'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
DESTROZA LA TESIS OFICIAL DEL COVID-19

El carismático Jon Stewart hace oficial para los progresistas el origen artificial del virus

El actor estadounidense, Jon Stewart. Europa Press

Jon Stewart es más que una estrella de la televisión en Estados Unidos: es una institución. En su programa nocturno, antes de que le pasara figurativamente el cetro a Stephen Colbert, se dedicaba a dictar con innegable ingenio cuál era la posición progresista en cada asunto. El progre americano sabía, después de reírse con su programa, cuál era la línea de pensamiento autorizada y obligatoria para ser un buen ‘liberal’ (progre).

Y la pasada noche, como invitado en el programa de su amigo Colbert, otro que tal baila, debió de hacer explotar muchas cabezas demócratas cuando se dedicó a destrozar inmisericorde lo que hasta ayer era la tesis oficial del coronavirus, ya saben, la Fábula del Pangolín y el Murciélago.

Es cierto que el propio Fauci admitió públicamente la posibilidad, siquiera lejana, de un origen artificial para el virus. Pero esa era la tesis del aborrecido Trump, mil veces ridiculizada desde todos los ángulos imaginable, y los progresistas seguían aferrados a la línea de que es una conspiranoia racista y xenófoba que solo podía salir de la cabeza del Orange Man. Lo de anoche debió de sonarles a la apostasía de un sumo sacerdote.

Empezó suave, pero acabó robándole el show a Colbert, empeñado en mantener la posición oficial. “Creo que tenemos una gran deuda de gratitud hacia la ciencia”, empezó, correcto, Stewart, respondiendo a una pregunta de Colbert sobre el virus. “De muchas maneras, la ciencia ha contribuido a aliviar el sufrimiento de esta pandemia, que ha sido causada con toda probabilidad por la ciencia».

Colbert, descolocado por ese final, pregunta tentando el terreno: “¿Quieres decir que quizá haya una posibilidad de que se creara en una laboratorio?”

“¿Una posibilidad?”, salta Stewart. Y explota: “¡Oh, Dios mío, hay un nuevo coronavirus respiratorio que se ha adueñado de Wuhan, China! ¿Qué hacemos? Oh, ¿sabes a quién podríamos preguntar? Al nuevo laboratorio de coronavirus respiratorios de Wuhan. La enfermedad tiene el mismo nombre que el laboratorio. Eso es un poco raro, ¿no te parece? Y luego les preguntan a esos científicos, en plan, “¿cómo fue que esto… espera un momento, ustedes trabajan en el laboratorio de coronavirus respiratorios de Wuhan. ¿Cómo ha sucedido esto?. Y ellos se ponen en plan: “Hmmm… ¿que un pangolín le dio un beso a una tortuga?” […] “Quizá un murciélago se metió volando en la cloaca de un pavo y luego… estornudó en mi plato. Y ahora todos tenemos coronavirus”.

Colbert, en ese momento, empezó a hacer intentos tan desesperados como inútiles por recobrar el control de la situación, pero Stewart estaba lanzado. “¡UN MOMENTO, UN MOMENTO! ¿Qué tal esto? Oh, Dios mío, ha estallado un brote de bondad chocolatera cerca de Hershey, Pensilvania. ¿Qué crees que ha podido suceder? No sé, ¿quizá una pala mecánica se apareó con un grano de cacao? O, quizá… ¡ES LA JODIDA FÁBRICA DE CHOCOLATE! No sé, podría ser”.

Y concluye así su encendido monólogo: “¿»Puedo decir algo sobre los científicos? Les amo y hacen una labor estupenda, pero nos van a matar a todos”.

Si quieren ver una sucesión de crisis nerviosas, vale la pena echar un vistazo en Twitter a las reacciones de los progres a semejante ‘traición’. El periodista Stephen Miller (@redsteeze) se lo pone fácil.

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