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Siete ministros han sido destituido

Crisis en la coalición de gobierno de Petro: estrategia chavista hacia su radicalización definitiva

El presidente de Colombia, Gustavo Petro. Europa Press

Cuando, hace unos meses, el izquierdista Gustavo Petro asumió el poder en Colombia, el mundo vio atónito la coalición de gobierno que este logró armar. Los históricos Partido Liberal y Partido Conservador, las formaciones que se alternaron en la presidencia del país durante 150 años, y el más recientemente formado Partido de la U simplemente habían decidido no hacerle oposición al exguerrillero, ahora trocado en jefe de Estado. 

Sin embargo, los acontecimientos se han precipitado durante los últimos días, avizorando un inminente cambio en el panorama político de la nación sudamericana. Tras la culminación el martes de una cumbre dedicada a lavarle el rostro a Nicolás Maduro y su dictadura, en la que participaron representantes de hasta 20 países del mundo, a Petro le tocó volver a sus asuntos de política doméstica; esa que le ha planteado severas resistencias en las últimas semanas al momento de intentar de hacer pasar leyes en el Parlamento.

La gota que rebasó el vaso de la endeble coalición de Gobierno petrista, en donde participaban —unos de manera más directa y otros de forma indirecta— liberales, conservadores y los de la U, fue el intento de hacer aprobar una polémica reforma de salud que pretende llevar el sistema sanitario del país a un esquema que abiertamente privilegie la intervención estatal. Dicha reforma se aprobó por la mínima en el Parlamento, en medio de la abierta resistencia del Partido Liberal.

Esto derivó en una crisis de ira del mandatario colombiano, quien hizo público un anuncio en redes sociales donde le pedía la renuncia a todo el gabinete ministerial. El miércoles se supo que al menos siete ministros de Petro finalmente habían sido removidos de sus cargos, dando paso a la incorporación de fichas que, en términos generales, solo avizoran un perfil más radicalmente izquierdizante dentro de la gestión de Gobierno.

La molestia de Petro es evidente. El expresidente colombiano y jefe del Partido Liberal, César Gaviria, se ha convertido en las últimas horas en el blanco de sus ataques. Gaviria, ayer aliado vital de Petro en mantener a flote el barco del novel Gobierno, se ha transformado ahora en su némesis. A esta hora en el seno del liberalismo se vive una disputa interna entre quienes acompañan el camino «moderado» del histórico líder de la formación y quienes han decidido aupar las reformas del actual mandatario de Colombia.

Y es que no era esperable otra cosa en un contexto en el que, así sea por presuntas vías graduales, el petrismo simplemente busca llevar a Colombia a un estado de «transformación» de todas sus estructuras, tal cual hizo Chávez con Venezuela durante sus primeros años de Gobierno.

Obviamente en ese camino de cambios profundos, la formación de Petro (el llamado Pacto Histórico) es insuficiente para llevarlas adelante en solitario. La mayoría de esas medidas tendrán que pasar por la aprobación del Parlamento bicameral, y allí es donde se hace importante el mundo de alianzas que el mandatario izquierdista había logrado tejer con el resto de partidos electoralmente importantes del sistema político colombiano.

Por poner un caso, actualmente en el Senado, de un total de 108 escaños los liberales tienen 14 curules, mientras los conservadores acumulan un total de 15 y los del Partido de la U suman 10. Por propia cuenta el Pacto Histórico tiene 20 senadores. El resto de puestos está repartido entre otras formaciones.

Los eventuales obstáculos parlamentarios a las reformas de Petro solamente dejan dos posibilidades al mandatario colombiano: o su Gobierno comienza un proceso de caída libre, en ausencia del piso político necesario para adelantar las reformas; o la crisis generada a partir del disenso de liberales, conservadores y el Partido de la U precipitará el escenario que muchas personas advirtieron apenas Petro asomó su candidatura presidencial el año pasado: el de la radicalización con tintes autocráticos de su presidencia.

En concordancia con esto último han aparecido las advertencias del excandidato presidencial Fico Gutiérrez, quien en una columna publicada por la Revista Semana afirmó en días recientes que todos los hechos ocurridos están dejando la puerta abierta a que el mandatario izquierdista eche adelante la convocatoria de un proceso constituyente.

«La aplanadora petrista va hacia su meta de destruir el país. Petro y su equipo de gobierno plantearon desde campaña un cambio absolutamente inviable, que ahora se refleja en las reformas dogmáticas e impertinentes que han enviado para la aprobación del Congreso. El discurso detrás de esto es aparentemente sencillo: La gente votó por el cambio y este es el cambio que propusimos. Pero detrás del supuesto afán de cumplir sus promesas, hay una estrategia propia de los peores populistas autoritarios latinoamericanos: una asamblea nacional constituyente que nos llevaría directo al abismo«, apunta Gutiérrez en su escrito.

Vale decir que la ruta de la Constituyente ha sido utilizada con antelación por varios presidentes del Foro de Sao Paulo para lograr quitarse de encima las amarras de la institucionalidad y los controles clásicos de la democracia, dando paso a procesos de gran concentración de poder y transformaciones radicales -siempre para mal- de las sociedades que han gobernado.

Sin ir muy lejos, en la vecina Venezuela Chávez utilizó la Constituyente apenas llegó al poder en 1999 como piedra de toque para derribar la precaria institucionalidad de la que gozaba el país sudamericano hasta entonces, enquistando progresivamente en el poder un sistema que hasta hoy oprime a los venezolanos bajo la figura tiránica de Maduro.

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