Las llamadas a cometer atentados islámicos al inicio de 2025 se han multiplicado a través de los diversos canales y redes sociales de grupos yihadistas. Sólo en los últimos dos meses, 12 personas han sido asesinadas y 276 heridas en seis ataques perpetrados en diferentes puntos de Europa, lo que ha puesto en máxima alerta a los servicios de seguridad de varios países.
Alemania ha sido el país más afectado por estos atentados, aunque también se han registrado ataques en Francia y Austria. En España, si bien no se han materializado estas ofensivas, las operaciones antiterroristas han aumentado, especialmente en Cataluña, región identificada como un foco de radicalización islamista.
Uno de los atentados más graves tuvo lugar el 20 de diciembre de 2024 en Magdeburgo, Alemania, cuando un refugiado sirio embistió con un vehículo a una multitud reunida en torno a un mercado navideño. A pesar de que algunos medios intentaron encubrir el ataque atribuyéndolo a un descontento con la política migratoria, las investigaciones demostraron que el agresor había planeado el ataque con antelación. Seis personas murieron y 230 resultaron heridas.
El 22 de enero, un mes después, otro ataque sacudió Alemania. En la ciudad de Aschaffenburg, un solicitante de asilo afgano asesinó a un niño de dos años y a un hombre que intentó protegerlo. Nuevamente, se intentó minimizar el atentado alegando que el agresor tenía problemas psiquiátricos.
El 13 de febrero, en Múnich, otro ciudadano afgano, cuya solicitud de asilo había sido rechazada y estaba en proceso de deportación, llevó a cabo un atropello masivo, matando a tres personas y dejando 37 heridos, muchos en estado crítico. Este ataque reforzó las críticas a las políticas de inmigración y la falta de control sobre individuos con antecedentes radicales.
El 21 de febrero, Berlín también se convirtió en escenario de terror. Un refugiado sirio apuñaló a un turista español en pleno centro de la capital alemana, en lo que se catalogó como un ataque con motivaciones religiosas.
Austria y Francia tampoco han quedado al margen de esta ola de violencia. El 15 de febrero, en Villach, un joven sirio de 23 años, vinculado al Estado Islámico, mató a un adolescente e hirió a cinco personas más con un cuchillo. Sólo una semana más tarde, el 22 de febrero, un argelino en proceso de deportación atacó a varias personas en Mulhouse, Francia, dejando un muerto y tres heridos. Este último atacante no sólo tenía su solicitud de asilo denegada, sino que ya figuraba en un expediente de seguimiento por actividades relacionadas con el terrorismo.
A pesar de la creciente amenaza, algunos sectores intentan minimizar la situación, desviando la atención hacia otros problemas (como la lucha contra la desinformación o la censura a líderes patriotas) y restando importancia al auge del islamismo radical en Europa. Sin embargo, los datos y la frecuencia de los atentados contradicen esta narrativa.