'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Crítica de ‘Warcraft: El origen’: La maldición vence a las buenas intenciones

Si no son jugadores de Warcraft, olvídense de la película. Y si buscan buen cine, también. Warcraft: El origen (Duncan Jones, 2016) merecería más la pena con un mando entre las manos que sentado en la butaca, observando durante dos horas cómo Hollywood comete (de nuevo) los errores de siempre en la adaptación de un conocido videojuego. A saber: carencia de personalidad propia, personajes sin contexto y un guión escrito a vuelapluma sólo para sus más versados jugadores.

Warcraft: El origen cuenta la invasión de un pueblo de orcos al mundo de los humanos, donde vivían en paz gracias a la magia de un “protector” del reino. Ya se imaginan lo que sigue: primero, el descubrimiento de las bestias por parte de un grupo de héroes de los cuales apenas sabemos nada, la preparación para hacer frente al mal y la batalla contra el culpable de traerlos al mundo civilizado. Un romance tan espontáneo como predecible, magia buena y mala y frases sacadas de un libro de Paulo Coelho salpican una película de aventuras que, lamentablemente, no se preocupa por el detalle ni la complejidad y donde los menos duchos en el videojuego sólo veremos a unos personajes que van de aquí para allá sin poder entender realmente ni sus razones ni su motivación.

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La película bebe de una estética medieval inspirada en El señor de los anillos o Juego de Tronos y el uso del CGI -pieza fundamental de la cinta- la lleva a un festival de efectos que se convierte, precisamente, en lo que pretende: un videojuego en pantalla grande.

Por eso no hay que engañarse con Warcraft: El origen. Es una película hecha por y para jugadores del trabajo de Blizzard. Por mucho que comentemos que un videojuego parece una película mientras jugamos a él, distará mucho de serlo si no es capaz de sobrevivir en una pantalla sin la interacción del espectador. Y ahí reside el mayor pecado de Warcraft: El origen: tiene mucho trabajo detrás, pero es incapaz de emocionar ni empatizar porque carece de alma.

Puntuación: 1,5/5

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