'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
EL TERTULIANO BARRE AL PP FRANCÉS

Por qué Marine Le Pen le tiene que estar muy agradecida a Éric Zemmour

Marion Maréchal y Éric Zemmour, en un mitin el pasado 6 de mrzo en Toulon (Clement Mahoudeau / AFP / dpa)

Las elecciones del domingo 10 han repetido el resultado de hace cinco años: un candidato globalista apoyado por todo el Sistema, desde la banca al Partidos Comunista francés, y una candidata ‘populista’. Es decir, Emmanuel Macron y Marine Le Pen, con la diferencia de que la suma de ambos ha pasado de un 45 por cientoi del voto al 51 por cienti: 9,8 millones para el presidente y 8,2 millones para la candidata.

En este lustro han cambiado muchas cosas: una pandemia ha aterrorizado al mundo; los franceses ya tienen una deuda pública, contraída por el Estado, que supera el PIB; se ha consumado la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea; ha aumentado la inmigración; y se está librando una guerra en Ucrania. También ha crecido el desprecio de la oligarquía política al pueblo. Macron ha declarado que está dispuesto a “joder” a quienes rechacen las sucesivas dosis de la vacuna contra el covid.

Otro cambio en la política francesa es la eliminación del partido de la derecha ‘civilizada’. En 2017, para presentarse a los franceses como una ruptura con la partitocracia vigente que les asqueaba, el Partido Socialista fue sacrificado para, con el humo de sus entrañas quemadas, purificar a Macron, que fue ministro del socialista François Hollande, y antes ejecutivo asalariado de la Banca Rothschild. Dados sus orígenes, Macron fue el candidato más votado por los más ricos del país… y sus ‘criados’. 

Lo innegable es que en la República no creen ni los que viven de ella

En esas elecciones, el candidato socialista cayó a un 6 por ciento y para las presentes Anne Hidalgo, alcaldesa de París y admiradora de Pedro Sánchez, se ha desplomado por debajo del 2 por ciento. Un desastre mayúsculo. Tanto que Le Monde dio la semana pasada la noticia de una reunión secreta (como corresponde a las cúpulas de las partitocracias) de varios mandamases socialistas, incluida Hidalgo, para debatir la liquidación del PS, fundado en 1969.

Ahora, ha sido destruido el partido de la derecha, que, como su homólogo español, el PP, huye de la calificación de derecha y prefiere la de centro. En unas primarias, Los Republicanos escogieron como su candidata a Valérie Pécresse, dos veces ministra en el frustrante quinquenio de Nicolas Sarkozy

En España a Pécresse se le recibió con un entusiasmo que sirve para identificar a sus patrocinadores. El corresponsal de ABC, sumiso a la ola feminista, escribió que era la primera mujer con posibilidades de alcanzar la presidencia de la república, olvidándose de Segolene Royal y de su detestada Le Pen. Y el de El País aseguró que el candidato que más temía Macron era Pécresse.

Parecía que los poderosos y los ricos, los que votaron a Macron en 2017 (de la misma manera que a Le Pen le votaron los pobres, a Melénchon los jóvenes y a Fillon los jubilados), se guardaban una reina en la manga por si el juego se complicaba. 

Desde enero, la ‘republicana’, equivalente a Pablo Casado o Alberto Núñez Feijóo, no paró de bajar en las encuestas y ha sacado menos de un 5 por ciento. La candidata de la derecha ‘útil’ y ‘de confianza’ ha quedado quinta, detrás de Macron, Le Pen, Jean-Luc Mélenchon (a la izquierda del PS, pero el candidato más rico de los que se presentan a estas elecciones) y Eric Zemmour. Pécresse sólo ha mantenido uno de cada cuatro votantes de François Fillon: de 7,2 millones a 1,7 millones.

Se dirigen a públicos distintos: Le Pen a las clases trabajadoras y Zemmour a los burgueses; la primera a los bares y el segundo a las bibliotecas

El destructor de Los Republicanos es Zemmour, un escritor y polemista muy popular que, como Macron, ha montado un partido propio, aunque sin el dinero ni los cuadros de éste. Su nombre gusta a los españoles: la Reconquista. Zemmour ha quitado electorado a Pécresse y no ha perjudicado a Le Pen, ya que ésta, con un millón menos de participación, ha ganado 500.000 votos respecto a 2017. 

Zemmour, a favor de la reindustrialización y de la deportación de inmigrantes, enemigo del feminismo y trovador de la Francia desvanecida, irrumpió con tanta fuerza que se situó como segundo en varias encuestas. Ahora, ha retrocedido hasta el cuarto puesto, con un 7 por ciento y 2,5 millones de votos. La suma de los porcentajes dados por las encuestadoras a Zemmour y Le Pen (confirmados en la votación del domingo 10) llevó al histerismo a esos ‘guerreros del bien’ que son los periodistas políticos: ¡la súper extrema derecha en Francia alcanza el 30 por ciento de los votos! Y encima, en el duelo final de la segunda vuelta, Macron sólo es mayoritario entre los mayores de 50 años.

El auge de Le Pen y Zemmour muestra el hartazgo de los franceses con la partitocracia de la V República. Se dirigen a públicos distintos: Le Pen a las clases trabajadoras y Zemmour a los burgueses; la primera a los bares y el segundo a las bibliotecas. Pero ambos grupos tienen en común la desazón, el miedo… y la ira. Ira contra los que afirman que vivimos en el culmen de la historia y del bienestar cuando los franceses, como describe Michel Houellebecq en sus novelas, son cada año más pobres y se sienten más solos y más tristes.

Quizás en algún momento se produzca un estallido o quizás la avejentada y obesa Francia ya no tenga fuerzas para montar, otra vez, barricadas

Puesto que Zemmour ha pedido a sus votantes que escojan a Le Pen en la segunda vuelta, quizás sería posible una alianza en las legislativas de junio entre los partidos de ambos, para engullir al centenar de diputados de Los Republicanos. 

La escasa representatividad del Parlamento francés, debido a los acuerdos entre los partidos del poder (centro-derecha, socialista, comunista y el movimiento macronista) en la segunda vuelta, se muestra con el siguiente dato: en la Asamblea vigente, los socialistas tienen 29 escaños, mientras que la suma de los partidos de Le Pen y Mélenchon (segunda y tercero en las presidenciales) se queda en 25.

Ya es un lugar común afirmar que Francia se encuentra en un momento revolucionario… que se prolonga desde mediados de los años 90 del siglo pasado. Quizás en algún momento se produzca un estallido o quizás la avejentada y obesa Francia ya no tenga fuerzas para montar, otra vez, barricadas. Lo innegable es que en la República no creen ni los que viven de ella, pues quieren disolverla en la Unión Europea.

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