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Abogado. Columnista y analista político en radio y televisión.
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Sobre las elecciones en Francia

8 de julio de 2024

Algunas notas de urgencia sobre las elecciones legislativas en Francia.

En la magnífica Vencer o morir, el primer largometraje producido por Puy du Fou, se dice que «nada se pierde». En Francia, la derecha patriótica, soberanista y popular viene creciendo desde hace años. Impide su victoria la unión de unas fuerzas que, entre sí, sólo coinciden en el odio a las clases populares francesas. Estas fuerzas van desde la izquierda caviar hasta las élites del capitalismo moralista pasando por los islamistas y los comunistas. El macronista del centro de París y el islamista que anhela el califato sólo coinciden en su desprecio por los franceses de raíces, es decir, los perdedores de la globalización, los excluidos de los planes sociales y los alienados en sus propios barrios.

Los pretendidos triunfadores de la noche electoral empuñaban banderas marroquíes, argelinas y palestinas, sostenían pancartas contra la emergencia climática o reivindicaban que el tejido del país son los inmigrantes. A los perdedores sólo les quedaba la tricolor.

Sin embargo, haciendo buena la cita cinematográfica, «nada se pierde». La Agrupación nacional ha obtenido la mayoría de los votos que el sistema electoral ha convertido en menos escaños que los correspondientes al Nuevo Frente Popular —la coalición de comunistas, ecologistas e islamistas— y a Ensemble, la coalición de los macronistas. En efecto, de 28.870.328 votantes, el 66,63% del censo, más de diez millones de franceses votaron a la Agrupación Nacional y sus aliados. En segundo lugar, quedaron los poco más de siete millones de votos del Frente Popular y en tercero los al más de seis millones de los macronistas. Sin embargo, el número de escaños no hace justicia a los votantes: a la Agrupación Nacional de momento, sólo le corresponden 142 mientras que el Nuevo Frente Popular obtiene 178 y Ensemble 150.

Así, el partido mayoritario obtiene menos escaños que sus dos adversarios.

Por supuesto, el Nuevo Frente Popular y Ensemble apenas tienen nada en común. Probablemente Ensemble tratará de romper el Nuevo Frente Popular de modo que el macronismo forme gobierno. En realidad, no es preciso que el Nuevo Frente Popular gobierne para que Francia siga hundiéndose. Las políticas del macronismo se han bastado solas para que la inmigración descontrolada, la islamización rampante y la crisis económica y social hayan roto el país. La guerra contra las clases medias y populares francesas la inició Macron, aunque Melénchon no tiene intención alguna de detenerla. El precio de las políticas multiculturales lo seguirán pagando los mismos gobierne quien gobierne.

Es difícil vaticinar si estos resultados desmotivarán a los votantes de la Agrupación Nacional o si sólo servirán para agravar el descontento de aquellos a quienes Eric Zemmour denominó «los exiliados del interior». Lo cierto es que, salvo quedarse en su casa, esos ciudadanos que ya no reconocen el país en el que viven no tienen muchas alternativas viables. Fuera de la Agrupación Nacional y su campo sólo están quienes los han llevado al exilio o quienes pretenden mantenerlos en él.

El eje izquierda-derecha, que sigue siendo muy robusto, ha devenido insuficiente para explicar la política europea. Hay una derecha globalista que odia a las clases populares nacionales y que desprecia todo aquello que vertebra la comunidad nacional. Hay una izquierda educada en el odio a la nación en busca de una identidad alternativa ya sea el ambientalismo, las causas sociales o el islamismo. Están dispuesto a renunciar a Francia con tal de sentirse reconfortados en su pretendido anticolonialismo. Hay otras variables importantes (campo ciudad, ricos-pobres, franceses de raíces-franceses de papeles…) pero todas ellas convergen en la cuestión nacional, que en Francia no es sólo territorial, sino civilizacional.

Las próximas elecciones, en principio, están previstas para el 11 de abril de 2027. Macron dispone de casi tres años para neutralizar a esos diez millones de franceses que han votado a la Agrupación Nacional y sus aliados. Hasta ahora, las etiquetas —fascistas, racistas, nazis, homófobos, xenófobos— se han ido agotando sin que el crecimiento se detenga. Al contrario, las elecciones europeas y las legislativas parecen haberlo acelerado. La alianza con los comunistas, los ecologistas y los islamistas quizás le permita formar gobierno, pero dejará definido, bien a las claras, qué campo les queda a los patriotas que quieren una Francia reconocible.

Ya lo dicen en la película: «Nada se pierde».

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