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Biden tendrá los días contados en la Casa Blanca

Hunter. Jimmy, Kamala... mejor que no cambie las cortinas
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden. EUROPA PRESS

La desfachatez de los grandes medios, que hicieron lo imposible para tapar el ‘bombazo’ de la corrupción de la familia Biden -mejor: la ‘famiglia‘ Biden-, despreciándolo como una ‘evidente’ operación de desinformación rusa, ha indignado a los pocos norteamericanos que aún no supieran que la prensa se convirtió hace ya tiempo en una máquina de propaganda.

Lo curioso ahora es que, de repente, todos esos mismos medios que aseguraron que no había nada reprochable en la conducta de Hunter Biden (y otros Biden que están siendo investigados por el FBI, como Jimmy, el hermano pequeño de Joe), se están volcando a informar del caso como si no hubiera mañana.

Naturalmente, ahora pueden hacerlo con la tranquilidad de saber que no influirá en el resultado electoral, pero, ¿es eso todo? ¿No es arriesgado manchar irremediablemente la imagen del ‘presidente proyectado’ cuando aún no ha jurado siquiera el cargo? ¿Qué hay detrás de esta súbita recuperación de la probidad profesional?

Una posible razón es la misma que hace que las encuestas de intención de voto, después de pasarse toda la campaña dando inverosímiles puntos de ventaja al candidato favorito, reducen esa diferencia a niveles más discretos uno o dos días antes de la votación: es un modo de no quedar completamente desprestigiadas. Y en el caso que nos ocupa, los medios quieren poder presentar algo escrito sobre el escándalo en el caso, nada improbable, de que Hunter sea detenido. Tener que sacar la foto del niño de los Biden esposado sin haber dicho una sola palabra de su caso les dejaría como la chata de Pumarín, destruyendo su prestigio, ya bajo mínimos.

Pero hay más. Aquí hemos glosado suficientemente la escasísima popularidad del candidato. No tenía mucho sentido presentar a la presidencia a un tipo con graves problemas para hacerse entender, con evidentes carencias cognitivas y que lleva media vida intentando en vano alcanzar la presidencia.

Pero Biden tenía una serie de ventajas para la maquinaria demócrata. Por un lado, no asusta. El Partido Demócrata ha experimentado un extraordinario giro hacia la izquierda en las últimas décadas, pero muchos de sus votantes, quizá el grueso, lo son por tradición familiar o por una imagen desfasada del partido. Todo españolito ha escuchado alguna vez al amigo que vuelve de Estados Unidos para explicarle que aquí no tenemos ni idea, que allí los dos partidos están a la derecha del PP.

Y era verdad, pero ya no lo es. Lo que ofrecía, por ejemplo, Bernie Sanders —que hubiera ganado las dos últimas primarias demócratas sin las trampitas de la maquinaria del partido— es socialismo puro y duro. Esto, que puede atraer a cierta base joven, horroriza al votante medio. Biden, con toda una vida en política, resulta tranquilizador en este sentido.

Por otro lado, Biden es muy probablemente ‘recatabile’, como dicen los italianos, es decir, está lo bastante pringado como para hacer lo que le digan y ser buenecito si no desea que salgan a la luz todos sus negocios sucios.

Pero, sobre todo, es un presidente al que se puede apartar para que presida Kamala Harris, que representa mejor lo que quieren los donantes del partido pero que le cae mal a todo el mundo, como se comprobó en las primarias. Después de lo que se ha visto -y de lo que él mismo afirmó, en tono de broma, en una reciente entrevista-, sería muy creíble que renunciara pronto por motivos de salud.

Sin embargo, ¿para qué esperar, cuando el destino te pone en las manos el caso Hunter? Ah, y no nos olvidemos de Jimmy, al que también están investigando. Podría montarse una estrategia de comunicación inteligente para mantener a Joe al margen y que no le salpique todo esto demasiado, pero no tendría mucho sentido: ya ha cumplido su misión, es hora de que desaparezca por el foro.

Además, está el riesgo de que Biden quiera mandar de verdad, o que tenga compromisos que cumplir. El ala izquierda del partido ya ha expresado su decepción con los primeros nombramientos de Biden, un hatajo de ‘sospechosos habituales’, políticos de (larga) carrera, ejecutivos de grandes empresas y ‘halcones’ a los que da igual ser demócratas o republicanos con tal de que les dejen bombardear lugares lejanos reacios a aceptar el modo de vida americano.

Así que Joe, antes aún de jurar el cargo, tendría ya los días contados en la Casa Blanca. Mejor que no cambie las cortinas.

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