«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
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Abogado. Columnista y analista político en radio y televisión.
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Los silencios en los Goya

13 de febrero de 2024

Por encima del pretendido glamur y del verdadero mal gusto, lo que predominó en la gala de los Goya fue el silencio. Todos aprovecharon la alfombra roja y el escenario para hablar, pero en realidad ninguno dijo nada. Nadie superó los lugares comunes de las reivindicaciones habituales del progresismo.

Pocas horas antes, a dos guardias civiles los habían matado unos narcotraficantes en Barbate. Los delincuentes embistieron la lancha de los agentes, que apenas era una barca de goma, y se los llevaron por delante. Dejaron a otro guardia gravemente herido. La indignación se extendía por toda España. La carencia de medios con que la Guardia Civil se enfrenta a los narcotraficantes resulta clamorosa. Por doquier se pedían mensajes que exigían la dimisión de Fernando Grande-Marlaska, ministro del Interior. La fiscal antidroga de Andalucía tuvo palabras valientes que bien podrían costarle la carrera: «Que no vengan mañana al funeral si no nos dan los medios».

Pero en los Goya nadie tuvo unas palabras de condolencia para los familiares y compañeros de esos guardias civiles muertos.

Durante estos días, miles de agricultores protestan contra el Gobierno por unas políticas que están arruinando el campo. El mismo ministro que deja sin medios a los guardias ha desplegado policías y guardias civiles para evitar que las manifestaciones se extiendan. La mayor preocupación en Valladolid era que los tractores pudiesen llegar al recinto ferial de Valladolid, sede de la gala de los Goya de este año. Se trataba de evitar que la presencia de esos campesinos enturbiase un evento en el que, por una vez, a Pedro Sánchez iban a ovacionarlo en lugar de cantarle las verdades del barquero.

Por supuesto, el silencio sobre la situación del campo y sobre los agricultores y ganaderos desesperados fue atronador. Nadie dijo de ellos una palabra. Nadie tuvo un mensaje de solidaridad por esas decenas de miles de familias arruinadas por la Agenda 2030, la Comisión Europea y el gobierno de Pedro Sánchez. La solidaridad de la progresía cinematográfica no llega a los españoles que aran la tierra y contribuyen con sus impuestos a subvencionar películas.

En Barcelona, un joven recorrió un andén del metro golpeando a todas las mujeres que se encontró a su paso. Tiene 30 años y antecedentes por robo y hurto. Pegó a diez mujeres. A una de ellas la dejó gravemente lesionada. En las redes sociales puede verse el vídeo en que tira a una de ellas al suelo de una trompada.

Nadie tuvo palabras de condena para este delincuente en la gala de los Goya. Nadie pidió justicia, en la fiesta del cine español, para estas mujeres agredidas a traición por un tipo que no debería estar en libertad. Sobre esto, los actores, las actrices, los directores y directoras, los guionistas, las guionistas y el resto de invitados prefirieron guardar un cómodo silencio. Es mejor defender a las mujeres hasta confirmar que el agresor encaja en los sospechosos habituales del progresismo.

Los terroristas de Hamás siguen teniendo en su poder a 136 rehenes israelíes. Han matado, secuestrado y violado a decenas de mujeres. Personal de la UNRWA, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo, participó de forma activa en el atentado terrorista del pasado 7 de octubre de 2023. Estados Unidos, Alemania, Suiza, Canadá, los Países Bajos, el Reino Unido, Italia, Australia y Finlandia han anunciado la suspensión o la revisión de sus donaciones a la agencia, pero el gobierno de Pedro Sánchez aprobó el pasado mes de diciembre una ayuda de 10 millones de euros para la controvertida agencia.

Nadie en la noche de los Goya se atrevió a denunciar el asesinato, el secuestro y la violación de las mujeres israelíes. Nadie preguntó por el sentido de donar diez millones de euros a una agencia dudosa mientras en España se priva a los guardias civiles de los medios más elementales para combatir el narco. Nadie recordó a las víctimas del 7 de octubre.

Ese silencio revela la profunda fractura entre la élite del pretendido mundo de la cultura y la España real que paga sus fiestas. La progresía subvencionada desprecia a esos mismos que costean sus películas deficitarias, sus cortometrajes insufribles y sus producciones a pérdida. Sirva como ejemplo un cortometraje de Carla Pereira, la directora que fue con la cara pintada y una especie de bebé de plástico. Su producción de tres minutos titulada Proceso de selección (2020) recibió una subvención de 22.950 euros (veintidós mil novecientos cincuenta euros), la vieron 14 personas y recaudó 6,75 euros (seis euros y setenta y cinco céntimos). La sinopsis explica, tal vez, estos resultados de público: «Un gato acude a una entrevista de trabajo donde sus aptitudes son valoradas por tres ratones. A medida que la entrevista avanza la situación se vuelve cada vez más incómoda para todos los implicados».

Así es la gente que calla ante la muerte de los guardias civiles, la destrucción del campo, las mujeres agredidas por ciertos agresores y las víctimas del terrorismo.

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