El beneficio que le negaron a un guardia civil y le concedieron a Txapote

Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

El pasado 16 de febrero fallecía la madre de un guardia civil de Gijón, destinado en Madrid, tras una larga lucha contra un cáncer de pulmón con metástasis. Murió sin poder pasar sus últimos días de vida en compañía de su hijo. Murió sola porque el director general de la Guardia Civil, José Manuel Holgado, no tuvo reparos en considerar que la situación que sufría esta mujer era un simple “problema social” y denegó el traslado solicitado por su hijo. Murió sola porque el máximo responsable de la Benemérita no actuó con la sensibilidad y humanidad que caracterizan al Cuerpo armado que representa.
Lo sucedido es, como ya denunció La Gaceta, vergonzoso. Pero si echamos la vista atrás y recordamos que el pasado año el juez concedió un permiso penitenciario al sanguinario etarra Txapote para visitar a su padre enfermo es, además, indignante.
El juez de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional, José Luis Castro, concedió el 29 de marzo de 2017 un primer permiso penitenciario “extraordinario” al que fuera jefe militar de ETA Francisco Javier García Gaztelu, Txapote, detenido en Francia en 2001 y condenado, entre otros, por los asesinatos de Miguel Ángel Blanco; Fernando Buesa y su escolta, Jorge Diez Elorza; Fernando Múgica; Gregorio Ordóñez; José Luis López de Lacalle; y dos guardias civiles en Sallent de Gállego (Huesca).
El magistrado permitió -en contra del criterio de la Junta de Tratamiento de la cárcel de Huelva en la que cumple condena- que el sanguinario etarra pisara la calle tras recibir un informe del Instituto de Medicina Legal en el que se acreditaba la “dificultad de movilidad del progenitor por su avanzada edad”.
El guardia civil, sin embargo, no tuvo tanta suerte. Solicitó el 30 de agosto del pasado año la adscripción temporal al puesto de Gijón o a la unidad más cercana debido a la grave enfermedad que padecía su progenitora. Pero la Dirección General del Cuerpo desestimó la petición del agente, a pesar de que su madre acudió al Servicio de Oncología del Hospital Universitario de Cabueñes con “fiebre, escalofríos y disnea en aumento hasta hacerse de mínimos esfuerzos”. Así quedaba recogido en el informe médico al que ha tenido acceso La Gaceta, en el que se especificaba además que “estamos pendientes de realización de TAC, aunque la situación parece de mal pronóstico a corto plazo”.
Para premiar a Txapote, la Justicia aplicó el artículo 155 del Reglamento Penitenciario, que establece que en caso de fallecimiento o enfermedad grave de los padres, cónyuge, hijos, hermanos y otras personas íntimamente vinculadas con los internos se concederán, «con las medidas de seguridad adecuadas», permisos de salida extraordinarios «salvo que concurran circunstancias extraordinarias que lo impidan».
El afán por cumplir las normas en este caso contrasta con la inacción mostrada ante la dramática situación que estaba atravesando el guardia civil.
Y es que le denegaron la posibilidad de cuidar a su madre gravemente enferma a pesar de que el artículo 81.2 de la Ley 29/2014 de 28 de noviembre, de Régimen del Personal de la Guardia Civil, establece que “cuando existan circunstancias excepcionales de atención familiar, basadas en motivos de salud, discapacidad o rehabilitación del guardia civil, su cónyuge, hijos o familiares hasta segundo grado de consanguinidad, se podrá adscribir temporalmente al guardia civil a un puesto de trabajo en distinta unidad o localidad, conservando el destino que tuviera, previa solicitud del interesado e informe del servicio médico oficial legalmente establecido”.
Juzguen ustedes mismos. La familia de una de las víctimas del etarra, Fernando Múgica, ya lo hizo en su momento y no tardó en responder a la decisión del juez Castro. «Qué suerte Txapote por poder visitar a su padre. Aquí es donde yo visito a mi abuelo desde hace 21 años, por su culpa», escribía Jorge Múgica a través de las redes sociales junto a una fotografía de la tumba de su abuelo, al que Txapote pegó un tiro en la nuca en plena calle el 6 de febrero de 1996 delante de su propio hijo José María.
 
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