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Y PEDIRÁ SU DIMISIÓN

La izquierda radical peruana busca reanudar las protestas contra Boluarte en diciembre

Protestas en Perú. Europa Press

Pronto a cumplirse un año del ascenso de Dina Boluarte al poder tras el fallido golpe de Estado del comunista Pedro Castillo, la izquierda radical peruana, que acusa a la actual mandataria de «traidora» por no plegarse al golpismo de Castillo y sus secuaces, busca reanudar violentas protestas para exigirle su renuncia.

De acuerdo con el portal Ser.pe, el último domingo 12 de noviembre se llevó a cabo la XII Asamblea del Comité Colegiado de Organizaciones de Puno -región fronteriza con Bolivia-, y en ella se acordó reiniciar las protestas sociales en contra de Boluarte y el Congreso en el mes de diciembre.

Durante la asamblea, los incendiarios acordaron el reinicio de las protestas los días 7, 8 y 9 de diciembre. Además, no descartaron realizar el bloqueo de carreteras en la zona norte y sur de la región como medida de fuerza.

Asimismo, los radicales también pactaron que cada provincia que se sume a la protesta tendrá que juntar entre 50 a 60 personas para sumarse a las movilizaciones que se desarrollarán en la capital, Lima.

Por otro lado, el portal Buho.pe informó este martes que distintos gremios y sindicatos de trabajadores de la región Arequipa plantean una «Jornada Nacional de Lucha y Marcha a Lima» contra Boluarte, a quien consideran una «usurpadora», pese a que su sucesión constitucional fue legal y reconocida tanto por las instituciones peruanas como por la comunidad internacional.

Boluarte a manifestantes radicales: «No quieren al Perú»

Boluarte respondió este martes a los anuncios de nuevas movilizaciones en contra de su Gobierno al cumplirse el próximo 7 de diciembre el primer aniversario de haber asumido la jefatura del Estado tras el golpe perpetrado por el expresidente Pedro Castillo.

La mandataria peruana recordó que las violentas manifestaciones ocurridas entre finales de 2022 e inicios de 2023, especialmente en el sur del país, provocaron enormes pérdidas económicas, incluso mayores a las que se dieron durante la pandemia del covid-19, y que las personas que incentivan este tipo de acciones «no quieren al Perú» porque impiden la recuperación económica en medio de una recesión que afecta, principalmente, a los más vulnerables.

«Queremos avanzar como país, generar lo contrario es odiar al Perú, es no querer al Perú. Este 7 de diciembre, todos los peruanos deben encontrarse más unidos que nunca. Unidos, todo, desunidos perdemos todos. Este 7 de diciembre, que es un año del golpe de Estado, debe ser un día donde se respete y se recuerde el haberse parado fuerte, respetar el Estado de derecho y defender la democracia. Encontrémonos en ese abrazo que concilie el Perú. No estamos en tiempos de odio ni de rencores y envidia. Estamos en tiempos de abrazarnos, y el próximo año pongamos todo el amor y la esperanza a ese desarrollo de la patria», dijo a la prensa durante el quinto informe de avance de gestión en una conferencia realizada en Palacio de Gobierno.

«La Toma de Lima»

Luego de la caída de Castillo, que intentó cerrar ilegalmente el Congreso y tomar el control de los organismos públicos para establecer un Gobierno de excepción -lo que le valió una prisión preventiva mientras lo investigan por conspiración y rebelión- el 7 de diciembre de 2022, distintas agrupaciones de izquierda radical asaltaron delegaciones policiales, fiscales y judiciales para exigir la liberación del cabecilla Castillo, la renuncia de Boluarte -quien era su vicepresidente-, la disolución del Congreso y la convocatoria a una asamblea constituyente al estilo bolivariano.

Regiones sureñas como Cusco, Puno y Arequipa, fueron sitiadas por los subversivos, quienes intentaron tomar aeropuertos, incendiaron edificios públicos, saquearon comercios y bloquearon carreteras. Incluso llegaron a arrojar bombas incendiarias a las fuerzas del orden, lo que provocó una respuesta de parte del Ejército y Policía Nacional contra los manifestantes, resultando víctimas mortales de ambos lados.

Lima, hostil a Castillo y sus huestes, fue entonces sometida a una serie de marchas violentas donde se destruyó propiedad pública y la policía debió utilizar la fuerza para evitar que los edificios del Congreso y Poder Judicial sufrieran atentados.

Esta movilización, que recibió el nombre de «Toma de Lima», resultó en un total fracaso luego que la mayoría de la población, pese a no simpatizar con Boluarte, no se sumó a las marchas y rechazó la violencia de la izquierda radical y su agenda de asaltar el poder a la fuerza e imponer un régimen con la venia de las satrapías de Venezuela, Cuba y Bolivia.

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