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El engañoso auge electoral de la política ‘verde’

HAN PASADO DE 68 ESCAÑOS EN 2009 A 63 EN 2013
Líder del partido ecológico alemán, Alianza 90/Los Verdes, Annalena Baerbock. EUROPA PRESS

Muerto el consenso de posguerra y en declive los partidos que partían el bacalao en Europa Occidental -ya saben, conservadores/laboristas, PSOE/PP, PCI/Democracia Cristiana, etcétera-, el futuro es de los nuevos partidos, los ‘populistas’ (soberanistas), por un lado, y la nueva izquierda verde que te quiero verde. Es la apuesta que pretende hacer en España el Más País de Errejón, que tiene en mente los Verdes alemanes, en constante ascenso electoral a expensas del tradicional partido socialdemócrata.

A finales de abril y principios de mayo las demoscópicas registraron un fuerte ascenso en el apoyo al Partido Verde, llegando incluso a situarle en cabeza de la clasificación electoral. La posibilidad de un gobierno ‘verde’, del primer país europeo dominado por una coalición específicamente ecologista, parecía al alcance de la mano, quizá inevitable.

Solo que, quizá, no.

La idea es que Alemania, como pionera en Europa, es un país verde, con un futuro ecológico también en lo político. Los Verdes, que se presentan a las elecciones en alianza con grupos menores, han pasado de 50 escaños en el Bundestag en 2005 a los actuales 66, lo que parece augurar para esta opción un futuro… verde.

Pero la impresión es algo engañosa. El grupo ha oscilado en los últimos años, pasando de 68 en 2009 a 63 a 2013, dejando la sensación de que podría haber tocado techo. Pero ese de la aritmética electoral es solo un aspecto; otro, más importante, es el límite de cuán ecológicas quieren los alemanes que sean sus políticas.

Es algo similar a lo que vimos en el reciente referéndum suizo sobre medidas acordes a los acuerdos de lucha contra el Cambio Climático, que fueron rechazadas en las urnas pese a que Suiza tiene también una bien ganada fama de país favorable a las políticas conservacionistas. Y ese límite pasa irremediablemente por el bolsillo.

Una reciente encuesta de Infratest desmonta el mito de Alemania como un país irremediablemente ecologista, destinado a una victoria electoral de los Verdes que dé un vuelco sin vuelta atrás al panorama político. Vamos con algunos datos importante: ¿quieren los alemanes que el Estado prohíba comportamientos especialmente dañinos para el clima? La respuesta, en el 53% de los consultados, es que no. Como es que no para tres cuartas partes de los alemanes la respuesta a la pregunta de si favorecen un encarecimiento de la gasolina. Y otro “no”, apoyado por un 57%, sobre si el gobierno debería estimular la transición hacia los coches eléctricos.

Entonces, ¿qué explica el fenómeno registrado hace solo unos meses en el sismógrafo de la opinión pública alemana? Una burbuja, condicionada por la especialísima situación que se vive en todo el mundo como consecuencia de las restricciones impuesta con la excusa de la pandemia. En el encierro, las palabras de la líder de la Alianza 90/Los Verdes sonaban muy bien. Ahora, con la vuelta a cierta normalidad, no tanto.

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