«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
El ataque se produjo alrededor de las 2.30 de la mañana

Terroristas islamistas atacan la comunidad de Chibok (Nigeria), matan a un padre y a su hija e incendian una iglesia

Cristianos en Nigeria. Redes sociales

Un grupo de terroristas islamistas han atacado la comunidad de Chibok en Borno (Nigeria) durante la madrugada, en una incursión violenta que ha dejado al menos dos víctimas mortales, un padre y su hija, además de la destrucción de una iglesia local, que fue pasto de las llamas tras el asalto.

El ataque se produjo alrededor de las 2.30 de la mañana, cuando varios hombres armados irrumpieron en la zona tras haber intentado previamente acceder al propio núcleo urbano de Chibok. Según los testimonios difundidos desde la región, las fuerzas de seguridad lograron impedir que los atacantes entraran directamente en la ciudad, obligándolos a desplazarse hacia pequeñas comunidades cercanas.

Fue en una de esas aldeas próximas, situada a unos cinco kilómetros, donde los agresores descargaron finalmente su violencia. Allí localizaron a un hombre y a su hija, los retuvieron por la fuerza y acabaron con sus vidas antes de prender fuego tanto a su vivienda como al templo cristiano del lugar. Las imágenes posteriores del suceso han sido descritas como especialmente duras por quienes pudieron verlas.

Durante el ataque, al menos un menor logró huir hacia una zona boscosa para esconderse. Sin embargo, al delatarse su posición por la luz que portaba, fue tiroteado por los atacantes, que siguieron disparando en su persecución. No ha trascendido oficialmente su estado final.

En los relatos difundidos por testigos locales se denuncia asimismo la extrema facilidad con la que estos grupos armados se mueven por distintas comunidades rurales, atacando de forma reiterada cuando encuentran menos resistencia. También se cuestiona la falta de una persecución activa por parte del Ejército nigeriano una vez que los terroristas se retiran tras cometer los ataques.

El asalto ha reavivado el clima de miedo entre la población cristiana de la zona, que desde hace años vive bajo la amenaza permanente de grupos yihadistas. Voces locales lamentan que este tipo de matanzas continúen produciéndose sin una respuesta eficaz mientras, aseguran, la tragedia apenas tiene eco fuera del país.

El ataque en Chibok y sus alrededores se suma así a una larga cadena de acciones violentas que siguen castigando el noreste de Nigeria, una región marcada por la inestabilidad, el desplazamiento forzoso de civiles y los enfrentamientos constantes entre insurgentes islamistas y las fuerzas de seguridad.

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