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López Obrador afianza su poder de cara a las presidenciales de 2024 repartiendo embajadas a opositores

También les concede responsabilidades en el gobierno federal
El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. Reuters

Andrés Manuel López Obrador es todo un animal político. Ha sabido construir puentes con algunos opositores, en especial con gobernadores que al final de sus administraciones están a un paso de integrarse a la llamada “Cuarta Transformación”.

Esto ha generado una gran polémica en México, ya que los primeros años el movimiento del mandatario se había mostrado cerrado a permitir la colaboración de todo aquel que no compartiera sus ideas socialistas, salvo contadas excepciones de algunos exmilitantes del Partido Acción Nacional (PAN) o del Partido revolucionario Institucional (PRI).

Pero ahora la estrategia del tabasqueño va mucho más lejos; esto con claras miras a hacerse del control de amplios sectores de la oposición en varios estados de la República, para fortalecer su movimiento de cara a las elecciones presidenciales de 2024.

No parece casual que justamente podría nombrar como embajadores o integrar a su gabinete a gobernadores de oposición en cuyos estados acaba de ganar el partido oficial, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), y no los partidos de oposición que gobernaban en tales lugares.

Traducción: pareciera que López está premiando a ciertos opositores que le podrían haber ayudado a Morena a ganar las elecciones de este año; eso a cambio, quizá, de nombramientos importantes previamente acordados. Esto significaría una traición directa a los partidos de oposición en donde estos dirigentes militaban.

“Sí, van a participar servidores públicos, exgobernadores, en nuestro gobierno. En unos días más voy a dar a conocer que van a representar a México en embajadas y consulados. Ex gobernadores y dirigentes de distintos partidos y también ciudadanos sin partido y van a seguir ayudando”, confirmó López Obrador en su conferencia esta semana.

Entre los gobernadores que podrían ser nombrados al frente de alguna responsabilidad del gobierno federal estarían el todavía gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz, y el gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo.

El senador Rubén Rocha Moya contendió en las elecciones de este año por la gubernatura de Sinaloa, como candidato de Morena, ganando con un total de 624,225 votos (lo que representó el 56.60% del total).

Quirino Ordaz es militante del PRI, cuyo partido perdió el estado en esos comicios ante Morena, y ahora ser iría de embajador a España.

Algunos opositores se han preguntado si “entregar” los estados de la República a Morena es el mejor método para obtener una recompensa personal para los gobernadores salientes.

El estado de Guerrero estaba siendo gobernado por el PRI y -del mismo modo que en Sinaloa- se perdieron las elecciones ante Morena. Allí gobernará Evelyn Salgado, la hija del polémico Félix Salgado Macedonio, quien al tener en su momento muchos problemas para ser candidato -pero contando con el respaldo incondicional de López Obrador- promovió el ascenso de Evelyn.

Claudia Pavlovich fue gobernadora de Sonora -emanada del PRI- hasta hace unas semanas. En su estado ganó las elecciones Alfonso Durazo -por Morena-, quien venía del gobierno federal, donde se desempeñó como autoridad de seguridad pública federal. Ella podría también ser invitada a formar parte del gobierno de la “cuarta transformación”.

Otro caso posible es el de Antonio Echevarría, ex gobernador de Nayarit por el PAN, en donde ganó en junio la gubernatura el ex senador Miguel Ángel Navarro, de  Morena. López Obrador ha declarado que integrará a Echevarría al gobierno federal.

Otros mandatarios que López Obrador podría incluir en su gobierno son los panistas Mauricio Vila, de Yucatán y Carlos Joaquín Gonzáles, de Quintana Roo.

AMLO ha dicho que con la integración de ex gobernadores y otros funcionarios de oposición no busca dividir a sus adversarios que conformaron la alianza opositora del PAN-PRI-PRD en las elecciones presidenciales de 2018.

Pero lo que no ha dicho es que, finalmente, quienes se sumen a su gobierno, sí aceptan implícitamente su ideología socialista. No basta con ser “honestos” y tener “deseos de servir”, como ha sugerido.  

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