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La efectividad de las tiranías luce sumamente limitada

Las ‘vacunas’ cubanas contra el coronavirus y el insólito papel de Venezuela

‘Soberana 2’ y ‘Abdala‘. Así se llaman los proyectos experimentales de vacuna que, en teoría, se están desarrollando contra la Covid-19 en la Cuba castrista. Los nombres, simpáticos a primera vista, resultan paradójicos cuando se piensa en un pueblo que lleva al menos 60 años sin ejercitar la soberanía popular en elecciones libres y que lo último que se recuerda en América Latina con el nombre de ‘Abdala’ fue a aquél presidente ecuatoriano que enloqueció en el poder y no duró ni un año en el cargo, siendo destituido por incapacidad mental para gobernar. 

Sobre estos dos “candidatos vacunales”, como les han bautizado en la isla, prácticamente la única información disponible proviene de la prensa manejada por el régimen, por lo que su desarrollo no está completamente claro;  al menos no para el gran público.

En su versión digital, el Granma, principal órgano de comunicación de los medios oficiales cubanos, ha señalado recientemente que ‘Soberana 2’ y ‘Abdala’ estarían por terminar la primera etapa de pruebas de la fase III, en teoría la última cuando de desarrollar vacunas se trata. Se espera que una nueva etapa siga en abril. Entretanto, no hay certidumbres sobre cuándo podrían estar realmente listas ambas vacunas. 

Hasta principios de esta semana, el  35.153 de un total de 40.010 voluntarios habrían recibido al menos una dosis de lo que se pretende será ‘Soberana 2’; mientras que 19.524 personas de un grupo de unas 48.000 ya tendrían su primera dosis del ensayo clínico de ‘Abdala’. Los “voluntarios”, diseminados en varias provincias de la isla, son escogidos por el Ministerio de Salud del régimen entre el personal médico que trabaja en los hospitales, trabajadores de la farmacéutica del Estado (BioCubaFarma) y otros grupos de la población. 

Recientemente,y para sorpresa de muchos, el tirano Nicolás Maduro señaló que el régimen castrista había enviado a Venezuela 30.000 dosis de cada una de estas dos vacunas, para que el país iberoamericano se sumara a la fase experimental que se está desarrollando en Cuba. 

En esta ocasión Maduro expresó que, en el caso de ‘Abdala’ y ‘Soberana 2‘, “son dos candidatos vacunales extraordinarios. Agradezco al presidente (Miguel) Díaz-Canel, al sistema de salud pública de Cuba y al general del Ejército Raúl Castro Ruz por incorporar a Venezuela a estos ensayos. Vamos juntos, unidos construyendo las respuestas y las soluciones de Nuestra América”.

Este es, quizá, uno de esos extraños casos en los que un país presta su territorio y su población para aplicar ensayos experimentales con vacunas desarrolladas en otros países, con los posibles riesgos, grandes o pequeños, que ello implica. Eso, además, en una Venezuela en la que una campaña de vacunación masiva con dosis aprobadas por las farmacéuticas internacionales y la Organización Mundial de la Salud (OMS) luce más que lejana en este momento.   

Ya la Academia Nacional de Medicina (ANM) venezolana ha salido al paso, indicando lo obvio: ‘Abdala’ y ‘Soberana 2’ no son vacunas, sino candidatas a serlo. Además de que lo lógico es que, para éstas se conviertan en tales, la fase 3 del proceso experimental debe ser aplicada en sujetos del país de origen de la posible vacuna y no en terceros países.

“Los candidatos a vacunas Soberana 02 y Abdala son productos experimentales que apenas han comenzado a evaluarse en Cuba. Lo poco que se sabe es por noticias periodísticas emanadas de la isla. Dichos productos, aunque se basan en el mismo concepto que se ha usado en otras vacunas exitosas contra la COVID-19 (inducción de inmunidad contra la proteína de la superficie del virus), utilizan metodologías antiguas que no han sido probadas en el caso de la COVID-19”, señala la ANM en un boletín oficial del 22 de marzo pasado. 

Hay que recordar que Cuba es el único país de Iberoamérica que decidió, por motivación propia y aún sin mayores explicaciones, excluirse del programa de asignación de vacunas COVAX, que ha diseñado la OMS para proporcionar hasta un 20% de las dosis necesarias para vacunar a la población de países que, por la precariedad general de sus condiciones, no cuentan con los medios para financiar completamente sus campañas de vacunación contra la Covid. 

Por su parte, el régimen chavista, a través de la Vicepresidenta, Delcy Rodríguez, rechazó el 23 de marzo la entrada de vacunas COVAX a Venezuela, arguyendo que las dosis que serían enviadas al país provenían de la ahora cuestionada compañía AstraZeneca. A estas alturas, solamente la isla caribeña y el país iberoamericano se asoman como los únicos “marginados” de este mecanismo en la región. 

Sin embargo, el trasfondo de la negativa del chavismo parece deberse más a razones políticas que al miedo a los efectos secundarios del producto de esta farmacéutica: Maduro no luce dispuesto a aceptar que las vacunas lleguen a Venezuela producto de las gestiones financieras hechas ante el mecanismo COVAX por la Asamblea Nacional que preside Juan Guaidó, pues estaría concediéndole rédito político a este último. La política por encima de la salud de millones venezolanos. Así de simple.

Así pues, la efectividad que pueda tener la entente de las tiranías chavista y castrista en materia de vacunas luce sumamente limitada. Al día de hoy la pandemia toma a estos dos países en la precariedad que solamente el socialismo y los regímenes despóticos de esa laya son capaces de producir. Juntos mienten y se tapan mutuamente, pero los avances que se observan en otros países de la región en materia de vacunación les dejan más que expuestos en la infamia. 

Mientras tanto, el tamaño del disparate cubano puede verificarse en una declaración que, en medio de la reciente aplicación experimental de ‘Soberana 2’ y ‘Abdala’, ha dado el médico Jorge Torrealba en un municipio de La Habana: “Lo que comenzó como locura y sueño en un laboratorio, se está convirtiendo en realidad por ustedes. Lo que hemos hecho en los últimos días es una hermosa locura de esperanza. Construir el sitio donde los cuerdos no llegarán jamás”.

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