«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
AVANZA EL COVID Y SE DESATA UN BROTE DE SARNA INFANTIL

El avance de la pandemia en Cuba desmonta el falso mito de la ‘potencia médica’ impuesto por el castrismo

Mientras el régimen cubano, con total impunidad, continúa su conocida guerra sin cuartel contra los derechos y las libertades, los ciudadanos intentan sobrevivir en medio de una ya legendaria crisis, agravada con la embestida socioeconómica que desde hace un año vienen arrastrando por el impacto y las secuelas del coronavirus, cuyos infectados y fallecidos aumentan cada vez más.

Según las cifras que se divulgan en la Isla con relación a esta enfermedad infecciosa, la situación empeora y el régimen no logra controlarla. Y no sólo en las calles, sino también en las cárceles -donde las medidas para evitar contagios prácticamente no existen y quienes protestan son atropellados- y en los hospitales, donde no hay medicinas y las condiciones sanitarias son deprimentes.

Mil muertos para junio

Raúl Guinovart, doctor en ciencias y decano de la Facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana, prevé que en junio el país podría llegar a los mil fallecidos por Covid-19.

El matemático reconoció que «infelizmente mayo también comenzó marcado por un promedio bastante elevado de casos positivos al nuevo coronavirus, incluida una cifra también alta de personas fallecidas. Lo que se pronostica para las próximas semanas (…) es que los números sigan aumentando al mismo ritmo que hemos podido constatar por estos días», según publicó el portal oficialista Cubadebate.

«Llevamos un ritmo muy alto de casos fallecidos» y «de seguir al ritmo de diez fallecidos diarios, Cuba llegaría al mes de junio con la cifra, acumulada, de unos 1.000» (…). «Estamos hablando de personas que todavía no se han enfermado; es decir, algunos de esos posibles fallecidos aún no se han enfermado, por lo tanto, es bueno que las personas también tomen conciencia», dijo el experto.

La realidad es que los casos de contagio aumentan a la par del desabastecimiento generalizado de alimentos y medicamentos. Muchos de los cubanos de a pie viven en circunstancias sanitarias funestas y con una alimentación insuficiente. Además de que para conseguir los pocos productos básicos a los que puede acceder la gran mayoría tienen que hacer largas colas, donde el nivel de contagio es altísimo.

Sin medicinas ni comida 

De ahí que los brotes de coronavirus crezcan como la hierba mala. Según Radio Televisión Martí «dos brotes de coronavirus provocaron el cierre de varias barriadas en el municipio capitalino de Marianao, mientras el aumento de los casos de Covid-19 en el país está causando el colapso de centros hospitalarios y se agudiza la crisis por el faltante de alimentos y medicamentos, así como el incremento de las multas».

En un reportaje de Tomás Cardoso, para dicha agencia federal de los Estados Unidos, son entrevistados varios cubanos residentes en la Isla, cuyos testimonios revelan un paisaje lamentable: «Muy cerca de mi barrio hay varias personas que están aisladas con coronavirus y toda esa zona está cerrada, realmente es una situación muy tensa, que se complica con las personas saliendo a la calle en busca de alimentos», dijo desde Mariano el periodista independiente Enrique Díaz.

El sociólogo Ángel Marcelo Rodríguez Pita, desde Centro Habana, el municipio más poblado del país, asegura que «se ha perdido el control sobre la pandemia y el gobierno no tiene una propuesta real para hacer frente a la Covid-19, y se sigue especulando y apostando mucho sobre la vacuna nacional».

Mientras que desde la Isla de la Juventud (Isla de Pinos) la activista Martha Pérez denuncia que «no hay medicinas en las farmacias (…). Lo que le están poniendo para todo tipo de infecciones en el hospital a los pacientes es Rocephin, porque no existe otro tipo de antibiótico». Y que a los vendedores que traen alimentos desde otros municipios como Batabanó «son multados y sufren el decomiso de sus productos en medio de la falta de alimentos».

En los hospitales, sobre todo los de provincias, la situación también empeora. La activista Leydis Tabares describe así lo que ocurre en el Hospital Provincial de Camagüey Manuel Ascunce Domenech: «hay un evento grandísimo de Covid-19 y están cerrados dos pisos, el cuarto y el quinto, pero los médicos no tienen condiciones ni medicamentos para trabajar».

Pero no es el coronavirus el único brote que hoy atormenta a los cubanos. El activista William Tamayo notifica que en Banes, provincia de Holguín, se ha destapado un «brote de sarna (escabiosis) infantil» y que en el Hospital Materno Infantil Dr. Luis Mario Cruz «no hay medicamentos para su tratamiento».

“Hay niños recién nacidos ingresados por escabiosis y dengue, y no hay antibióticos ni nada, entonces los familiares andan como locos en la calle recurriendo a la medicina verde”, ha declarado Tamayo sobre la odisea de los cubanos ante las necesidades médicas, lo cual desmonta, una vez más, el mito creado por la revolución castrista de que el país es una «potencia médica».

La verdad es un pecado socialista

Recientemente el doctor Alexander Jesús Figueredo Izaguirre, especialista de primer grado en Medicina General e Integral en Bayamo (provincia Granma) fue expulsado de su trabajo por «contrarrevolucionario«. Una etiqueta que el castrismo utiliza para intentar deslegitimar a quienes disienten. Pues difundir la verdad es un pecado socialista.

Lo cierto es que Figueredo Izaguirre, luego de la muerte de su abuelo por falta de medicamentos, fue condenado por dar a conocer en las redes sociales las deplorables condiciones de los hospitales y la falta de transparencia del régimen con las cifras relacionadas con el coronavirus.

Este galeno no es el único que ha sufrido la represión castrista por cumplir con su deber ético de no ocultar la verdad. Otros médicos también han sido víctimas del sistema: Alexander Raúl Pupo Casas y Johan Pérez Leyva (ambos de la provincia Las Tunas) y Manuel Guerra (de Holguín), son otros de los interpelados por los gendarmes de la policía política, cuya misión es que los hechos y datos reales no salgan a la luz pública y reprimir a quienes no acepten la tergiversación o el silencio.  

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