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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Crítica: El Niño 44, horrores en el ‘paraíso’ de Stalin

Corre la década de los años 50 cuando una serie de infanticidios sacude la Rusia estalinista. Mientras, la MGB soviética tapa mediante la ley del silencio los monstruos que se asoman por las rendijas de un sórdido ‘paraíso’ comunista. En este contexto se desarrolla El Niño 44, adaptación cinematográfica de la obra del escritor Tom Rob Smith que, a pesar de su interesantísimo resultado, tropieza en su excesiva fidelidad a la novela y la sobrecarga de historias, lugares y nombres.

Trasladar historias del papel a la pantalla conlleva ciertos riesgos y desafíos, lo que en un guión se traduce a menudo en recortes y modificaciones. También puede ocurrir a la inversa, como es el caso de El Niño 44, una película que peca en querer abarcarlo todo sin conseguir centrarse en la trama principal hasta bien entrado el metraje. La importancia del contexto en el que se desarrolla la película -un país gris donde el silencio y el mirar para otro lado es una imposición– se convierte en protagonista de la película y opaca lo que en teoría da sentido a El Niño 44, la investigación de los asesinatos de menores de edad por parte de un psicópata a lo largo de Rusia en 1953.

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Tom Hardy vuelve acertar en su interpretación del militar ruso Leo Demidov, un héroe de la Segunda Guerra Mundial que, diez años después, sirve a su país con los ojos cerrados hasta que la muerte del hijo de su mejor compañero toca su conciencia. Dividido entre la lealtad a su país y lo que considera justo, se ve forzado a la desconfianza hacia el sistema que le rodea y le destierra cuando elige no delatar a su mujer (Noomi Rapace), sospechosa de espionaje, y se convierte en un objetivo a eliminar como fruto de su disidencia.

A pesar de que las tramas en la novela de Smith son complejas, el director a cargo de la película, el sueco Daniel Espinosa, no quiere dejar ninguna de ellas fuera del guión. Fiel a la obra, da lugar a una película que parece dividida en varias partes -o ‘capítulos’- que en su conjunto parece no haber decidido claramente dónde está el foco principal y cuáles son los aspectos que podían haberse descartado. Uno de ellos es el papel que interpreta la protagonista femenina, que aunque permite lucirse a Rapace, no llega a despegar en ninguna de las tramas.

A pesar de su desarrollo irregular, El Niño 44 no decepciona como retrato de un comunismo descarnado y opaco y sienta unas bases sólidas para el desarrollo de una historia oscura de traiciones y represión que, con sus evidentes fallos y vaivenes, resulta interesante y potente. La opresión, los caprichos siniestros y la ley del silencio, una losa encima de leales y desleales caídos en desgracia, se hacen cargo al final del protagonismo en el sistema perverso que retrata El Niño 44. Porque, como en su dogma, ‘no hay crimen en el paraíso’.

Puntuación: 7/10 

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