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Su porvenir se ha complicado en sólo 20 años

Los jóvenes ya viven peor que sus padres: tienen peores sueldos y más dificultades para acceder a una vivienda

Examen en la universidad. Europa Press

Hay un elefante en la habitación pero nadie se responsabiliza de él. Es la generación que vivirá —ya lo hace— peor que la de sus padres. Cómo será el asunto que hasta El País se hace eco de una realidad denunciada durante el 15-M pero hurtada del debate público poco después: la capacidad adquisitiva real se ha desplomado en España en las últimas décadas.

El porvenir para los jóvenes se ha complicado en apenas 20 años. Los trabajos precarios, la excesiva movilidad laboral, sueldos insuficientes respecto al precio de la vida, viviendas imposibles y la tasa de desempleo juvenil más alta de Europa dibujan un escenario preocupante para una generación calificada por quienes aprueban las leyes educativas como «la más preparada de la historia».

Un informe de la fundación Afi Emilio Ontiveros («Finanzas de los hogares 2000-2022. Escaso ahorro y mayor brecha generacional») alerta del deterioro profesional: los jóvenes tienen peores sueldos que hace 20 años y más dificultades para acceder a la vivienda. En consecuencia, se marchan más tarde de casa y cuando lo hacen tienen menos renta para afrontar la compra de un inmueble que en el año 2000.

Los precios de la vivienda no paran de crecer —especialmente en las grandes ciudades, donde se concentra cada vez más población— en un mercado cada vez más reducido. Si la demanda sube y la oferta además es escasa, el precio, por tanto, se dispara. Son las reglas del mercado. Sólo el 36% de los menores de 35 años es propietario, frente al 70% de hace 20 años.

Claro que hay un espejismo que refuta todos esos datos. Son los destellos de la revolución tecnológica, el consumismo desaforado y el boom de una hostelería a precios escandinavos. El aparente bienestar material revestido de felicidad de cartón piedra, sin embargo, se desvanece por el peso de datos tangibles: la posibilidad de comprar una casa y tener un trabajo estable es ahora mucho más remota que hace un par de generaciones.

Si el deterioro aún no es visible ante nuestros ojos es gracias, en gran parte, a padres y abuelos, ese ejército de pensionistas que mantiene a flote a tantos hijos y nietos como haga falta. Un tercio de los padres ha ayudado a sus hijos a llegar a fin de mes en el último año. Esto habla muy bien de los vínculos familiares que aún resisten las acometidas de un Estado hostil pero revela el fracaso mayúsculo de un modelo económico que dificulta la emancipación y, en parte, el aumento de la natalidad (aunque aquí también hay factores culturales como el carpe diem que trajo la posmodernidad). 

Por eso conviene viajar a 1982. Entonces el PSOE llegó al poder cabalgando sobre dos grandes mentiras (¡sorpresa!): acabar con el paro y sacar a España de la OTAN. Ninguna se cumplió. En el primer caso no es que fracasara, es que el autodenominado partido de los obreros ha logrado un hito insólito: consolidar la miseria en el tiempo, esto es, que el paro sea estructural.

La segunda promesa incumplida, la salida de la OTAN, vino además acompañada cuatro años después por el ingreso en la Unión Europea, maná de fondos para autopistas e impulso del turismo pero culpable de la destrucción de la industria autóctona, véase el sector primario. 

El fracaso español también se aprecia en relación a cómo le ha ido al resto de países de nuestro entorno. Las rentas de los hogares españoles se han alejado de la media europea en las dos últimas décadas. España sólo ha podido mantener su nivel de renta bruta disponible por persona en términos reales durante lo que llevamos de siglo (17.236 euros en 2022) frente a los 23.648 euros de la media de la zona euro, con quien ha aumentado la brecha, especialmente con países como Alemania y Francia.

Otra de las cosas que muchos de los jóvenes de hoy no tendrán y sí tuvieron sus padres es el coche. Los entusiastas de las restricciones bajo la coartada del cambio climático han consagrado la miseria de la clase media. El Parlamento Europeo aprobó el pasado febrero la prohibición de vender vehículos de combustión, incluidos los de gasolina, diésel e híbridos, a partir de 2035. Votaron a favor la izquierda, los verdes y los liberales. 

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