Lo tomo de Catapulta.
Si eso es una casulla, el obispo es un memo. Y si le ha dado por vestirse de tablero de ajedrez, también. Por no hablar de la estupidez de las «danzas litúrgicas» a las que algunos obispos se han aficionado.
El individuo, que ya no es un muchachuelo pues ha cumplido 73 años, es Giovanni Tonucci, arzobispo a títilo personal y delegado pontificio para el santuario de Loreto. Los respetos hay que ganarlos y algunos hacen permanentes oposiciones a que no les tengamos ninguno. Porque ni se respetan a sí mismos.
Pues a esperar a que este bobo con balcones a la calle presente la renuncia el el 4 de diciembre de 2016 y a que se la acepten cuanto antes. Dos años y medio largos para soportar cretinadas