Coca-Cola exhorta a sus empleados a ‘ser menos blancos’: la ‘normalidad’ del régimen de Biden

ALARMA EN EEUU

“Intenta ser menos blanco”, exhorta Coca Cola a sus empleados en un curso online obligatorio. Lo de Martin Luther King, eso de juzgar a la gente, no por el color de su piel, sino por el contenido de su carácter, ha quedado muy, muy atrás. Prueba A del extraño panorama que se vive en el extraño régimen de Joe Biden.

Los medios internacionales se han desentendido casi totalmente de Estados Unidos una vez que Trump ha salido de escena, lo que dice muy poco de su entusiasmo por el nuevo presidente y mucho de su odio hacia el antiguo. Ya no hay muertos por covid, no hay disturbios, no hay, en fin, más que la vuelta a la placidez rutinaria de la democracia más poderosa del planeta.

Y es una lástima, porque en la primera potencia mundial están pasando cosas muy interesantes, aunque preferiría calificarlas de alarmantes.

La teoría esparcida por los medios convencionales con una unanimidad terrorífica es que, con la elección del tándem Biden-Harris, volvía la ‘normalidad’ al país después de un anómalo coqueteo con el fascismo de cuatro años. Naturalmente, ningún ‘fascismo’ hubiera consentido una prensa tan ferozmente hostil, pero no podemos pedir a estas alturas coherencia en la opinión publicada común.

Pero lo indudable es que lo que tenemos delante hoy es cualquier cosa menos ‘normalidad’. Si Trump fue una especie de freno parcial e ineficiente al avance de la insania políticamente correcta, su mutis por el foro está significando un regreso de la política ‘woke’ a niveles de totalitarismo soviético. Veamos algunos ejemplos.

La Equality Act, cuya rápida aprobación ha augurado la Casa Blanca, pretende que homosexuales y transexuales constituyen un colectivo discriminado y que hay que aplicarles el mismo régimen que surgió para las minorías raciales de la lucha por los derechos civiles de los años sesenta. El proyecto es de 2019, pero ahora ha llegado el momento de aplicarla, y aquí el ‘devoto católico’ Biden ha chocado inmediatamente con su iglesia: la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, junto a otros grupos de ciudadanos alarmados, ya mostró en su momento su preocupación por una ley que, dicen, “deteriora la calidad de la asistencia sanitaria, pone en peligro la privacidad y seguridad de las mujeres y las niñas, coarta la libertad de expresión, ataca gravemente la libertad religiosa y pone en riesgo las fundaciones caritativas y a la gente que colabora con ellas”.

Con el reciente anuncio, los obispos han sido más contundentes, juzgando que el proyecto “obliga a todos los profesionales e instituciones sanitarias a realizar procedimientos de reasignación de sexo que van contra el criterio médico de muchos de esos profesionales, por no hablar de sus convicciones morales o religiosas”. Además, “vulnera los derechos civiles de mujeres y niñas al dar acceso a aseos, vestuarios y duchas a varones biológicos que se identifican como mujeres”, eliminan el reconocimiento distintivo de las mujeres con sus infundadas definiciones de “sexo” e “identidad de género” e “imponen nuevas normas de gran alcance que tienen un impacto negativo sobre el no nacido, la sanidad, las instituciones de caridad, los colegios, la privacidad personal, los deportes, la libertad de expresión, la libertad religiosa y los derechos de los padres”.

El Congreso pide a las tecnológicas que aumenten su censura de las opiniones conservadoras. El Congreso ha convocado por tercera vez en cinco meses a los responsables de las redes sociales con la intención de obligarles a que eliminen las opiniones disidentes en sus plataformas. El 25 de marzo, el Comité de Energía y Comercio de la Cámara interrogará a Jack Dorsey, CEO de Twitter, Mark Zuckerberg, de Facebook, y Sundar Pichai, de Google, en una audiencia que, según anuncia el propio comité, se centrará en la “desinformación rampante en las plataformas” en Internet. Sea buen chico o dígale adiós a su cuenta, su blog o su canal en Youtube. Los dos aspectos que más preocupan a los legisladores son las ‘falsas informaciones’ sobre la pandemia y sobre el fraude electoral perpetrado por los demócratas.

Para acabar, el Departamento de Justicia y el FBI están investigando a señaladas figuras de la opinión pública disidente como Roger Stone y Alex Jones y otros para determinar si se les puede enjuiciar por el papel desempeñado “incitando” los disturbios que tuvieron lugar el 6 de enero en el Capitolio y que se están convirtiendo a toda velocidad en el equivalente moderno del incendio del Reichstag.

No es extraño, viendo este panorama, que la popularidad de Donald Trump en las últimas encuestas esté más alta que en ningún momento de su mandato.

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