Los 15 conceptos clave para entender el vino

Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

¿Te gustaría presumir sobre vino en una cena o reunión de amigos, pero los conceptos más técnicos te causan cierta confusión?

No te preocupes, hoy te vamos a clarificar algunos de los términos básicos que utilizan los sumilleres para describir los vinos.

Acidez: calidad del vino con sabor ácido y fresco. Contrariamente a algunas opiniones ampliamente extendidas, la acidez es un atributo absolutamente necesario para mantener los vinos ágiles y vivos, así como para asegurar su conservación. Un vino sin acidez resulta plano y monótono, limitando en gran medida las posibilidades de maridaje y el deleite del comensal.

Alcohol etílico: alcohol predominante en el vino resultante del proceso de fermentación. Las levaduras consumen el azúcar de la uva liberando dióxido de carbono y produciendo alcohol etílico o etanol. De la concentración de azúcares en las uvas dependerá el grado probable de los futuros vinos; así, los climas más cálidos tienden a producir vinos de mayor contenido alcohólico.

Añada: año en que se han recolectado las uvas para producir el vino. Cualquier vino de cierta calidad recoge este dato en su etiqueta y, conociendo de manera general la meteorología de un año, es posible avanzar algunas características de lo que encontraremos en la botella. En años fríos y lluviosos los vinos suelen ser más ácidos y ligeros y, en añadas muy calurosas, cabe esperar vinos más concentrados y potentes.

Bouquet: término de origen francés que designa al conjunto de aromas procedentes de la crianza del vino. En la actualidad, se usa de modo genérico para referirse al conjunto de sensaciones olfativas de los vinos de cierta complejidad, cuyos aromas, tal y como sucede con un ramillete (bouquet) de flores, se entremezclan resultando placenteros.

Coupage: consiste en la mezcla de distintas variedades de uva en la elaboración de un vino con el fin de dotarlo de equilibrio y complejidad. El término español equivalente sería “corte”.

Crianza: es el proceso de envejecimiento y maduración del vino en el cual desarrollará los aromas más complejos al tiempo que ganará en concentración y equilibrio. Suele realizarse en barricas de roble de 225 litros, aunque otros materiales como el barro o el cemento son también utilizados por algunas bodegas.

Envero: momento mágico en el proceso de maduración de la uva en que los granos empiezan a adquirir color. Así, las bayas de uva tinta empiezan a enrojecer mientras que las de uva blanca se tornan amarillentas.

Envinar: truco habitual entre los catadores que consiste en verter una pequeña cantidad del próximo vino a catar en la copa, haciendo que circule por todo su interior con leves giros de muñeca. Así, al deshacernos del vino recién servido, nos aseguramos también de haber arrastrado los restos del vino catado anteriormente, evitando así que aquél pueda interferir en la cata del nuevo vino.

Lías: materia sólida que queda en un depósito o barrica después de la fermentación. Están formadas, principalmente, por las levaduras muertas y los restos sólidos de la uva (pepitas, piel…). En ocasiones se conservan en contacto con el vino durante un tiempo posterior a la fermentación con el objetivo de dotarlo de mayor complejidad y de un tacto más agradable.

Posgusto: es el conjunto de sabores y aromas que persisten en nuestros sentidos después de haber ingerido el vino. Su duración y complejidad ayudan a precisar la calidad del vino catado.

Retronasal: cúmulo de sensaciones aromáticas aparecidas después de haber mantenido el vino en la boca, cuando los aromas de éste entran en contacto con la mucosa olfativa a través de la faringe.

Tanino: sustancia química natural presente en las partes sólidas de la uva (piel, semillas, raspón) y en las barricas que aporta sensaciones táctiles y sápidas al vino, tales como la astringencia y el amargor. Su presencia es mayor en los vinos tintos y, en la justa medida, añade profundidad y personalidad a los vinos, al tiempo que mejora su conservación.

Vino amable: vino de cierto dulzor, fácil de interpretar y que no necesita de una ocasión especial para ser consumido. Suele referirse a vinos afrutados, ligeros y muy placenteros.

Vino redondo: vino que presenta un elevado nivel de armonía entre todos sus componentes (acidez, aroma, azúcares, alcohol, taninos…), combinándolos de manera que ninguno de ellos resalte de forma indeseable y todos sumen a favor de la riqueza organoléptica del vino.

Vino elegante: vino de calidad muy refinada y de gran pureza aromática cuya mayor virtud es la sutileza y no la fuerza desmedida. Debe ser sedoso, equilibrado e intenso, fiel reflejo de un trabajo delicado tanto en bodega como en el viñedo.

Por el Equipo de someliers de Vinissimus

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