Otro frente contra el Partido Demócrata: los hispanos de EEUU rechazan que se les llame ‘latinx’

EL 40% SE SIENTE OFENDIDO POR EL ACTIVISMO 'WOKE'
Seguidores de Donald Trump en Pensacola (Florida). Reuters

Uno de los rasgos más sorprendentes del activismo ‘woke’ es que se ofende en nombre de grupos que no se sienten ofendidos en absoluto y que, en cambio, aborrecen a menudo la ‘defensa’ del progresista condescendiente.

Es el caso del apelativo ‘Latinx’, que se ha puesto de moda entre políticos, comentaristas y espontáneos en redes sociales de estricta observancia progresista. Lo de ‘latino’, ya viejo y siempre absurdo, es con ánimo de crear una raza a partir de una gradación de mestizaje que se resiste a la clasificación, y esa ‘x’ final la conocemos bien en España como muestra de agnosticismo y respeto por todos los géneros habidos y por haber que nuestra ministra de Igualdad, Irene Montero, reduce a tres: todas, todos y todes.

Pues bien: en Estados Unidos, la población procedente de la América Hispana aborrece el término con el que los políticos anglos ‘woke’’ pretenden camelarlos. Según una reciente encuesta encargada por el portal Politico y llevada a cabo por Amandi International, «una forma demócrata especializada en la movilización de latinos», descubrió que mientras solo un 2% se reconoce a sí mismo en el término ‘Latinx’, un 40% se siente directamente ofendido por él.

Tampoco es que la latinidad arrase, precisamente. El 21% usa el término ‘latino’ o ‘latina’ (convenientemente sexuado), mientras que un abrumador 68% prefiere el de ‘hispano’. Otro gran triunfo de estos anglosajones con complejo de samaritanos que se meten donde nadie les ha llamado.

La metedura de pata es tan intensa que, de hecho, que casi un tercio de los consultados dejaría de apoyar a todo político u organización que use el antigramatical e impronunciable ‘Latinx’.

El desastre es especialmente importante cuando la población hispana está creciendo de un modo impresionante en Estados Unidos, mayoría ya en muchos condados, y se acercan las elecciones legislativas, esas que prometen pintar de rojo (republicano) el mapa de la Unión. Y a los demócratas solo se les ocurre dirigirse a sus potenciales votantes con un término que odian como si fuera un gancho electoral.

Y es que los hispanos están sorprendiendo a los demócratas últimamente. El partido de Biden ha dado por descontado que el voto hispano era suyo, que lo tenían atado y bien atado, como el voto negro, porque ellos son el partido de la inmigración descontrolada y porque les miman y adulan como si estuvieran todos en edad de gatear.

Pero los hispanos se están haciendo de derechas. Para empezar, el modo en que los demócratas se dirigen a ellos apesta a condescendencia veladamente racista. Para seguir, proceden de países en los que, si la política está fuertemente escorada hacia la izquierda, los valores sociales y familiares son aún fuertemente tradicionales, y los malabarismos de género a los que están entregados los demócratas y los ataques a la familia de toda la vida no suelen gustarles un pelo.

Y ahora llega Biden y dice cosas como: «Es terriblemente difícil vacunar a los Latinx». Sigue así, Joe, que vas estupendamente.

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