El juego de las élites: el Año de la Luz de Gas

CREAN MÁS A SUS OJOS

La película ‘Luz de Gas’, de 1944, es una de esas raras creaciones de ficción que se cuelan en el lenguaje y definen un concepto que, aunque haya existido siempre, no tenía una palabra para expresarlo. En inglés ha pasado a convertirse en un verbo bastante usado, ‘gaslighting’.

Basada en una popular obra de teatro, la película trata de un hombre que pretende volver loca a su esposa convenciéndola de que muchas de las cosas que ve no existen en realidad y, a la inversa, que no ve cosas que tiene delante. Eso es “hacer luz de gas”.

Y eso ha sido el año que acabamos de dejar atrás, el Año de la Luz de Gas, el año en que los poderes fácticos, desde todos los ángulos y medios posibles, nos ha venido diciendo que lo que vemos no es real, y que tenemos delante de las narices cosas que no vemos en absoluto.

Es, por ejemplo, el Año de la Pandemia, de la Peste del Siglo XXI, de la que se nos ha dicho absolutamente de todo y su contrario, con una legión de comparsas en los medios riéndose de nosotros, el vulgo, por creernos una cosa y, casi sin interrupción, a una velocidad récord, riéndose igualmente de nosotros, el vulgo, por no creernos eso mismo.

La misteriosa plaga se ha comportado con una fidelidad asombrosa en un patógeno, plegándose obediente en cada momento a las necesidades de los gobiernos, de modo y manera que a usted se le acusaba de genocida en potencia e irresponsable si trataba de celebrar el funeral de su padre -muerto en absoluta soledad-, pero la élite política podía reunirse sin peligro en un lujoso local para cenar en un acto convocado por un célebre editor periodístico; que cualquier acto electoral convocado por Trump presagiaba una oleada de contagios multitudinarios mientras que las marchas de Black Lives Matter o una manifestación feminista estaban exentas de todo peligro; que nadie se contagiaba en las grandes superficies pero cogía irremediablemente el bichito si iba a misa o al bar.

En Wuhan, epicentro de este seismo planetario, celebraron en la calle una despedida de año como las de la Plaza Mayor en mi juventud, solo que con chinos, mientras Times Square, la plaza neoyorquina que abarrotan todos los fines de año los celebrantes, se veía ominosamente vacía a media noche del 31 de diciembre.

O el Gran Reinicio. Que es un plan maravilloso para construir un futuro luminoso, inclusivo y sostenible si se lo están vendiendo, o una absurda teoría de la conspiración si usted lo repite en redes con alguna aprensión. Hemos tenido un anuncio en vídeo, muy viral, sobre el Gran Reinicio lanzado por el Foro Económico Mundial, cuyo presidente, Klaus Schwab -que parece y suena como un perfecto Stavro Bloefeld sobreactuado de una peli de James Bond-, presidente del mencionado foro, publica un libro sobre el Gran Reinicio con ese mismo título, donde detalla lo que nos preparan y explica la magnífica oportunidad de aplicarlo que ha supuesto la pandemia y hasta la revista más conocida del mundo, TIME, abre con ese mismo Gran Reinicio. Y luego encuentra un artículo del New York Times ‘desmontando’ esa absurda teoría de la conspiración que llaman Gran Reinicio.

A veces he tenido la sensación de que las élites están jugando con nosotros, haciéndonos al mundo entero protagonista de un programa de cámara oculta

Y la guinda, por supuesto, son las elecciones norteamericanas, en las que Trump va arrasando en los estados en disputa, se para todo misteriosamente y, cuando vuelve el recuento, los votos son casi todos para Biden que, sorprendentemente, acaba ganando.

Los ‘trumpistas’ han compilado tantas pruebas de fraude como es posible en un fenómeno tan multitudinario y disperso como es una elección presidencial en un país como Estados Unidos. Han presentado centenares de declaraciones juradas, se ha probado cómo pueden manipularse las máquinas de votación, se han expuesto imposibilidades matemáticas y estadísticas, se han expuesto casos de más votos que votantes en algunas circunscripciones.

En vano. Los medios ignoran por completo las evidencias en lugar de refutarlas, y todo el mundo actúa como si los demócratas hubieran ganado del modo más limpio y evidente. Se dice a menudo que el equipo de Trump ha perdido hasta ahora todos los casos judiciales que ha presentado, aunque es rigurosamente falso: los tribunales, simplemente, se han negado hasta la fecha a tocar las demandas ni con un palo.

No sé, a veces he tenido la sensación de que las élites están jugando con nosotros, haciéndonos al mundo entero protagonista de un programa de cámara oculta y que, al final, nos pasarán la película para que nos echemos todos unas risas. Pero como no es una explicación muy plausible, les sugiero que crean un poco menos a los medios y un poco más a sus ojos y su sentido común.

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