidos o incluso torturados o asesinados por ello. Y esa es la persecución en la que a menudo pensamos que sucede, y sucede. Pero existe otro tipo de persecución que está sucediendo en nuestro mundo occidental también. Vemos que el Estado, o la cultura general, que está articulada en leyes, discrimina un punto de vista. Así que, si piensas de una manera en concreto, si tienes, digamos, una opinión conservadora sobre algo, si eres provida y no proaborto, tu derecho a expresarte en libertad, a participar en la vida como el resto, digamos que, es cuanto menos un desafío. Y a menudo es un desafío legal. Nuestra posición defiende que el Estado está comprometido con la neutralidad y no debería discriminar o limitar los derechos de alguien o cuestionar su libertad fundamental porque mantenga una opinión legítima que puede ser diferente de la convencional pero que debería ser totalmente legítima en una sociedad libre.

En Europa, la mayoría de gobiernos están descriminalizando el aborto, introduciendo la eutanasia… ¿qué papel juega la Unión Europea en todo esto?

Legalmente ninguno porque no tienen competencia sobre la vida. La ley europea no puede tener una posición legal sobre cuándo debe la vida comenzar o cómo debe ser protegida y demás, pero por supuesto sabemos que muchas cosas que pasan a nivel europeo, en la UE, son lo que es comúnmente conocido como ‘Soft law’. Leyes que crean consensos. Por ejemplo, el Parlamento Europeo puede crear una resolución sobre el tema que quiera, aunque no esté dentro de la competencia legal de la UE, y lo que vemos que está pasando –lo vimos recientemente con el informe Matic— es que el Parlamento Europeo puede formar una opinión que no es jurídicamente vinculante pero que, aún así, es una opinión oficial del Parlamento votada por una mayoría. Esto pasa regularmente. Por ejemplo, se aprueba una resolución que no obliga a los países de una forma legal pero que crea un consenso. Por ejemplo, dicen que deberíamos tener derecho a abortar, algo que no existe en el derecho internacional. Lo que existe en el derecho internacional, en cualquier tratado, es que tenemos derecho a la vida, blancos y negros; no tenemos un derecho al aborto. Sabemos que hay grupos a los que les gustaría que lo tuviéramos, Macron lo dijo en Bruselas, le gustaría tenerlo, y también en la ONU, por ejemplo, hemos visto intentos durante diez años para introducirlo en sus resoluciones, pero han fracasado durante diez años porque no está en el derecho internacional. No puedes introducir lo que te apetezca. Así que, sobre el papel de la Unión Europea… diría que sí hay un papel porque crea un consenso político, y si estableces ese consenso más y más, da una buena razón a los países para, por ejemplo, aprobar una ley a favor del aborto porque ese es supuestamente el consenso internacional, eso es lo que llamamos ‘Soft law’; no es legalmente vinculante pero, finalmente, sí puede llegar a serlo. En términos de competencia legal, no tiene competencia. Creo que ese es el papel de ADF Internacional: recordar a las instituciones internacionales y a las Cortes qué es lo que está recogido en los Tratados, sobre qué cosas hay un acuerdo internacional –y te encuentras en todas partes el derecho a la vida– y en qué cosas la comunidad internacional no ha establecido un acuerdo en los Tratados.

Ahora que hablamos del aborto, en EE.UU., la Corte Suprema tiene que emitir una sentencia que podría revertir el caso ‘Roe VS Wade‘, la decisión que abrió las puertas al aborto legal en todo el país en 1973…

Es un caso interesante, se llama ‘Dobbs VS Jackson Women’s Health Organtization‘, es un caso que ha llegado ahora a la Corte Suprema y que, por primera vez de hecho, desafía al caso Roe VS Wade, ese plan de aborto extremadamente legal que tenemos en EE.UU. desde 1973 y que ha ejercido, como pasa a menudo, de modelo para que otros países sigan esa línea. Tiene importancia más allá de EE.UU. porque es un país muy importante y la gente se fija en su jurisprudencia. Es un caso interesante porque desafía el paradigma de Roe VS Wade que hizo básicamente el aborto legal sin más requisitos. El caso, de hecho, plantea la pregunta, a nivel estatal, sobre si un Estado de EE.UU. es libre para hacer el aborto más restrictivo que la ley Roe VS Wade, esa es la cuestión básica. ¿Qué pasará? No lo sabemos todavía, es una audiencia muy interesante en la Corte, pero realmente no sabemos qué pasará, esperaremos al juicio, pero lo que es interesante es que fue un amicus curiae internacional, un escrito a la corte en el que varios expertos le dicen: «creemos que esto, esto y esto, es relevante para el caso y debería decidirse así, escucha nuestros argumentos, cómo nosotros entendemos el caso». Así que fue un escrito internacional de varios expertos legales y 141 expertos lo firmaron, lo que es increíble. De todo el mundo, de Asia, de Latinoamérica, de todas partes… de España, expertos legales de aquí también firmaron. Eso fue importante porque cuando pones tu firma en un escrito así que claramente dice que hay un derecho a la vida, que no hay un derecho al aborto, legitima a la corte decir que debería haber flexibilidad para regular el aborto. También hubo una petición internacional del lado proaborto y solo ocho personas la firmaron, así que es un fenómeno interesante. Podemos pensar que si tienes una visión provida o entiendes la ley desde la protección de la vida estás prácticamente solo, y no es realmente el caso. 140 firmaron la petición hablando claramente a favor del derecho a la vida en el derecho internacional y ocho firmaron por la otra petición. Es un fenómeno interesante, no sé qué pasará, está abierto, pero, por primera vez desde el caso Roe VS Wade es el momento estratégico en el que (el derecho al aborto) se está cuestionando, lo que es muy interesante.

Otro desafío legal con el que nos encontramos en la actualidad es el que plantea la participación de hombres en competiciones femeninas. Hace poco un hombre transgénero ganó una competición de natación de mujeres. Al negar la realidad biológica y permitir que los hombres compitan entre mujeres, ¿se está socavando la justicia básica?

Ese es exactamente el ángulo desde el que afrontamos ese caso. Especialmente en EE.UU. los deportes son extremadamente importantes, no solo porque sea divertido y puedas competir, sino que también dan acceso a la educación superior; las becas de muchas universidades dependen de que seas bueno en deportes, es así como funciona. Las chicas jóvenes entrenan durante años y años para ser competitivas, para ser buenas y poder acceder a buenas universidades así que es más que una cuestión deportiva, está en juego el acceso de los jóvenes a la buena educación, a menudo unida a los deportes. Por supuesto, es profundamente injusto que una chica que ha estado entrenando para esto, que ha estado en la cima, ahora no tenga posibilidad de ganar, y eso es exactamente lo que pasó en esa competición de natación. Es una cuestión de justicia realmente. ¿Deberías hacer que sea básicamente imposible para las mujeres atletas tener la más mínima posibilidad de ganar porque son mujeres y tienen un cuerpo de mujer porque ahora los hombres que se identifican como mujeres pueden competir en los deportes femeninos? Pensamos que esto es realmente una cuestión fundamental de justicia, creemos que es injusto y que deberíamos ser capaces de llegar a un acuerdo sobre el criterio de que la realidad biológica debería jugar el papel fundamental en quién es un hombre y quién es una mujer. Eso no significa caer en estereotipos de qué debería hacer exactamente un hombre o una mujer o cómo deberían vivir su vida, pero hay una realidad biológica, una realidad científica, que no debería ser excluida del debate, debería ser el centro de él porque es la base más objetiva. Una vez que te alejas de eso, se puede convertir en cualquier cosa, las consecuencias de ello pueden ser muy tangibles en la justicia, en este caso son las mujeres jóvenes atletas las que lo sufren. Otros casos, casos similares, los casos de la batalla de los baños en los que hombres adultos que se identifican como mujeres tienen acceso libre a las duchas de las niñas en los colegios. Obviamente hay una amenaza a la seguridad ahí, cuando se pueden duchar con niñas de 10 años. Hay injusticias que realmente tenemos que identificar y lo estamos haciendo.

¿Cree que todavía estamos a tiempo de parar la deriva laica en Occidente?

Es una pregunta interesante, no creo que vayamos a ver una reversión de la tendencia cultural en el corto plazo. La pregunta no es que veamos una secularización, más que una secularización es una descomposición del consenso en cuestiones fundamentales, la más fundamental es la que vemos sobre quién es el hombre, en el sentido general, hombre y mujer, quién es la persona humana, y de ahí puedes derivar la pregunta a qué significa la dignidad. Es decir, ¿la dignidad es el derecho a morir con eutanasia o la dignidad es el derecho a que tu vida sea protegida desde su inicio hasta el final?, ¿ qué debería significar la libertad? Todas esas cuestiones derivan fundamentalmente del concepto de qué es el ser humano y esa pregunta está automáticamente ligada a de dónde venimos. Nosotros, ADF International, una organización cristiana, creemos que fuimos creados a imagen de Dios y que esa es la razón fundamental por la que tenemos dignidad, por la que tenemos libertad como un estado que no se puede simplemente quitar. Creo que este consenso ya no existe, ya no somos creyentes en Dios, probablemente seguimos teniendo una mayoría nominal de cristianos en algunos países, pero eso no significa que la gente tenga esa visión del mundo. Así, según nos vamos alejando de eso, según nuestros países se mueven dentro de tiempos postcristianos no sorprende que esto tenga consecuencias en el concepto de ser humano y de las leyes que tiene que ver con ese concepto, no es una sorpresa realmente. No creo que vayamos a darle la vuelta a esa tendencia por arte de magia, de la noche a la mañana, o en los próximos diez o veinte años, pero creo que la pregunta realmente interesante es para aquellos que todavía tenemos esa visión del mundo: ¿Cúal es nuestro papel en estos tiempos de cambio cultural? Y creo que nuestro papel no es solo decir: «O Dios mío, no podemos volver a cómo eran las cosas hace treinta o cuarenta años», pero deberíamos reconocer que quizá hemos estado demasiado cómodos con esa mayoría, esa supuesta mayoría, y no hemos sido buenos articulando nuestra visión y creo que hoy hay una nueva necesidad, una urgencia de articular la visión que nosotros tenemos. Así que no creo que podamos retroceder la tendencia pero vivimos tiempos extremadamente interesantes de profundo cambio cultural y habrá, ya la hay, lo estamos viendo, una minoría creativa, voces que se alcen y digan: «Vale, esto es lo que me representa, estamos desafiados a articular mejor y a decir lo que de verdad representamos». Así que no me asusta que nos hayamos movido tanto del consenso, no es una situación cómoda pero creo que nos plantea un desafío interesante para influir en la cultura en un momento crucial y creo que podemos hacer un mejor trabajo en ello.  

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