Crítica de ‘Doctor Strange’: Marvel recupera su magia

Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Extravagante, psicodélica y visualmente imponente. Doctor Strange (Doctor Extraño) recupera la magia que había ido perdiendo Marvel con una vistosa propuesta que, sin ser novedosa -recuerden que seguimos hablando de superhéroes-, se asemeja a grandes éxitos de la franquicia como Guardianes de la Galaxia con un reparto de lujo y una ejecución técnica de primerísimo nivel.

El listón estaba alto para el inicio de una nueva saga dentro del Universo Cinematográfico de Marvel, más cuando su serie de superhéroes parecía empezar a dar síntomas de agotamiento. Doctor Strange es un nuevo comienzo, muy satisfactorio, que sacia la sed de nuestro niño interior con hechizos que harían las delicias de Harry Potter sin renunciar a un tono más adulto. El siempre interesante Benedict Cumberbatch construye un carismático y humano doctor Strange, un cirujano de reconocido prestigio que queda inválido tras sufrir un aparatoso accidente de coche. Despojado de la precisión que tenía en sus manos, busca su última esperanza de curación en Nepal, donde entra en contacto con un grupo de hechiceros encabezado por los papeles de Tilda Swinton y Chiwetel Ejiofor que le muestra el mundo más allá de lo tangible.

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El director al cargo, Scott Derrickson, ha asumido el ritmo de Marvel y no descubre nada nuevo en su apuesta, pero consigue reinventar el relato de siempre con una deliciosa ecuación de fantasía, acción y drama, con los toques de chanza característicos de la compañía. Y, lo más importante, Marvel reafirma en Doctor Strange su interés por dotar de cierta complejidad a sus protagonistas, más cercanos a la realidad aunque nunca sin recrearse en los personajes atormentados utilizados por otras franquicias rivales.

Una mención aparte merece el espléndido trabajo visual de la película, que por primera vez no pone los efectos visuales al servicio de explosiones y destrucción y logra crear una experiencia inmersiva por la que sin duda merece pagar un poco más en 3D. Los escenarios se desdoblan, se duplican y se tuercen a su antojo, a veces casi de forma anárquica, y construyen un viaje caleidoscópico que se pone al servicio del guión y da pie a saltos espacio-temporales y mucha diversión. No podría haber existido un primer chapuzón más satisfactorio para este nuevo y extraño mundo de Doctor Strange.

Puntuación: 4/5

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