El espanto ha sacudido a Egipto. Youssef, un adolescente de 13 años, ha confesado haber asesinado y descuartizado a su compañero de clase, Mohamed A.M., en la ciudad de Ismailia, antes de cocinar y comerse parte del cuerpo «por curiosidad».
Según la reconstrucción policial, el crimen ocurrió cuando el menor aprovechó la ausencia de sus padres para invitar a su amigo a su casa. Una vez allí, lo golpeó con un palo de madera hasta matarlo y, posteriormente, utilizó una sierra eléctrica perteneciente a su padre, carpintero de profesión, para desmembrar el cadáver.
Después, el joven guardó los restos en una mochila y los dispersó por distintos puntos de la ciudad: cerca de una piscina, bajo un puente, en un campo abierto y junto a un centro comercial. La policía fue alertada tras el hallazgo de varios restos humanos en este último lugar.
Durante su confesión, el adolescente afirmó haber actuado inspirado por escenas de películas y videojuegos violentos, que solía consumir de manera habitual. «Tenía curiosidad. Probé un trozo… sabía a pollo empanado», habría dicho a las autoridades, según el diario británico The Sun.
El menor recreó el crimen ante los agentes, guiándolos por los lugares donde había arrojado los restos. Fue detenido y trasladado al Ministerio Público, donde permaneció cuatro días antes de ingresar en un centro de menores.
Las autoridades confirmaron que se le practicó una evaluación psicológica y pruebas de drogas, y que los análisis forenses coincidieron con los restos de la víctima. La investigación continúa abierta para determinar si padecía algún tipo de trastorno mental o si actuó bajo la influencia de contenidos violentos.
El caso ha reavivado el debate sobre el impacto del consumo de violencia extrema en menores, especialmente en un contexto cultural donde la censura es mínima y el acceso a internet es generalizado. Expertos en conducta juvenil advierten que la exposición constante a imágenes de brutalidad desensibiliza a los jóvenes y debilita su sentido moral, convirtiendo la violencia en un acto recreativo o imitativo.
«El crimen de Ismailia refleja una pérdida total del vínculo humano y la banalización del mal», declaró un psicólogo forense consultado por medios egipcios.
El asesinato recuerda al del llamado «caníbal de Ventas», ocurrido en Madrid en 2019, cuando un hombre mató, descuartizó y devoró parte del cuerpo de su madre, asegurando que «las voces» se lo ordenaban. Ambos casos, separados por miles de kilómetros, muestran un mismo patrón: soledad, aislamiento, consumo de drogas o contenido extremo y la ruptura de los límites morales más elementales.